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Ya no te creen, Mariano

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Imagen de archivo del presidente del Gobierno Mariano Rajoy

El presidente Rajoy se fue a Marbella, a un acto de partido, a repetir la línea argumental ya expuesta en el Congreso en el debate sobre pensiones: no se pueden subir más, ya me gustaría subirlas más y mientras sea presidente se subirán todo lo que se pueda. Por fortuna esta vez nos ahorró la ensalada de datos, medias verdades y medias mentiras que adornaron su discurso parlamentario y que la oposición no fue capaz de desmontar porque a estos debates hay que ir con el tema sabido y las cifras en la cabeza, no con los comentarios recogidos en la última tertulia.

Miles y miles de pensionistas le han dejado claro en la calle que ya no le creen. Vas a tener que meterte en esto, Mariano. Ya no les asustan los tenebrosos powerpoints llenos de tablas y gráficos que nadie sabe de dónde han salido o quién los firma, pero que siempre anuncian el Armagedón de las pensiones para dentro de un par de décadas. Parece que prefieren creer a J.M Keynes: “en el largo plazo, todos muertos”.

Ya no les asustan las terroríficas previsiones demográficas que pronostican que cada trabajador tendrá que pagar a tres, cuatro o incuso cinco pensionistas y que, para cumplirse, necesitan que la población española se reduzca, la natalidad siga cayendo, no vengan migrantes a buscar su oportunidad y nuestros jóvenes se sigan marchando para no volver. Muchos incluso empiezan a formular en voz alta la pregunta que nadie parece atreverse a platear: ¿Acaso es justo que los padres y abuelos que ya pagaron la educación la sanidad y las oportunidades de sus hijos paguen ahora también su decisión, voluntaria o no, de tener menos hijos?

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Represión del derecho fundamental a la libertad de expresión

Manifestación contra la Ley Mordaza convocada por las Marchas por la Dignidad.

Según el informe de 2017 de la ong Reporteros Sin Fronteras, España ocupa el lugar número 29 de 180 países evaluados sobre su libertad de prensa. El Gobierno y las derechas españolistas insisten en que somos un país libre, aunque las conclusiones de ese informe lo desmientan. Antes han querido que nos creyéramos libres para reprimir después nuestra libertad. Como  señala María Dolores Masana Argüelles, ex presidenta y actual vocal de la Junta de Reporteros Sin Fronteras, “hay tantas sociedades sometidas al despotismo, a la arbitrariedad del poder en el mundo que aquella en que la norma es democráticamente aceptada parece que la libertad de expresión esté asegurada. No hay nada tan pernicioso como el pretexto de la comparación con un escenario peor, como en el caso de las dictaduras, para hacer pasar de contrabando el visto bueno a la autocomplacencia de muchos de estos demócratas”.

Esto en lo que se refiere a la prensa. Pero en un contexto de presunta democracia se viene produciendo en España un goteo de atentados judiciales contra la libertad de expresión de toda la ciudadanía, un goteo que ha arreciado en los últimos tiempos hasta llegar a casos que ya solo nos permiten preocupación. Debemos preguntaros por qué en democracia se está produciendo este ataque a esas libertades que hacen que un país libre lo sea, por qué la vida social se está queriendo judicalizar, como si fuera una respuesta a la inevitable judicalización a la que la corrupción, endémica en un PP que ha gobernado y gobierna desde comunidades autónomas hasta la propia nación, ha abocado a la vida política.

Hasta tal punto se está reprimiendo la libertad de expresión que se diría una ofensiva planificada desde las instancias del poder gubernamental y orquestada (un juez allí, una jueza allá) desde las instancias del poder judicial, que no parece así todo lo independiente que debiera. Gobierno y Justicia estarían al servicio de los intereses espurios de un Estado que necesitaría conculcar nuestros derechos fundamentales para poder controlarnos mejor. A fin de cuentas, se avecinan tiempos duros para el statu quo, hay aspiraciones de cambios sistémicos, las viejas estructuras están siendo forzadas a ceder por los movimientos sociales, los movimientos migratorios no pueden obviarse, el empobrecimiento de la población es un hecho que se manifiesta de manera sangrante en las pensiones de nuestros jubilados, se alerta de una no muy lejana nueva crisis económica que afectará de una manera aún más grave, extensa y profunda a una sociedad que habría de reaccionar con protesta, organización y denuncia, y que constituye un peligro para el poder establecido. Como un adelanto a la que seguramente será una represión muy violenta, se produce una fuerte resistencia por parte de quienes tienen el poder o ejercen de herramienta para defender los intereses y privilegios de los poderes económicos, políticos y fácticos.

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Las verdades absolutas

Borges dice que los hombres han repetido siempre dos historias: la de un bajel perdido que busca por los mares mediterráneos una isla querida, y la de un dios que se hace crucificar en el Gólgota. En tiempos de individualismo supremo y descomposición social como éste que vivimos, alcanzar Icaria está muy lejos de relatos colectivos como el que acabó con el grito de “¡Tierra!” en boca de Rodrigo de Triana al divisar las costas americanas o aquella frase de Neil Armstrong al pisar la luna, “Es un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad”. Del mismo modo, ya no hay “crucifixiones” que se trasciendan a sí mismas como las ejecuciones de Ernesto Guevara, el Che, o la del líder afroamericano Malcolm X. O tal vez la nueva Icaria esté en la isla de Lampedusa y la muerte de cientos de migrantes que el intentar ganar la playa se convierte en un sacrificio.

Los relatos griegos encierran también la búsqueda de un conocimiento. Así, la travesía de Ulises enseña el camino plagado de obstáculos que hay que sortear con pericia, esfuerzo y una voluntad a toda prueba para alcanzar el destino. Por su parte, el relato bíblico es un camino hacia la fe. Homero enseña a ser marinero en tierra para llevar adelante nuestra propia vida; el texto bíblico, a través de la fe, ofrece las respuestas que nos podemos hacer sobre otra vida, la que no está aquí. Pero hay puntos de intersección entre ambos relatos: el amor cristiano tiene una lectura laica y ese vínculo es un lugar de encuentro que es muy difícil de localizar hoy día. En el supuesto meeting point cívico no encontramos a nadie. No se trata aquí del amor romántico que se anhela para encontrar una pareja, el que se desgrana con ruido y furia en los reality shows o el sublimado amor que disfrutan en las páginas de ¡Hola! las parejas reales. Se trata del amor del vínculo por un bien común, colectivo, que según el atajo que se escoja nos puede llevar a la convivencia cívica o a la salvación cristiana.

La opinión de Borges sobre los dos relatos fundamentales está leída en su cuento El Evangelio según Marcos, donde narra un hecho sucedido en una estancia bonaerense. El protagonista es un rezagado estudiante de medicina que viaja al campo de un familiar. La estancia está habitada por un capataz, Gutre, y sus hijos. Como es habitual en el otoño bonaerense, el tiempo cambia repentinamente y del calor sofocante, acompañado por copiosas lluvias, se pasa al frío. En la narración el agua, bíblica, no deja de caer y provoca inundaciones que ahogan a parte del ganado, cierran los caminos y anegan la casa de Gutre y sus hijos, obligándolos a mudarse a la casa principal. Según pasan los días, el protagonista se deja la barba y encuentra una vieja Biblia en inglés. A medida que avanza el relato, la convivencia se va marcando con hechos significativos, como cuando el protagonista cura a una corderita enferma con pastillas y los Gutre expresan su gratitud hacia él de forma curiosa, siguiéndolo por toda la finca, permanentemente a su disposición. Por las noches, después de la cena, al protagonista se le ocurre leerles la Biblia y empieza, al azar, por el evangelio de Marcos. Los Gutre se interesan vivamente por el relato y le obligan a releerlo. Mientras tanto, la lluvia sigue incesante y una noche, probablemente impulsada por el padre, la hija se le entrega al protagonista. Al día siguiente cuando le interrogan por la lectura, a pesar de ser un librepensador, se siente en la necesidad de justificar lo que había leído. Los Gutre quieren saber si Cristo se había dejado matar para salvar a los hombres y si también se habían salvado aquellos que le clavaron los clavos. Al salir a la galería luego de la siesta, se encuentra a los Gutre hincados en el suelo pidiendo su bendición. Acto seguido, lo maldicen, lo escupen y lo empujan hasta el fondo a un galpón al que le habían quitado el techo para construir una cruz con las vigas.

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Un poco más de respeto al agua, por favor

El jueves de la semana que viene, 22 de marzo, celebramos el Día Mundial del Agua: una de las principales efemérides del calendario ecologista. Este año la agencia de la ONU responsable de coordinar los trabajos de agua y saneamiento, UN Water, ha escogido el lema “La naturaleza del agua”.

La propuesta invita a debatir en torno a una idea clave: que las respuestas a los problemas del agua están en la naturaleza y en nuestro trato hacia ella. Algo que la humanidad parece haber olvidado.

El agua es la sangre de la naturaleza y nosotros mantenemos una relación vampírica con ella. Una relación basada en el abuso, no en el uso. Usar: hacer servir una cosa para algo. Abusar: hacer uso excesivo, injusto o indebido de algo. En esa diferenciación está la clave de todos los conflictos relacionados con el agua.

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El Palentino

No sé dónde dejó dicho Luis García Montero que los bares nos hacen o nos van haciendo, hasta que los cierran para siempre y es entonces cuando nos deshacen.

Uno de esos bares que han formado parte de mi memoria sentimental es El Palentino, en Madrid, en la calle del Pez, haciendo esquina con una plaza malasañera donde ahora aparcan bicicletas y antes pasaban mandanga y asuntos más obscenos. Porque vengo de una generación doliente donde lo prohibido es lo más deseado y era ahí, en El Palentino, donde los de mi generación mezclaban memoria y deseo.

Bajo las luces excesivas, apoyados en el mostrador, empuñábamos la birra, esperando a que el camello hiciera acto de presencia. Pero ya se sabe que los camellos siempre tardan más de la cuenta; lo hacen para darse importancia y en aquellos días de los años 80, El Palentino tuvo su importancia porque era el bar de la espera; el andén donde el viajero apura un cigarro con instinto suicida, lanzando la colilla a la vía. Medios cubatas, boquerones en vinagre, papas fritas, pepitos de ternera, churros, buñuelos y serrín en el suelo para los días de lluvia.

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La era de las sombras

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Mariano Rajoy, en una imagen de archivo.

Ya está aquí la muerte de las luces y la era de las sombras. La razón nos ha traído hasta aquí, pero destruyámosla. El estado de opinión emblema de tal asesinato ya está instalado en el espacio público español. Ya no podremos preguntarnos qué llevó a los británicos al Brexit, ni a los americanos a Trump, porque nuestra sociedad está ya cómodamente instalada en los mismos parámetros y como banco de prueba hemos utilizado algo tan español como el crimen y el castigo. El no debate ya vive entre nosotros y ha llegado para quedarse. Lo hemos consagrado de forma experimental con la cadena perpetua llamada revisable, en aras a la no lengua, pero una vez iniciada su dinámica se reproducirá para cualquier otra cuestión de orden común.

 La emoción ya reina sobre la razón. Ya es más importante tener hijos hipotéticamente amenazados, en un país con uno de los índices más bajos de criminalidad de Europa, que tener doctorados en Derecho Penal o Criminología. Ambas opiniones tienen ya el mismo valor en ese río de clics perpetuo en el que sólo importa fluir para que nuestro cerebro reciba la descarga de dopamina buscada en cada reconocimiento electrónico. Ni siquiera eso. No valen lo mismo. La opinión racional ha pasado a ser una especie de agravio cometido por seres insensibles que deben ser orillados del flujo de la opinión aparentemente mayoritaria y única. No importan los datos que aporten. No existen los hechos. Los datos aportados sobre la cuestión, datos fácticos basados en estadísticas y en leyes que lo son de verdad y por las que realmente nos regimos, o la realidad del derecho comparado que excluye que la pena planteada en España se pueda asimilar a las existentes con nombre similar en Europa, nada de eso vale. La marea sigue imparable, utilizando datos incuestionables extraídos de una carta carcelaria escrita por un presunto asesino que se convierten en sentencia, código y biblia sin que ningún dato objetivo pueda pararlo.

El siglo de la emoción. Ninguna barrera mejor para estrellar contra ella los restos de la razón, la estela de las luces. El discurso lógico es convertido en el discurso del odio puesto que se opone al discurso de la emoción. Como último baluarte hemos colocado un elemento inexpugnable: el dolor. La osadía de rebatir los argumentos, a veces manipulados y falsos, que se presentan como incuestionables por actores cuya falta de objetividad es evidente, se paga con el linchamiento virtual. Por si acaso eres demasiado razonable, posees la información o tienes el conocimiento, la turbulencia de la era te coloca enfrente a la figura doliente de una víctima, para que estrelles contra la emoción máxima cualquier verdad que puedas aún esgrimir.

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Mentiras, indecencia y movilizaciones

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El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en una imagen de archivo en el Congreso de los Diputados.

El Congreso de los Diputados es, cada vez más, un esperpento. El miércoles Rajoy lo utilizó para engañar sin recato sobre el futuro de las pensiones y la oposición no fue capaz de hundirle. Al día siguiente, más falsedades y trampas. Con la prisión permanente revisable como fondo, pero con los familiares de las víctimas de los crímenes más famosos como protagonistas. Para no avanzar nada en el asunto, solo para hacer daño a la oposición. Ningún parlamento serio del mundo habría autorizado una instrumentalización tan descarada. Pero aquí, un país en el que se consagró como valor supremo el eslogan de que las víctima de ETA siempre tenían razón, todo vale. Y la democracia sigue haciendo agua.

Presionado por unas movilizaciones que nunca previó que se producirían, el presidente del Gobierno no solo se ha visto obligado a acudir al Congreso, sino también a decir que las pensiones más bajas subirán. Sin concretar cuánto ni cómo, que es lo que hacen los políticos responsables. Y añadiendo que eso sólo ocurrirá si hay presupuesto para 2018. Sin explicar por qué y trasladando así la responsabilidad de ese hipotético aumento a los partidos que se niegan a dar su apoyo a las cuentas del PP y en concreto al PNV.

Suena todo a falso. Y lo es. Porque lo más seguro es que los nacionalistas vascos no cedan. Porque la posibilidad de que se cumpla la condición que pusieron para hacerlo, que el artículo 155 deje de aplicarse en Cataluña, se aleja cada vez más en el tiempo. Segundo, porque el PNV, a cambio de apoyar los presupuestos de 2017, ya obtuvo hace unos meses el premio gordo de que le bajaran el cupo, la cantidad que Euskadi ha de pagar anualmente al Estado. Y no debe de tener claro que le puedan conceder mucho más. Sobre todo cuando Ciudadanos, y muchos en el PP, siguen indignados por la, para ellos, injustificable debilidad de Rajoy entonces.

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Je suis Demócrata

Familiares de jóvenes asesinados, en la tribuna del Congreso.

Permítanme que comience escribiendo de la felicidad. Esta mañana al levantarme he leído, para aliviar la pesada carga de la actualidad española, un informe que habla de los países más felices. Hace tiempo que incluso el Desarrollo no se mira por las cifras macroeconómicas sino por las factores (IDH) que contribuyen al bienestar de los ciudadanos que habitan un territorio en sociedad. Finlandia encabeza ahora la lista de la ONU y siempre son los países nórdicos los que se encuentran en lo más alto de la clasificación. La igualdad y la educación marcan el camino y, por tanto, España, la España que regentan los conservadores, suele estar en lugares preocupantes de la tabla. Y cada día más. Porque vamos en sentido inverso.

Este jueves un emigrante senegalés, Mame Mbaye Ndiaye, que en 12 años no consiguió “papeles”,  murió de un infarto en el  Barrio de Lavapiés en Madrid donde residía. Sus compañeros dicen que la muerte se produjo tras correr huyendo de una persecución policial. Mbaye tenía 34 años y vendía perfumes en el top manta. Entre los datos confusos barajados, el Ayuntamiento  confirma una persecución de la policía municipal aunque de Sol a Plaza Mayor, 20 minutos antes.

El hecho es que su muerte ha desatado una fuerte indignación en Lavapiés, disturbios, las ya habituales muestras de racismo y las también frecuentes amenazas. La policía atribuye la violencia a "radicales" y los desvincula del colectivo de manteros.  Periodistas presentes dicen que fueron hombres blancos encapuchados. Nuestro compañero, el periodista de eldiario.es  Moha Gerehou explica, en línea con el comunicado de SOS Racismo, que “no es una muerte casual, es consecuencia del racismo institucional”. El PP y Ciudadanos culpan a Ahora Madrid de crear un caldo de cultivo. Y la Asociación de la Policía Municipal de Madrid advierte de querellas a… Ramón Espinar, de Podemos, por escribir en un tuit: “Hemos fracasado como democracia”. Según advertía ABC. Venía a anticipar las portadas de la la prensa afín al PP que amanece este sábado culpando a Podemos de los disturbios. 

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La persecución de Mbaye

Manifestación en Lavapiés por la muerte del mantero Mame Mbaye

Aunque los detalles de la muerte de Mame Mbaye Ndiaye nos parezcan tan importantes como para debatirlos en Twitter hasta el infinito, en realidad no lo son tanto. Porque, perseguido o no por la policía en la tarde del 15 de de marzo, Mame Mbaye Ndiaye fue perseguido cada día en los más de doce años que llevaba residiendo en España.

A pesar de todas las fronteras que Mame había conseguido cruzar para llegar a España desde Senegal, aún viviendo en Madrid, cada día tenía que saltar una más: la que está instalada en las cabezas de los políticos que hacen las leyes  antinmigración. Es cierto que es una metáfora, pero si quieren puedo darles una que no lo es: cada vez que se hacen identificaciones por perfil racial, se crea un puesto fronterizo en el mismísimo centro de una ciudad. Algo que ha ocurrido con mucha frecuencia en la plaza de Lavapiés, sin ir más lejos.

Ese tipo de lugares de exclusión -lugares de no derechos- es lo que  las investigaciones de la Fundación porCausa denominan no-lugares. De repente, las personas que son retenidas en ese no-lugar se convierten en no-personas, en el sentido de que se les niegan muchos de sus derechos. Así ocurre en los CIE, en Ceuta y Melilla, en los CETI, en los campos de refugiados o en el cuartito del aeropuerto de Barajas convertido en antesala de la expulsión.

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¿Montamos un partido político?

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La manifestación del 8M llena las calles de Madrid

He escuchado esta frase varias veces en las últimas semanas y la respuesta que ha seguido a continuación en todos los casos es: "¿Otro?"

No dejo de darle vueltas a esta idea por muchos motivos, entre ellos porque las personas que formulan esta inquietud son normalmente huérfanos políticos, es decir, votantes que no tienen a quién votar, y por que esas mismas personas no creen en lo partidos políticos. La mayoría de electores no afiliados no creen en las instituciones formales de la política. Lo dicen las encuestas: un gran número de españoles consideran la política como un problema, o al menos, que los políticos no son la solución. La situación de detención del tiempo político y los trajines partidistas y reglamentarios con los que están jugando en Catalunya desde las últimas elecciones han contribuido más si cabe a esta sensación de “desafección” entre los ciudadanos y la política institucional.

La masiva movilización de mujeres el 8 de marzo y la atinada protesta de mayores por la reforma del sistema de pensiones han alentado y recordado a mucha gente que la idea de que tomar la calle es hacer política desde lo colectivo. La movilización estaba dormida desde el 15M y se alojaba en las redes. El sofactivismo o activismo online de sofá ha dejado la calle vacía en estos últimos años, dejando latente la indignación, solo soliviantada en Internet. Pero la lógica de la revolución lleva al correlato entre lo online y lo offline: de las redes a las calles. La incógnita en ambos casos, tanto en casa como en la calle, es cómo se traduce una demanda generalizada a la práctica eficaz que lleve al parlamento, al gobierno y a los partidos el debate por la solución del problema.

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