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Opinión – No, no ha lugar, por Esther Palomera

Sánchez dobla la apuesta en Catalunya: prescinde de Illa en plena tercera ola y se volcará en la campaña

Pedro Sánchez junto a Salvador Illa en su último acto oficial juntos.

Pese a las alarmantes cifras de contagios y muertes que empeoran con cada balance del Ministerio de Sanidad, el presidente, Pedro Sánchez, y su equipo confían en que la curva será doblegada y tratan de recuperar la hoja de ruta que tenía el Gobierno antes de que la peor pandemia en un siglo trastocase los planes de la coalición y de buena parte del planeta. Si no hubiese irrumpido un virus que ha contagiado a 100 millones de personas en todo el mundo y que cuenta por decenas de miles los muertos en España, las elecciones catalanas serían uno de los hitos de la legislatura. Y aunque ahora todo es coronavirus e incluso se prevén miembros de las mesas electorales ataviados con trajes EPI a la hora en que voten los colectivos de mayor riesgo, Sánchez ha doblado la apuesta para esa cita con las urnas. Solo así se puede entender que haya prescindido en plena tercera ola del ministro de Sanidad, Salvador Illa, que se ha convertido en la diana del resto de partidos, incluidos sus socios de Gobierno, Unidas Podemos, y los aliados parlamentarios, especialmente ERC, con quien los socialistas pugnan por la primera posición, según la mayoría de sondeos. El presidente marcó el camino durante su comparecencia para anunciar el "ajuste mínimo" que se ha visto obligado a hacer en el gabinete para cubrir la vacante que deja el candidato del PSC: "Durante 2020 estuvimos al frente de la emergencia sanitaria. Ahora, en 2021, estamos al frente de la estrategia de vacunación y también de recuperación económica y social, en definitiva de superación de esta pandemia".

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Apenas media hora después de esas palabras llegó el mazazo diario en forma de balance del Ministerio de Sanidad arrojaba la mayor cifra de fallecidos registrada en un día desde la primera ola –591– y 36.435 contagios y una incidencia acumulada que roza los 900 casos por cada 100.000 habitantes, más del triple de la línea del riesgo extremo definido por las autoridades sanitarias.

Sánchez evitó cualquier alusión a la preocupante evolución de la pandemia más allá de advertir que su Gobierno "va a continuar atendiendo con la máxima prioridad la emergencia sanitaria, económica y social como consecuencia de la COVID–19". El presidente insistió en el horizonte de salida de la pandemia y dejó claro que el Ejecutivo sigue la hoja de ruta de la recuperación y modernización del país: "El Gobierno seguirá trabajando, con humildad, con dedicación, en una única dirección, que es continuar el rumbo hacia España que los españoles se merecen y la que todos queremos".

El objetivo de Sánchez es que el este año sea el de la "recuperación" para lo que cuenta con los fondos europeos, unos presupuestos aprobados con cierta holgura y sobre todo la esperanza de que el proceso de vacunación adquiera una "velocidad de crucero" que permita la inmunización de la sociedad española en el verano, con un 70% de la población vacunada. Y, a partir de ahí, entrar en una nueva fase, para la que el PSOE ha fijado incluso el 40º Congreso del partido, que en las filas socialistas confían en que sirva como espaldarazo para el presidente y el primer gran evento político de la superación de la pandemia.

Esa es la estrategia sobre el papel y en ella figuraba en rojo entre los objetivos de la legislatura Catalunya. A la espera de unos resultados que se anticipan muy inciertos, el 'efecto Illa' ha abierto un nuevo escenario al situar a los socialistas por primera vez en muchos años con opciones de gobernar la comunidad. Sánchez asumió el riesgo del desgaste de un cabeza de cartel que ha permanecido desde que se anunció su cartel electoral en la cartera más sensible del Ejecutivo con un grave empeoramiento de los datos tras la relajación durante las fiestas navideñas y todos los partidos en contra, incluidos los socios de Unidas Podemos. La apuesta por Illa y la implicación de Sánchez ha tensado las relaciones con ERC, un aliado imprescindible para la coalición en el Congreso, que aspiraba a presidir la Generalitat y que ahora se ve peleando en las encuestas con el candidato de Sánchez, al que contribuyó a hacer presidente. Las relaciones entre socialistas y republicanos en el Congreso dependerá en gran medida del equilibrio de fuerzas que dejen las urnas.

Catalunya, todo o nada

La apuesta de Sánchez es arriesgada. Sánchez y los socialistas se juegan mucho en los comicios catalanes, que se habían resistido a aplazar, tal y como decidió el Govern (hasta que los jueces corrigieron la suspensión). El presidente del Gobierno se volcará con cinco actos en la campaña en la que también desfilarán varios ministros socialistas. Si no logra ser presidente, Illa puede pasar de ser el "extraordinario ministro" que reivindicaba el PSOE a liderar la oposición en Catalunya –el PSC logrará al menos revertir la tendencia al descenso de la última década y recuperar el liderazgo de las fuerzas no independentistas tras el sorpaso de Ciudadanos en 2017–.

Una vez que pasen los comicios, Sánchez tendrá, además, que retomar la 'agenda del reencuentro' con Catalunya en el caso de que el Govern siga en manos de las fuerzas independentistas. Y para eso tendrá a Illa en el Parlament y a Miquel Iceta al frente del Ministerio de Política Territorial, el departamento que se encarga de las relaciones con las comunidades autónomas. Sánchez de paso coloca en el Consejo de Ministros a un dirigente fiel y con peso político en un momento en el que Pablo Iglesias acumula varios pulsos son los socialistas, que han tensado a un sector del partido.

A pesar de las nefastas cifras que deja la pandemia en las últimas semanas, el argumento de Moncloa para justificar la idoneidad de la salida del ministro de Sanidad en plena tercera ola es que la gestión de la pandemia estaba encarrilada al haber comenzado el proceso de vacunación y que además la sustituta, Carolina Darias, no llega de nuevas al Ministerio, sino que ha estado presente en las reuniones con las comunidades autónomas como ministra de Política Territorial. Y ese mensaje lo deslizó el presidente en el anuncio de los cambios en el gabinete. El mantra de Sánchez es que mientras 2020 fue el año de la pandemia –"de la gran calamidad"– 2021 es el de la "recuperación" en buena medida por el horizonte de esperanza que abre el fármaco contra el coronavirus.

Mismo guion en Sanidad

Carolina Darias recibe como herencia al frente de Sanidad una tercera ola disparada –aunque en el Gobierno sostienen que el pico ya se ha alcanzado y que la curva comenzará a descender–, pero su elección no ha sido aleatoria precisamente para evitar un aluvión de críticas. "Ha compartido con Salvador Illa el día a día de la gestión de la pandemia, en primera línea del equipo frente al virus, presente tanto en el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud como también en las Comisiones internas que desde el Gobierno de España hemos venido celebrando durante estos largos meses de pandemia. Conociendo, además, no solo a los responsables sanitarios de todas y cada una de las comunidades sino también a sus presidentes por su condición de ministra de Política Territorial y Función Pública", expuso Sánchez.

El mensaje del Gobierno es que Darias puede asumir la lucha contra el coronavirus desde el minuto siguiente a recibir la cartera de manos de Illa porque ya ha estado, en la práctica, en la gestión. De hecho, fuentes gubernamentales aseguran que no habrá un cambio radical en los equipos de los nuevos ministros más allá de los jefes de gabinete y de prensa. Al menos al principio los técnicos y escalafones políticos inferiores –como secretarios de Estado– no se tocarán. La imagen será de continuismo pero tampoco se espera un cambio en el timón de la actuación del Ministerio de Sanidad.

A pesar de que numerosos expertos sanitarios –y comunidades autónomas– reclaman un endurecimiento de las medidas, no habrá un cambio en el asesoramiento del Gobierno por lo que, en principio, nada apunta a un giro del guion. Preguntado por si consideraba que su sucesor decretaría medidas como un confinamiento domiciliario, Illa lo descartó en su despedida y se mostró convencido de que con las actuales herramientas que permite el estado de alarma vigente hasta mayo será suficiente. Ese ha sido el argumentario en las últimas semanas del ministro saliente, que contaba con el asentimiento de la próxima responsable de Sanidad.

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Publicado el
26 de enero de 2021 - 22:41 h

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