Nuevas marcas de cantería en Madrid: historia escondida para los ojos más atentos

Sol tallado en una loseta de granito al inicio de la calle Alcalá | SOMOS MALASAÑA

Hace siglos, los canteros de la Sierra de Madrid dejaban su impronta en los edificios que se construían en la región con sus piedras. Dibujaban con el cincel unas marcas simbólicas en los bloques con los que se levantaban las construcciones. Lo hicieron sobre todo durante la Edad Media, cuando se organizaban por gremios y había que distinguir los trabajos de unos y otros, pero con el tiempo la costumbre cayó en desuso. Hasta hace unos pocos años, cuando los arquitectos de la capital decidieron recuperarla para las nuevas obras de la ciudad, adaptándola y dotándola de otro significado.

Hoy, pocos viandantes se fijan que, al entrar en la Puerta del Sol desde la calle Alcalá, el astro rey está cincelado en una losa de granito, dando la bienvenida a los que por allí entran. O que delante del Primark de Gran Vía a la estatua de Diana Cazadora que tiene enfrente se le han caído dos flechas en el suelo. Son detalles arquitectónicos que han sido incluidos en los proyectos y que hasta ahora no se habían hechos públicos, pese a que están a la vista de cualquiera.

"Hacen referencia a la memoria de esos sitios, a comercios que han desaparecido o a edificios emblemáticos existentes de especial valor patrimonial en la historia de la ciudad", aclaran desde el Ayuntamiento a Somos Malasaña. Los últimos en llegar fueron los de la reforma de la calle Amaniel acabada en enero, donde los canteros dibujaron el bajorrelieve de un gato junto a su zona de escaleras (referencia al nombre popular con el que se conoce a los madrileños) y también una Cruz de Santiago al lado de la entrada al Convento de las Comendadoras.

Los técnicos municipales llevan varios años dejando estos regalos discretos en los pavimentos o en el mobiliario de algunas calles y plazas, detalles escondidos en diferentes reformas del espacio público acabadas o en marcha, como la de la calle Alcalá alrededor de Canalejas, donde se ha colocado el citado sol y también, en la acera de enfrente, una referencia en el suelo al relieve La Vida Económica del escultor Frederic Marés, situado en el número 10 de la calle Alcalá, en la futura entrada a la Galería Canalejas.

Más arriba, camino de Cibeles, otra losa de granito tiene cincelada la Cruz de Calatrava frente a una de las puertas de la Iglesia de las Calatravas, en Alcalá 25.

Para seguir el recorrido de las nuevas marcas de cantería hay que volver a Sol y ver los detalles que dejó la reforma de Carretas, donde se aprovechó para recordar en el suelo, con grandes letras de bronce -con el tamaño que tenían en el cartel original- el lugar en el que se levantó el Café y Botillería de Pombo (Calle Carretas, 4).

Subiendo hacia La Latina, en la calle Magdalena está una de las marcas más simpáticas, la losa de granito grabada con una cámara de cine antigua frente a la portada de la Filmoteca Española (Calle Magdalena, 10).

Andando por esta calle y siguiendo el recorrido reformado recientemente, en el que se ensancharon las aceras de vías como Duque de Alba o San Millán, el viandante llega a la Plaza de la Cebada, donde le saluda un ramillete de este cereal, dibujado en piedra caliza en un lugar donde antes aparcaban los coches. Pasando al otro lado de la carretera, junto al Teatro de la Latina, una considerable losa de granito recuerda su centenario (1919-2019).

Volviendo hacia el norte, la reforma de Gran Vía dejó también una marca de cantería en forma de marcas de flecha en el suelo, sobre la acera de su número 32. Con ella, los arquitectos querían "representar el diálogo entre Diana Cazadora y el Ave Fénix, dos esculturas que se encuentran en la coronación de dos edificios enfrentados", explican fuentes del área de Obras y Equipamientos. Y obligar a mirar hacia arriba a los viandantes que descubran abajo este detalle.

Algunos de los nuevos bancos de piedra que han llegado en los últimos años a Madrid también esconden bajorrelieves, como el de este gato estirándose frente al número 16 de la calle Augusto Figueroa.

El último detalle escondido está donde se encontraba la antigua Fuente de los Galápagos de Ventura Rodríguez, en la esquina de Hortaleza con Santa Brígida. Allí, dos bajorrelieves de tortugas recuerdan el lugar en el que estaba el surtidor y que ahora ocupa otro con dos peces de estilo clásico.

Las nuevas marcas de cantería que está dejando por la ciudad los arquitectos del Ayuntamiento no son las primeras referencias al pasado que guarda el suelo de Madrid. Hace años, en la reforma de la Plaza de Isabel II, en Ópera, ya se ensayó con este tipo de estrategias para marcar el lugar en el que estuvo la histórica fuente de Caños del Peral, que se conserva en el subsuelo y de la que se puede ver el trazado -representado en bronce- de esta infraestructura.

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