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La crónica del movimiento LGBTIQ en Guatemala desde la represión de la guerra

La crónica del movimiento LGBTIQ en Guatemala desde la represión de la guerra

EFE

Guatemala —

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“En la época del conflicto armado (...) los militares nos perseguían. Nos golpeaban. Llegábamos a la cárcel. Nos cortaban el pelo”. Con este crudo testimonio empieza la crónica del movimiento LGBTIQ en Guatemala, al margen de la historia oficial hasta este martes cuando ve la luz por primera vez en un documental.

Esta historia, rica en sus actores y en sus perspectivas con miradas únicas, recuerda a Mario Andrade, una de las primeras personas en atender a las víctimas de Sida y que desde la Asociación de Prevención y Ayuda a Enfermos de esa dolencia sentó las bases para el posterior trabajo de distintas organizaciones en la atención integral y prevención del VIH.

“Raíces: Historia del Movimiento LGBTIQ en Guatemala” ofrece un recorrido histórico por los momentos claves que han forjado el movimiento por los derechos de este colectivo en el país a través de la narración de sus propios actores, que cuentan sus vivencias y experiencias para generar un primer acercamiento para la preservación de la memoria histórica del movimiento por la diversidad.

Y es así como se centra en la formación de la casa de la cultura, que se convirtió en la Organización de Apoyo a una Sexualidad Integral frente al Sida (Oasis), hoy una de las organizaciones más reconocidas de la defensa de los derechos de las lesbianas, gais, bisexuales, transgéneros, intersexuales y “queer” (LGBTIQ).

Así lo narran las visiones de algunos de sus miembros fundadores, como Rubén Mayorga y el fotógrafo Daniel Hernández Salazar, pero también la de su actual director, Jorge López Sologaistoa.

Pero uno de los momentos determinantes de la historia ocurre cuando la población LGBTIQ se une, de manera espontánea, para conmemorar el asesinato de María Conchita, una mujer trans que intentó unir a dos poblaciones: los hombres gais y las mujeres trans.

Conchita ejercía el trabajo sexual en la quinta avenida de la zona 1 de la capital. Ahí la mataron en octubre de 1997. Su fallecimiento removió los corazones de sus compañeros: unos ahogados por el miedo de salir a protestar y otros revolucionados contra el silencio y la represión.

Tras una misa fúnebre en su honor, una caminata en dirección al lugar de su asesinato fue bautizada por el periódico local Siglo21 como la “primera marcha gay” de Guatemala. Protestaban por la continua violencia. Fue difícil, pero la gente empezó a tener conciencia sobre sus derechos y a unirse para luchar contra una misma causa: la igualdad.

Y ahí aparecen otros nombres como el de Claudia Acevedo, creadora de espacios para que las mujeres de la diversidad pudieran plantear un proyecto político más ambicioso y transformador a través de Mujeres Somos y luego en Lesbianas Liberadas (Lesbiradas), o Aldo Dávila, hoy electo como diputado al Congreso, que recuerda cómo surgió la Asociación Gente Positiva.

Una investigación en el Archivo Histórico de la Policía Nacional (AHPN) demostró, por ejemplo, que la extinta Policía Nacional criminalizó, humilló y detuvo ilegalmente a homosexuales y personas trans solo por su apariencia física durante las tres décadas del conflicto armado interno.

“Mis amigos eran arrestados por estar en una discoteca. Y lo aceptábamos. Era nuestra culpa por ser quiénes éramos”, recuerda César Galindo-Arandi, defensor de derechos humanos y director de la Asociación Colectivo Amigos contra el Sida (CAS). Aunque cree que muchas cosas han cambiado, muestra su fe y su esperanza de que esa transformación continúe.

El director de Oasis, Jorge López, denunció en mayo pasado, en el Día Internacional contra la Homofobia, Transfobia y la Bifobia, que pese a que desde hace 29 años la Organización Mundial de la Salud (OMS) dijo que la homosexualidad no es una enfermedad siguen siendo atacados en Guatemala.

Solo en 2018 fueron asesinados en el país centroamericano 22 integrantes de la población LGBTIQ y en lo que va del 2019 suman 17 muertes, unos datos por los que pidió el “alto a estos crímenes de odio”, asesinatos que se deben a que el Estado “no ha asumido su responsabilidad de garantizarles sus derechos”.

Para vencer la violencia del pasado y del presente, como dicen sus protagonistas, es necesario vencer el egoísmo, el machismo, la falta de respeto y el sistema patriarcal y de clases que siguen dominando la sociedad guatemalteca.

Y para ello, como dice la diputada Sandra Morán, la primera congresista abiertamente gay en Guatemala, es necesario “un movimiento más integrado, un movimiento más presente”. “Un movimiento más movimiento”.

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