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Los independentistas se la han jugado a Pedro Sánchez

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El expresidente del Gobierno Felipe González advierte de que en el diálogo político sobre Cataluña no se necesitan relatores o notarios.

Una vez más el independentismo ha tirado demasiado de la cuerda. Y ha colocado al gobierno socialista en una situación imposible. El anuncio, que podía haberse ahorrado, de que éste iba a aceptar un relator en las negociaciones había encendido a la derecha y proporcionado a las viejas glorias del PSOE el argumento para pedir de nuevo la cabeza de Pedro Sánchez. Pero ni por esas el PDeCAT y ERC han cedido lo más mínimo. Y han obligado al presidente del gobierno a dar marcha atrás para no hacer el ridículo. Con todo, la ruptura formal de las negociaciones anunciada por la vicepresidenta Calvo puede no ser el último capítulo de esta peripecia.

La historia se repite. En octubre de 2017 Carles Puigdemont quería evitar el 155. Pero no pudo o no quiso resistir la presión de los independentistas que creían que una convocatoria de elecciones equivalía a una traición. Esta semana los dirigentes de ERC y del PDeCAT, presionados por la movilización contra el juicio del procés, han creído que podían seguir exigiendo la autodeterminación en las negociaciones y, al tiempo, presentar enmiendas a la totalidad de los presupuestos sin que pasara nada. Se han vuelto a pasar de frenada.

Pedro Sánchez podía intentar hacer frente a la tormenta desatada por Pablo Casado y Albert Rivera y, al tiempo, tratar de sortear la revuelta interna del PSOE. Pero necesitaba obtener algún activo en el frente catalán para avanzar por un terreno tan adverso como ese. Cuando el jueves por la tarde el PDeCAT presentó su enmienda a la totalidad, la posibilidad de que eso ocurriera quedó cegada. Al menos en el momento presente.

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La España ultra vuelve a estallar en Colón

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Plaza de Colón, Madrid. Manifestación por Unidad de España. Archivo EFE

 Los cimientos  podridos de España vuelven a crujir. Los que nunca se resolvieron porque siempre se tapan.  La derecha española pretende estallar este domingo en la Plaza de Colón de Madrid. Haciendo lo que mejor sabe hacer: bombardear cualquier camino que no pase por su uso y abuso del poder.  Es una de las patas de este conflicto eterno de la España infecta. El principal pero no el único. No es nuevo, siglos llevan clamando los progresistas españoles por una regeneración que no llega y que, por enquistada, cada vez nos hunde más.

La excusa esta vez es Catalunya. La figura de un “relator”, mediador, para ver de solucionar el conflicto. A lo largo de los tiempos ha habido muchas otras polémicas:  ETA, la educación, los derechos de la mujer, el aborto, el matrimonio gay, hasta al divorcio se opusieron. Algunas las rescata el alocado presidente que se ha buscado el PP. Hace falta ser miserable para vincular aborto y pensiones, como han hecho Casado y su ejecutiva diabólica. El quid es otro.

 La derecha española no sabe hablar. La derecha española no quiere hablar. La derecha española no quiere resolver conflictos, quiere el poder. A cualquier precio. Y Pablo Casado lo está demostrando.  Ahora, con la ayuda de las otras dos alas similares que se fueron desgajando: Ciudadanos y Vox. Los tres indistinguibles en la ultraderecha. Y con un potente ejercito mediático que redobló su fuerza –no sin subvenciones de dinero público en eufemísticas entregas- durante el mandato de Rajoy.

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Yo también soy un ET: Estafado por las telefónicas, ¿y tú?

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Teleoperadores en una imagen de archivo

“Supuestamente te dan de baja, pero en facturación aparece que no, así que te siguen cobrando, pero llamas a bajas y no pueden darte de baja porque dicen que ya lo estás. Y después recibes amenazas por no pagar”.

“Cuando falleció mi padre quise dar de baja su línea y en lugar de hacerlo dieron de alta otra tarifa que no tenía. Gente con falta de escrúpulos”.

“Tres meses llevo esperando que me solucionen un error de sus operadores”.

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Cuando lo que necesitamos son precisamente relatores

Por supuesto que el tema del relator es una cuestión discutible, como casi todo. Pero quienes lo proponen no merecen que se les machaque con la sinfonía de insultos, descalificaciones, desprecios y desmesuras dialécticas que se han puesto en circulación. Surgen del rencor partidista y de la animadversión recelosa contra todo lo de Catalunya (sepan que en Catalunya la mayoría de la gente detecta que no se circunscribe a ir contra los irresponsables dirigentes que desean la independencia aunque no sea la opción de la mayoría de los catalanes). Pero en España lo que predomina es el miedo a que Pedro Sánchez, a efectos electorales, pueda cumplir su promesa de encontrar una solución política para el conflicto de Catalunya que no suponga la independencia.

Vuelvo a acogerme hoy a la expresión 'Reñidero Español', acuñada desde el libro de Franz Borkenau, para señalar que en este país tan bien definido por estas dos palabras lo que necesitamos son precisamente relatores. En un escenario repleto de cobardías y secretitos en casi todos los contactos políticos la existencia de relatores independientes que levanten actas de esas reuniones evitarían las medias palabras subjetivas con que luego nos explican lo que han tratado.

Los relatores, que de eso está hablando el equipo de Sánchez, no son ni mediadores ni vigilantes. Hacen firmar lo que se ha dicho y pactado. Son unas piquetas demoledoras de la ambigüedad con que le llegan actualmente a la opinión pública los desenlaces de esos contactos. Quebrarían el doble lenguaje calculado que practican muchos políticos contra los ciudadanos -especialmente contra sus propios partidarios- para dulcificar unas cosas, endurecer otras, y sobre todo no confesar que cualquier negociación supone tanto obtener pequeñas victorias como efectuar cesiones.

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La hora de la verdad… judicial

La primera temporada de El Procés acabó con sus principales protagonistas cantando Els Segadors, puño en alto en la escalinata del Parlament, con más cara de circunstancias que de alegría. La segunda desplazó a algunos de los principales personajes a Centroeuropa mientras otros desaparecían temporalmente de la pantalla con excepción de puntuales apariciones en forma de holograma. A partir de este martes comienza en el Tribunal Supremo la tercera temporada de la serie que, siguiendo la estructura narrativa tradicional, mostrará, tras la introducción y el nudo, el desenlace de esta historia.

Llega la hora de la verdad, de la única verdad en un Estado de Derecho, que es la judicial. En los próximos tres meses los acusados podrán explicarse -en castellano o en catalán, según prefieran-, serán escuchados más de 500 testigos y se practicarán decenas de pruebas que permitirán establecer la verdad de lo que ocurrió en Catalunya en aquellos convulsos días de septiembre y octubre de 2017. Y más allá del Supremo, las defensas podrán denunciar la vulneración de derechos fundamentales ante el Tribunal Constitucional y, en última instancia, ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, que valorará si la Justicia española se ha sobrepasado en alguna fase del procedimiento.

El debate jurídico que centrará el juicio consistirá en determinar el encaje en el Código Penal de unos hechos que están en el imaginario colectivo porque fueron retransmitidos íntegramente y en directo por televisión. Los siete magistrados que componen el tribunal examinarán si lo que sucedió en Catalunya fue un golpe de Estado violento, como sostienen la Fiscalía y la acusación popular de Vox; un golpe al orden público, como defiende la Abogacía del Estado por orden expresa del Gobierno de Pedro Sánchez; o un golpe de efecto simbólico y sin consecuencias penales, como argumentan los dirigentes independentistas y sus defensas.

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Ni celibato ni manada, es violación

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Tengo una amiga jueza y feminista que dice que cuando hablamos de la violación múltiple de los San Fermines no deberíamos decir el 'caso de la manada' sino 'la violación múltiple de Pamplona'. Sabe que el lenguaje no es baladí. Lo tiene presente en su trabajo e intenta ser lo más precisa y justa posible cuando lo usa. A nosotras, a nosotros, a veces se nos olvida. Decía el filósofo alemán Theodor W. Adorno que el lenguaje nunca es impune. Tenía razón: no lo es. Decir 'el caso de la manada' es dar protagonismo a cinco desalmados que van abriéndose su espacio en la lamentable opinión pública en su grado máximo de manipulación. Y decir que los curas que han abusado de niños en escuelas religiosas si tuvieran derecho al matrimonio no lo harían, es abusar nuevamente de las víctimas. Pero además: no es cierto.

Cuando una mujer o un hombre son violados, no saben todavía lo que significará durante el resto de sus vidas. Cuesta imaginar cuando sufres una violación, o cuando la recuerdas años más tarde, lo que supondrá el hecho de seguir viviendo después de ser violada. Lo que será. Porque una violación no es un episodio, sino un proceso larguísimo durante el que una víctima necesita recomponer desde su manera de respirar hasta su relación con el espacio. Lo sacude absolutamente todo. Hablar del celibato o de un grupo con un nombre absurdo no se acerca a tanto dolor, tantísima rabia, impotencia, tristeza, desesperación, silencio. No. Una violación no es un episodio. Una violación es la obligación de reaprenderlo todo, de tratar de estar contigo de una manera distinta, de encontrar el modo de sacudirse de encima la sensación de sociedad, vacío, miedo y desasosiego que empapa tu manera de mirar el mundo. Cuando nos violan, nada existe como existía y el hecho de seguir viva adquiere otro sentido. Duro, hermético, difícil, aislado, vergonzante, embarazoso, incómodo, absurdo, inexplicable, doloroso, afilado, cortante. Ser una mujer violada es tener que recordarte constantemente que sí, que ésta que sigue hablando soy yo. Y el puro episodio es incapaz de contener lo que supone tratar de aprender a vivir así. 

Por eso cuando decimos la manada o hablamos del celibato de los curas como una posible causa de la violación, estamos impidiendo hacer un ejercicio de autocrítica, como ciudadanía y como sociedad, que nos obligue a hablar de las cosas como son. Decimos 'manada' como si hubiéramos entendido algo, pero la palabra 'manada' no contiene nada; y la palabra 'celibato' tampoco. Los adolescentes violan y los curas violan porque los hombres violan. Es básicamente así. Y los hombres, masivamente los hombres, violan porque no se detienen a pensar qué supondrá su acto para la otra persona. No la ven, la usan. Y no será hasta que comencemos a hablar de la violación como un proceso de supervivencia insoportable, que socialmente estaremos incluyendo en una sola palabra todo su significado. Dice el diccionario de la Real Academia Española, siempre tan ajeno y aséptico, que una violación es 'la acción y el efecto de violar; es decir: tener acceso carnal con alguien en contra de su voluntad'. Pero cuando hablamos de agredir a las mujeres, las niñas y los niños, pensamos siempre en el acto; nunca en el efecto.

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Galanes de chat

Cartel de 'Cowboy de medianoche'

“Hola guapa como estas”. “Hola buenos días como estas”. “Hola vive en Barcelona?”. “Hola gracias por aceptar mi solicitud. Eres guapa”. En los últimos días, cinco desconocidos han irrumpido en mi chat con la intención de iniciar una conversación estéril. Cinco son muchos, más de lo habitual, pero dudo que sea culpa del algoritmo. Que yo sepa, el algoritmo de Facebook no hace esas cosas: no muestra fotos en las que aparezco sonriente a perfiles masculinos de todo el mundo con el fin de frenar el envejecimiento de la población. Así que debe tratarse de otro algoritmo, uno viejísimo, hecho pupila y sudor frío, el que otorga a los hombres la seguridad necesaria para tantear a una desconocida como forma de entretenimiento, y sin miedo a represalias.

¿Y el quinto? El quinto desconocido, Vicente, me abrió el chat hace unos días con la siguiente frase: “HOLA ME VES MAYOR”. Era un señor mayor. “¿Quién eres?, ¿a qué viene esta pregunta?”, respondí. “NADA ME INTERESA VUESTRA OPINION NADA MAS”. “¿La mía y la de quién más?”, inquirí, rabiosa. “LAS QUE ESTAIS EN EL GRUPO LAS GUERRERAS”. Eran las diez de la mañana y sólo había dado un sorbo al café. No quise comprobar si estoy en ese maldito grupo. Así que respiré hondo y le clavé mi respuesta más sincera: “Por la foto, se ve usted mayor”. 

No sé qué hacer con los galanes de chat. No sé si debería bloquear sus saludos de teletubbie jubilado ipso facto, o si debo preguntarles qué se les ofrece, y perder mi tiempo. Ignorarlos, para mí, no es una solución. 

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El relator es la punta del iceberg

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Calvo avanza que el relator de la mesa de partidos ha de ser de nacionalidad española

El formidable escándalo político provocado por la decisión del gobierno de Sánchez de aceptar la figura de un relator para las negociaciones sobre el futuro de Cataluña ha dejado al descubierto lo que es solo la punta del iceberg de este asunto.

Aceptar lo que era una reivindicación histórica del independentismo catalán justo en la semana en la que se decide si habrá o no presupuestos, ha sido tan obsceno que ha hecho estallar en el PSOE todas las alarmas que se estaban acumulando desde hace meses. El pánico desatado por las elecciones en Andalucía se multiplica cada día. 

Sánchez había logrado sostenerse en el alambre al borde del precipicio varias veces y parece dispuesto a jugarse la penúltima carta para alargar la legislatura por muy temeraria o suicida que parezca.

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Cólico del lactante: a bebé revuelto, ganancia de embaucadores

Bebé llorando

¿Qué es el cólico del lactante? Tal pregunta hoy en día es casi el equivalente a preguntar: "¿A qué huelen las nubes?". Si es extraño preguntar a que huelen las cosas que no huelen, no menos surrealista es preguntar qué significa un diagnóstico médico que no es, en realidad, un diagnóstico médico. Básicamente, se considera que un bebé "padece" cólico del lactante cuando llora de forma intensa e incontrolada, con mucha frecuencia y durante bastante tiempo, sin que se encuentre ningún problema de salud ni causa biológica. Se sigue la "regla del tres": llanto que dura más de tres horas al día, más de tres días a la semana y que persiste más de tres semanas. Además, el lloro debe cumplir cuatro criterios: el llanto aparece y desaparece súbitamente y sin razón aparentemente lógica, es muy intenso y con tono más alto, es imposible consolar al bebé y existe tensión (hipertonía) muscular.

Este cajón de sastre "diagnóstico", básicamente nos dice que el bebé llora mucho y muy fuerte, pero parece que está sano, bien alimentado y no sabemos por qué lo hace. Sirve, sin embargo, para dar cierto consuelo a unos padres preocupados y desesperados que buscan una respuesta a los continuos lloros de su criatura. De hecho, se trata de uno de los motivos más frecuentes de consulta en pediatría. En realidad, el diagnóstico "cólico del lactante" no explica nada, sino que se llega a él tras descartar problemas reales de salud y se limita a etiquetar lo que le está pasando al bebé sin que nos aporte más información al respecto.

El cólico del lactante es, además, un fenómeno muy frecuente, pues se estima que entre el 8% y 40 % de los bebés pasa por este problema en algún momento desde la primera semana tras el nacimiento hasta los 3-4 meses de vida. Es necesario aclarar que el propio concepto de "cólico" del lactante es erróneo, puesto que la palabra "cólico" se refiere a un dolor abdominal muy variable en cuanto a intensidad y duración. En realidad, no se sabe si el bebé que llora mucho e intensamente está sufriendo dolor abdominal. Existen multitud de explicaciones a por qué llora un bebé, desde que se aburra, esté incómodo o se sienta solo hasta que tenga hambre, ansiedad, dolor, sueño, cacas... Por esa razón, múltiples especialistas abogan por redefinir el término a "llanto problemático" o "llanto excesivo" que es lo que realmente describe el cólico del lactante.

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Autobús antifeminista

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Los de Hazte Oír han anunciado la pronta puesta en circulación de un autobús antifeminista. Resentidos y envalentonados porque el Ministerio del Interior les ha revocado la declaración de utilidad pública al considerar que su autobús anterior –con el que recorrieron España paseando su transfobia– atenta contra personas, colectivos y entidades; y porque ya no van a poder desgravar el 75 por ciento de sus donaciones, se han lanzado a una nueva aventura, tanto o más cacasena que la anterior. La creatividad les brota como pus en una herida.

Y como no han dado demasiados detalles de su proyecto piloto, salvo que será una “respuesta contundente” para enfrentar al “feminismo radical y su ideología de género”, nos lo han dejado todo a la imaginación. En cuanto escuché su genial idea, recordé esos autobuses atestados de gente que tenía que tomar cuando era una púber y luego una adolescente para ir al colegio, y en los que nos metían mano a mansalva, nos adherían penes y en los que todas las niñas aprendimos trágicamente demasiado pronto a avanzar rápido hacia la puerta de salida, antes de descubrir que a veces no iba a haber escapatoria.

Pensando en autobuses que se han convertido en trampas mortales para el feminismo, también recordé el bus limeño al que subió la universitaria Eyvi Ágreda para regresar a su casa y hasta el que la siguió su acosador, Carlos Hualpa, para verterle encima un bote de gasolina y prenderle fuego. Quería quemarle el rostro, dijo, porque le recordaba lo que nunca podría tener, pero le quemó más del 60 por ciento del cuerpo: la cara, los ojos, el cuello, el tórax… Eyvi no sobrevivió a sus heridas.

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