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Un cuento de Navidad para los hijos de personas sin hogar

Tres hombres que viven en las calles de Bilbao se han acercado a sus hijos en estas fechas gracias a la intervención del ‘nieto del Olentzero’

Dos niños y una niña han recibido una grabación con un cuento narrado por sus padres, con los que no tienen relación por las duras circunstancias que viven

El activista Iñigo Iraultza pretende así “unir personas que no pueden estar juntas en momentos tan sensibles como la Navidad”

Dibujos regalados por un niño a su padre, que vive en la calle

Dibujos regalados por un niño a su padre, que vive en la calle

Aunque el Olentzero ya había repartido sus regalos en Nochebuena, algunos regalos “especiales” habían quedado pendientes. Así que el ‘nieto del Olentzero’, el activista Iñigo Iraultza, se puso manos a la obra para “unir personas que no pueden estar juntas en momentos tan sensibles como la Navidad”.

Su misión era poner en contacto a personas que, “por circunstancias de la vida” se han visto obligadas a vivir en la calle, con sus hijos, con los que hace un tiempo no tienen ningún contacto.

“Estas personas no se atreven a acercarse a sus hijos, no quieren que los vean así”, comenta Iñigo Iraultza, “pero tienen su familia y sus propios sentimientos”. Tras varias conversaciones con personas que viven en las calles de Bilbao, el ‘nieto del Olentzero’ encontró a tres hombres dispuestos a ponerse en contacto con sus hijos. Los tres rondan los 50 años, y en los últimos dos años se han visto atropellados por diferentes desgracias que les han llevado a perder su hogar y a su familia. Ahora sobreviven refugiándose bajo un puente o en un cajero. Son tres de tantas historias que habitan nuestras calles.

Iraultza les dio una grabadora y algunos cuentos infantiles. “Los padres leyeron esos cuentos, alguno literalmente, otro se lo invento… Les contaban cosas… Fue un momento muy íntimo para ellos”, rememora con cariño. Con este material, llegaba la segunda parte de esta misión: llevar estas grabaciones a dos niños y una niña de entre 5 y 6 años que viven con otros familiares.  “La clave para llegar a ellos es entrar en el mundo del niño”, desvela el activista, “les decía: soy el nieto del Olentzero y me he encontrado a tu padre que te quiere dar un regalo”. La respuesta en los tres casos fue positiva, uno de los niños incluso le entregó dos dibujos para que se los llevara a su padre.

“Todo el proceso ha sido muy emocionante, para los adultos ha sido un impulso para tener un momento íntimo con lo que más quieren. Para los niños ha sido un acercamiento para saber que su padre está ahí…”, explica el activista.

Y para el ‘nieto del Olentzero’, acostumbrado a viajar por el mundo, -ha estado en Mauritania, Filipinas o Centroamérica, llevando a mensajes a familiares de inmigrantes-, ha sido una oportunidad para demostrar que “sin ir muy lejos hay muchas historias impresionantes y dolorosas que no conocemos”.

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