Una sociedad domesticada para tiempos convulsos

Imagen de archivo del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez y la ministra de Defensa, Margarita Robles.

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Estos días festivos abrí, para expurgar, una de esas cajas de la memoria donde se guardan recortes de periódicos que un día despertaron algún interés. El papel ocupa ya demasiado espacio. Y allí saltaron con toda evidencia los cambios experimentados por esta sociedad, a la que han domesticado hasta límites insospechados, con el periodismo como gran conductor de ese viaje a la conformidad y a algunas rebeldías erráticas. El periodismo o el conjunto de mensajes mediáticos. Trazos aleatorios de una lección que emerge de la caja como pidiendo que la mires, significativa en su esencia.

“El Tribunal de Cuentas critica las privatizaciones en la etapa del PP”, publicaba El País en 2005. Las irregularidades se produjeron entre 1996 –nada más llegar Aznar al Gobierno- y 2002 –terminada la operación principal-. Según el informe, el precio por el que el gobierno del PP vendió parte o la totalidad de Red Eléctrica Española, Aceralia, Iberia, Minas de Almagrera y Productos Tubulares fue “sensiblemente inferior” al establecido en valoraciones independientes. No acababan ahí las anomalías, como pueden ver en el texto que aún se conserva tal cual.

“¿Quién es responsable de la burbuja inmobiliaria? Los gobiernos del PP y el PSOE han fallado en un asunto crucial: preservar a los ciudadanos de desmanes económicos que se llevan por delante sus ahorros, su empleo y su prosperidad”, reportaje de 2009.

¿Por qué la UE está a la cola del crecimiento mundial? Lo explicaba el periodista y economista Andrés Villena en la web… de Telecinco. Sí, de Telecinco. En 2010. Creo que es un punto de inflexión de los más notables. 

“El mayor desmán financiero de nuestra historia”. Las Cajas. “La entrega de la mitad, ¡la mitad!, del sistema financiero español, a precios de saldo y desguace, a bancos, inversores privados y ”fondos buitres“, firmaba Antón Costas, catedrático de Política Económica en enero de 2011.

“Más de la mitad de la deuda pública están en manos de inversores extranjeros”. 2011: había entrado en nuestra vida la palabra crisis. Y el euro y la deuda pública habían sufrido aquel ataque especulativo con el que el sistema quería resarcirse de su crack de 2008. Los países del sur de Europa fueron los más castigados con el eufemismo de la austeridad.

Rebelión contra el copago en Italia, el “ajuste sanitario”. Sí, era el traspaso de la milmillonaria factura a los ciudadanos. A pagar en salud incluso. Cuando en 2012 empezó a gobernar Rajoy en España, el tajo a la sanidad con Ana Mato de ejecutora fue histórico. Las Aguirre de turno ya operaban a saco en sus distritos.

El hartazgo había estallado poco antes. Bajo gobierno de Zapatero (PSOE). Dirigido a “políticos y banqueros” para decirles que “no éramos mercancía” en sus manos, casi blandiendo rosas. Tan listos, tan educados. El 15M en España, tras las primaveras árabes, disparando centenares de protestas en todo el mundo. Aprendimos todos mucho. De errores, procedimientos y soluciones. Un tercio como poco salió con un máster en economía de la buena, la social, la que enseñó el profesor José Luis Sampedro.

Ellos también aprendieron. Los indignados, tan majos, eran un incordio. Rajoy, con mayoría absoluta en todo –la gente cuando se harta mira al parecer en corto- implementó una ley mordaza aún vigente, le dio hachazos inmisericordes a la sanidad pública, a la investigación hasta dejar al CSIC exhausto y cumplió con creces la recomendación del FMI: una reforma laboral “más valiente” -le pedían- que rebaje el coste del despido. Portugal mermaba hasta las pensiones y Grecia lograba “un nuevo balón de oxígeno” con los ajustes, según leo. ¿De oxígeno?

La perfecta remodelación, entretanto, siguió en España con Rajoy. Wert se ocupó de hacer una “Contrarreforma neofranquista” de la Educación. ¿No saben dónde estaba metido Vox entonces? Y, por si faltara poco, Ruiz Gallardón se trabajó el armazón legal del proyecto. El PP modificó también la elección, composición y funciones del Consejo General del Poder Judicial a su medida. Corría el año 2013. Hoy sigue al mando el mismo equipo -a salvo de algún ajuste- que lleva casi tres años y medio caducado. El escenario se completaba para desarrollar lo que hiciera falta. Sin grandes trabas en el bipartidismo reinante. Hoy por ti, mañana por mí.

Se informó. Todo se iba contando entre algunas marañas, mucho menores que ahora. Hasta en libros con las deficiencias del sistema y reformas viables. Si lo comparamos con ese museo de los horrores de muchas portadas actuales, el cambio es relevante. Había más. “Correa guardaba documentos de la boda de Agag y de una visita del Papa”, la corrupción latente que guía tantos pasos de este país. La banda ancha en España era un 37% más cara que en la UE (pese a cómo engañaban las promociones). Los sueldos, los más bajos de la UE de los 15 con los colegas habituales: Grecia y Portugal. Y el paro récord absoluto en el podio. Todo avisó.

En el mundo las cosas se movían también en direcciones precisas. La rebelión del Tea Party compromete la unidad y el futuro del Partido Republicano en EEUU, leo. Y vaya si lo hizo. 2011. Ahora, el espíritu ultra compromete el mundo entero a través de distintos focos neofascistas.

Se publicó. Avisó sobre cómo se iba tejiendo la madeja. ¿Recuerdan a Paul Farrell, el analista de “The Wall Street Journal” que sentenció: “Si los ricos no pagan impuestos, se enfrentarán a una revolución”? Ay. En el Madrid paraíso fiscal de los millonarios, hasta pobres de solemnidad aplauden con las orejas a la autora de esa profunda arbitrariedad.

“El bulo se convierte en el quinto poder”. 2011, ya. Trump mentía y mentía, ya. ¿Puede la democracia acabar siendo rehén de políticos y periodistas sin escrúpulos? se preguntaba José María Ridao. Sí, así ha sido. Hubo una oportunidad. ¿La sigue habiendo?

Guardar datos es útil porque en el disco duro de la memoria humana no cabe tanto como intentamos meter. Lo cierto es que aquel camino conducía hasta aquí. A este mayo de 2022, por ejemplo que construye su destino cada vez más al margen de la gente. Esa sociedad domesticada tan oportuna a los tejemanejes del presente. Cabe preguntarse, de seguir esta senda, hasta dónde llegaremos.

España parece infectada por la manipulación y un aterrador nivel de trampas y asalto a derechos fundamentales. Huelen mal. En particular al odio y corrupción que esconden. Los teléfonos de Sánchez y Robles han sido infectados con Pegasus. También los del entorno independentista por decenas y decenas e iremos viendo cuántos más. Ahora ya estamos todos nadando en un mar de contradicciones pero con el agua al cuello. Ha ocurrido en otros países. Aquí se ha contado. ¿Todo?

Es como una novela negra en la que el muerto está de cuerpo presente y todos y cada uno de los sospechosos pueden ser los autores o haberlo matado entre todos. O es un “y nosotros también” en cortina de humo o hay un complot internacional o nacional externo a las instituciones como tales. O la trama no solo es externa sino internacional. O hay conflictos mal resueltos que dejan resquemores. O zancadillas. O hay demasiado que tapar para buscar realmente a los culpables y es mejor recurrir al tópico chivo expiatorio. O todos o en parte, juntos para nunca saber la verdad. Delictivo, es. Temible por cuanto implica. Con cómplices en el llamado Estado Profundo –en absoluto descartable-, una trama criminal infiltrada en estamentos fundamentales si habláramos con propiedad. Sin escrúpulos. A por todas. Un ataque a la democracia blindado en secretos que urge atajar. Los errores previos no deben entorpecer la mano firme. Y rechazar una Comisión del Congreso votando con las tres derechas, dejarlo para la Comisión de Secretos a puerta cerrada, chirría un tanto. Siempre se interponen las dichosas mochilas que obstruyen el paso.

Ah, si al menos la información funcionara. Masivamente, sin tantas excepciones fraudulentas. Sin hablar antes de saber, hablando para equivocar. Y la política. No sirve el cliché habitual: está bien espiar a catalanes, si es Sánchez el espiado la culpa es suya. Pero por debajo, mejor nos tapamos juntos. Si ciudadanos responsables se ocuparan de su vida y la de otros, de su vida al menos. No es esto, compañeros. Hay que analizar y canalizar hasta la rabia. Los cabezazos contra el muro ni calman, ni lo derriban, recuerden.

Lo peor es que como resume con acierto el jurista Miguel Pasquau Liaño “las últimas noticias sobre Pegasus sugieren que el poder hace tiempo que se escapó de los Estados, y que la democracia es sólo una variable de ajuste”. Y la caja de la memoria grita avisando de que hoy se traza el futuro. Con estos preocupantes mimbres.

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