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Por los aires

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Los manifestantes por la investidura se concentran ante el Parlament al abrirse la Ciutadella

Las últimas decisiones del juez Llarena sitúan a Catalunya (y posiblemente a España) en un auténtico atolladero, un callejón sin salida de consecuencias muy difíciles de prever. La Generalitat está en manos del PP –sexto partido del Parlament, actualmente en el grupo mixto- mientras que el Parlament está bloqueado porque hoy existe una mayoría soberanista que no es operativa, porque sus integrantes no están de acuerdo en casi nada, excepto el objetivo final, cada vez más difuso. Los únicos partidarios de una tercera vía pactada –Podemos y su franquicia catalana, Catalunya en Comú- tienen sombrías perspectivas electorales.

La política española se está enroncando en una carrera desbocada del PP y Ciudadanos para ver quien tiene más músculo patriótico, lo que al parecer no pasa por mejorar la vida de los españoles, sino por exhibir más fobia anticatalana, más autoritarismo y menos respeto a los derechos civiles. Mientras tanto, el gobierno español sigue sin presupuestos, la arbitrariedad del poder judicial escandaliza a medio mundo (incluída la ONU, desde ayer), y se ensancha el abismo emocional entre una gran parte de la población catalana –no sólo independentista- y las instituciones de la democracia española.

El independentismo catalán demostró bisoñez y falta de cálculo en los acontecimientos de octubre. En diciembre recibió el inesperado premio de una nueva mayoría absoluta, que ha gestionada con enorme impericia, en parte por la ausencia de liderazgos fuertes y la presión de los jueces. Pero todo esto no faculta al Estado para imponer a Catalunya un estado de excepción y un ambiente de represión generalizada que quita argumentos a los partidarios de una solución negociada, que son bastantes, a pesar de que desde Madrid no ha llegado un sólo mensaje que permita pensar con optimismo.

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De cómo el 3% del crecimiento deviene en más pobreza y desigualdad

Comedor social de Cáritas

Como ni la riqueza, ni la producción, ni el consumo de un país se mide en bienes materiales y servicios a disposición de las personas, sino en magnitudes monetarias, es fácil inducir a la gente al engaño permanente al equiparar el discurso del crecimiento con la igualdad social y económica.

El gobierno saca pecho por el alza anual del 3% del PIB y deja entender como ese porcentaje de subida supondrá una mejora para la vida de los ciudadanos. Todo el tiempo oímos machaconamente la virtud del crecimiento económico como condición para nuestro bienestar.

Pero los jubilados no reciben, ni perciben, el beneficio del 3%, tampoco los trabajadores en general, ni las mujeres con salarios discriminados. Menos aún los desocupados, los jóvenes y los emprendedores que navegan entre la desesperación por trabajar, la precariedad y la temporalidad laboral. Todos estos colectivos vulnerables conforman la mayoría de la población y el sentimiento conjunto respecto al incremento del PIB de los últimos años, como decía recientemente un jubilado hablando del 0,25% de ajuste de las pensiones, es: “nada y menos”.

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Ciberopinión: desinformación y manipulación en la red

No somos idiotas. Así es como nos sentimos los usuarios de Facebook cuando aparecemos como víctimas de terribles manipulaciones por parte de las campañas políticas como la de Donald Trump o el Brexit. Porque, curiosamente, son las dos campañas que se han visto involucradas en el escándalo de Cambridge Analytics y Facebook. Dos campañas que acabaron con un resultado inesperado y no deseado en el marco establecido por lo institucional. 

Cada día nos llegan anuncios comerciales segmentados a nuestros intereses para intentar crear, impulsar o modificar nuestra intención de compra. No sé por qué es peor que nos lleguen anuncios electorales o políticos para intentar moldear o cambiar nuestra intención de voto. Si nos parece mal lo segundo debería parecernos igual de palmariamente mal lo primero. La publicidad política, también conocida como propaganda, pretende lo mismo que la publicidad comercial: moldear nuestras opiniones para el voto o para la compra. 

La política, acompañada por la tecnología digital y en red, está virando hacia un mayor conocimiento del electorado en lo que ya es una campaña electoral continuada y no solo ejercida en épocas de elecciones. Conocer bien los deseos, los miedos, las necesidades o las percepciones de los ciudadanos es la clave para poder ejecutar políticas asentadas en las demandas reales de los ciudadanos. No tiene ningún sentido que miles de personas se manifiesten en la calle y no haya una permeabilidad hacia los debates en el parlamento sobre esas demandas que se claman en las movilizaciones. La microsegmentación de públicos nos permite categorizar perfiles sociodemográficos diferentes que se comportan de maneras muy distintas, y que demandan a la política soluciones también diferentes. Sería deseable que los gobiernos y los partidos políticos tuvieran información en tiempo real de lo que se demanda entre los diferentes públicos. Es lo que podríamos llamar una política de las personas. 

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Hundiendo la Marca España

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Cristina Cifuentes, presidenta de la Comunidad de Madrid. EFE

El caso Cifuentes y sus ramificaciones han acabado por dar el descabello a la imagen de la España del PP. Del PP, sus socios, y todo el entramado que sustenta lo que cualquier país serio consideraría inadmisible. La hoy, aún, presidenta de la Comunidad de Madrid ha demostrado las terribles fallas de un sistema que se cae a pedazos. Las pruebas aportadas por la investigación de eldiario.es son abrumadoras: falsificó su Máster en un procedimiento cargado de irregularidades, mentiras y contradicciones. Pero ni siquiera quedó la cosa ahí, aun siendo enorme quiebra. Díganme qué dirigente de un lugar medianamente  presentable publicaría este vídeo tras un día de pruebas aplastantes en su contra.

En la Puerta del Sol, sigo trabajando después de un día de ataques falsos que no van a conseguir desanimarme💪🏼 https://t.co/6hb6PpZhHA

El PP –y no solo el PP– ha convertido la política española en un plató  al que envían a tertulianos ultraconservadores  de medio pelo. No es el único, bien es verdad. Trump anda en la misma tarea en EEUU. Precisamente, contamos con una especie de puente que ha establecido la Ministra de Defensa María Dolores de Cospedal que se comprometió con la administración de Trump en dedicarse a la compra masiva de armamento. Cospedal nos ha helado el aliento al publicar un tuit aterrador, doblemente por ser quién es.

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Con la venia, juez Llarena

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Jordi Turull, durante su intervención en el pleno de investidura

Ni los tediosos discursos de investidura de Jordi Pujol, los "listines telefónicos" como los periodistas bautizaron esas aburridas intervenciones, eran menos convincentes que el discurso que ha protagonizado Jordi Turull este jueves en el Parlament. Lo recordaron los plumillas con varios trienios (que todavía los hay) y lo hizo el socialista Miquel Iceta (que es de los diputados que tenía escaño cuando Pujol aburría a sus señorías).

Turull no disimuló. Subió a la tribuna sabiendo que no saldría elegido presidente y pensando en la comparecencia que le espera ante Pablo Llarena. Por la mañana se había despedido de sus padres por si el juez del Supremo decreta de nuevo su ingreso en prisión. No solo Turull se despidió de los suyos. También lo hicieron el resto de imputados a los que Llarena ha citado para revisar sus medidas cautelares. En muchas de las conversaciones de pasillo este jueves se habló más de hijos y padres que de hojas de ruta. 

"Diálogo, diálogo y diálogo", resumió un candidato que si en algún momento soñó con ser president nunca pensó que sería en estas condiciones. Los que esperaban que defendiese la República catalana se quedaron con las ganas. Deberá seguir en sus mentes, que es donde la situó Carles Puigdemont hace unas semanas. 

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Un día cualquiera en TVE

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La sede de Torrespaña

Es miércoles, 21 de marzo de 2018. Tenemos que buscar la mejor forma de esconder y minimizar la que, sin duda, es la noticia del día. Lo ideal sería no informar sobre ella, pero sería demasiado descarado no hacerlo puesto que toda la oposición ha pedido explicaciones y el tema ya ocupa las portadas de numerosos medios de comunicación. Total, tampoco es la primera vez que hay que hacer algo así; casi cada jornada nos toca desarrollar el mismo trabajo sucio: tergiversar las novedades sobre el caso Gürtel, minimizar las acusaciones de corrupción contra el Gobierno que vierten los arrepentidos, restar peso a las manifestaciones de los pensionistas o de las mujeres, exagerar la buena marcha de la economía nacional…

La agenda de temas que le interesa a Moncloa, por suerte, nos sigue dando juego: Catalunya (¡mucha Catalunya) y todos los sucesos posibles, cuanto más escabrosos mejor, para azuzar el debate sobre la prisión permanente revisable. Nuestra audiencia, al fin y al cabo, es estúpida. Lleva años tragándose la sobredosis de manipulación que le suministramos y, aún así, cada día nos sigue sintonizando. No habrá que hacer un esfuerzo especial para que el escándalo surgido a raíz del máster fantasma de Cristina Cifuentes pase casi desapercibido.

Lo primero es mandar el asunto al minuto quince del Telediario. Por delante vídeos y más vídeos sobre Catalunya (¡mucha Catalunya!) y un par de piezas debidamente manipuladas de la sesión de control en el Congreso en las que Rajoy y Soraya Sáenz de Santamaría le dan su merecido a la oposición. Después montamos un totum revolutum de escándalos políticos. Empezamos con lo de Cifuentes, pero a nuestra manera: no contamos la noticia, no decimos de qué se le acusa; arrancamos por el desmentido a una información que no hemos dado. Todo muy rápido y muy confuso. Nuestros espectadores se quedarán con que la presidenta madrileña no ha hecho… no se sabe muy bien el qué. ¿No somos geniales?

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Otro leño a nuestro fuego

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Cuando ya ningún medio, ni el más reaccionario que imaginen, titula un asesinato o agresión machista como "crimen pasional",  Jorge Skivinsky, el director de una asociación de padres separados -que no madres- (la  Asoc. de Padres de Familia Separados de Baleares), usaba esta expresión en una carta para referirse al hecho de que un hombre rociara con gasolina a su pareja en presencia de su hijo de dos años. El sujeto negaba a su vez que se tratara de violencia de género. Exactamente esto argumentaba: "No fue una agresión machista", " Su obsesión por la persona amada lo ha obnubilado hasta tal punto que no ha podido aceptar la decisión de su pareja y, hundido afectivamente, la agredió". 

Por su parte, Nina Parrón,  directora de Igualdad del Consell Insular de Mallorca, hizo lo propio, y acusó a  Skivinsky de hacer apología de violencia de género. Hasta aquí, nada que se salga de lo corriente en un país profundamente machista como el nuestro. Porque aunque haya señores como éste que digan que "El feminismo radical y misándrico ha inundado a la sociedad de su ideología sectaria que ve machismo hasta en la sopa", lo cierto es que al feminismo aún le queda mucho trabajo por hacer. Sobre todo si tenemos en cuenta que ha sido ella, la directora de Igualdad del Consell, la que ha sido denunciada y a la que se le han impuesto 30.000 euros de fianza hasta que llegue el juicio oral

La mujer que sufrió quemaduras en el 80% de su cuerpo sólo hizo una cosa: tomar la decisión de su pareja. La mujer a la que le piden 30.000 euros sólo intentó hacer su trabajo: señalar el machismo en una carta que negaba esa realidad. (Como dice Nina Parrón: "Si un cargo político no puede hacer declaraciones sobre su área de trabajo, apaga y vámonos"). Los machistas pretenden, obviamente, que el feminismo salga caro, porque saben muy bien qué pasará con hombres con ellos en una sociedad justa e igualitaria, o lo que es lo mismo, en una sociedad feminista: no tendrían dónde esconderse.

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Los dos cerebros

Neurona, dibujo de Santiago Ramón y Cajal, 1899.

Asociamos el cerebro con el pensamiento razonado y no necesariamente es así. El cerebro humano también tiene un modo instintivo de funcionar, necesario para la supervivencia. En su libro Pensar rápido, pensar despacio, el psicólogo y Premio Nobel de economía Daniel Kahneman analiza esta dicotomía. Entre sus muchos ejemplos propone este sencillo problema para que el lector resuelva de modo intuitivo:

"Un bate y una pelota juntos cuestan 1,10 euros.

El bate cuesta un euro más que la pelota.

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Lavapiés y el reverso tenebroso de los delitos de odio

La Policía Municipal asegura que los agentes patrullan con normalidad por Lavapiés

Odiar y amar son sentimientos, no delitos. Y como tales son parte del ser humano. Es cierto que el odio cuando se expresa nos incomoda, nos inquieta, nos preocupa y hasta nos ofende.

Se equivocan quienes pretenden hacernos creer que el odio, de por sí, es un delito y que quien lo expresa, un criminal. No son las emociones ni los sentimientos lo que se juzga con los denominados, y tan de moda, delitos de odio. Nada más lejos de la realidad. Pero viendo el clima que se está creando al respecto parece que el hecho de expresar sentimientos hostiles hacia representantes públicos o políticos es motivo suficiente como para verse inmerso en ese proceso penal.

En los últimos meses nos hemos encontrado con sujetos que –lejos de pertenecer a uno de los colectivos que las declaraciones de derechos humanos califican como vulnerables por el color de su piel, su identidad de género, su origen, su orientación sexual, sus ideas…– trasladan a la opinión pública un mensaje distorsionado sobre lo que son los delitos de odio. En sintonía con esta distorsión y a partir de los incidentes de Lavapiés y la muerte por aclarar de Mame Mbaye, tenemos noticia de cómo diferentes sindicatos de la Policía Municipal de Madrid que han acudido a la Justicia dicen ser víctimas de un delito de incitación al odio.

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¿Se podrá cerrar el paréntesis?

Agentes de Policía Nacional ante miembros de la CUP en una imagen de archivo

Aunque el Diccionario de la RAE no incluye ninguna acepción  de naturaleza política en su definición de paréntesis, sería bueno que la incluyera. Porque en Política los paréntesis existen. Y no solo existen, sino que están constitucionalizados y tienen una importancia extraordinaria. El artículo 116 de la Constitución, en el que se definen los estados de alarma, excepción y sitio, y el artículo 155 CE en el que se contempla la “coacción federal”, no hacen otra cosa que prever paréntesis. Paréntesis en el ejercicio de determinados derechos por parte de los ciudadanos y en el funcionamiento regular de los poderes legislativo y ejecutivo en el primero, y en el ejercicio del derecho a la autonomía en el segundo.

Cuando irrumpe una emergencia, el sistema político reacciona abriendo un paréntesis en el ordenamiento constitucional para hacer frente a la misma e intentar volver a la normalidad lo más rápidamente posible. La perspectiva  de la normalidad constitucional no se pierde de vista, pero se produce una suerte de “suspensión o interrupción” de la misma, que es la definición del término paréntesis en sentido figurado que da el Diccionario de la RAE.

El paréntesis en Política, como en una obra literaria, debería ser un elemento incidental, que interrumpe, pero no altera el sentido del relato en el que se incluye. Es decir, debería ser relativamente inocuo. Cerrar el paréntesis que se ha abierto no suele ser un problema en cualquier tipo de relato.

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