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¿Qué hacer con nuestro tejido industrial?

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Siempre que se pretende explicar la economía valenciana suele plantearse la misma duda, “¿cómo es posible que industrias tan pequeñas hayan sobrevivido y sobre todo hayan llegado tan lejos y a tantos sitios?”. La verdad es que la respuesta no está suficientemente clara. Son reiterativos los análisis que advierten de la falta de productividad en general de la economía valenciana, de la incoherencia de unos gestores que poco saben hacer más que trabajar y trabajar, de unas empresas que más que empresas son partes o secciones de otras, de unidades productivas que por su dimensión se les calificaría como de incapaces e ineficientes, empresas cuyos consejos de dirección gran parte de las veces son las reuniones familiares de los fines de semana. Esto es, la economía valenciana se sustenta en un cúmulo de elementos que van en contra de lo que podría ser la ortodoxia organizativa empresarial e industrial. Y lo curioso es que funciona. Otra cosa bien distinta es si pudiera o no mejorar su funcionamiento (¿?), pero lo cierto es que ello ha ido funcionando.

La potencia de la PYME: un modelo heterodoxo

De esta forma ocurre que los resultados que haya podido tener la economía valenciana se sustentan en elementos que a pesar de su heterodoxia son perfectamente razonables y comprensibles. Estos elementos tienen poco que ver con los esquemas interpretativos clásicos que explican la dinámica económica sobre la base de la inversión, del cambio técnico, del conocimiento científico orientado a la producción y de la gran factoría que disminuye los costes en la medida que aumenta la producción −porque en este supuesto la empresa trabaja sobre el principio de costes decrecientes por la escala −dimensión− que alcanza−; bajo este supuesto, cuanto mayor se es y más se produce, menor va a ser el coste del producto final que se haga. Sin embargo, para la economía valenciana, los cambios y las innovaciones continuas tienen otro protagonista muy distinto como es la pyme; una pyme que encuentra ahorros y beneficios no en el interior de las paredes en que trabaja, sino en el exterior, en las relaciones externas que el empresario puede tener; una organización que funciona por la creación de pymes especializadas y separadas, que son fases de una misma cadena de producción, y que posteriormente integrará todas estas fases −todas esas pequeñas empresas− hasta ofrecer el producto final; un mundo productivo que cambia de producto con la celeridad que el mercado lo exige; y concibe una organización que se flexibiliza y se adapta a las condiciones que la demanda sugiere.

Este concepto de pyme especializada se fue conformando sobre la base de actividades tradicionales (textiles, calzados, juguetes, cerámicas, alfombras, turrones, muebles, etc.), con el esfuerzo de mucho trabajo, de muchos inmigrantes llegados de tantos lugares de fuera de la comunidad, y acumulando experiencias año tras año. De esta forma cabe afirmar que si para entender el crecimiento en la industria clásica de muchos lugares son esenciales el capital financiero y la gran planta, en el caso valenciano, es el trabajo y la pequeña dimensión de sus plantas los elementos que con mayor precisión explican su fortaleza. Estos elementos vienen a ser fundamentales: pymes y trabajo, porque son éstos, y no otros, sobre los que hay que pensar no tanto en lo que somos, sino concebir qué futuro nos aguarda. ¿Y cuál puede ser ese futuro?

Fue John Maynard Keynes quien planteaba una pregunta semejante, sobre “Las posibilidades económicas de nuestros nietos”, en una conferencia impartida en la Residencia de Estudiantes, en su visita a Madrid en 1930 invitado por la flor y nata de la intelectualidad y la política española del momento. En aquella ocasión Keynes trasladó a la audiencia la idea optimista de que sus nietos (pasados 50 o 60 años del momento en que estaban) encontrarían un mundo feliz derivado del avance técnico y de la mejora en las condiciones de vida de las personas, si bien aquello había que ganárselo, nada iba a ser automático, había que hacer alguna cosa, y tal como avanzara en muchas de sus obras, había que inyectar vida a la economía a través, en su caso y esta era su propuesta, de permitir una mayor liquidez. Hoy nosotros nos hacemos una pregunta parecida sobre la industria y sobre el tejido empresarial valenciano ¿cuál va a ser su futuro, que también es el nuestro? La respuesta va a ser semejante: nada va a ser automático.

La fuerza de los vínculos

Nuestro convencimiento es que las capacidades de la industria valenciana son considerables por la sencilla razón de que posee una estructura que da respuesta a la complejidad del mundo actual. Las exigencias de este complejo nuevo mundo, desde el campo de la demanda son, poder acceder a una serie de bienes y servicios cada vez más diversos y distintos, pero a su vez, instar a que la oferta lo haga con celeridad y presteza. ¿Cómo hacer algo continuamente diferente y hacerlo de manera rápida y flexible? Insisto, la característica de la industria valenciana es precisamente esa, la de tener una estructura basada en multitud de pymes especializadas que se organizan y adaptan entre sí de una manera rápida y continua hasta llegar a los mercados. Profundizando en ello debemos pensar en una gran factoría pero organizada de manera dispersa en el territorio; el territorio pasaría entonces a ser la unidad fabril. En realidad sería como si esa gran fábrica estuviese esparcida en el territorio y estuviese constituida por pequeñas unidades independientes unas de otras, que serían las pymes especializadas; de esta forma, cada una de estas pymes actúa como si se tratase de una de las fases de la cadena de producción. Estas pymes se relacionan intensamente entre sí, de tal forma que a pesar de la libertad de contratación que puede existir entre unas y otras, el 90 % de ellas siempre tienen relación con las mismas empresas, esto es, son siempre los mismos compañeros de la cadena de producción los que se tienen al lado. Además de ello se percibe que la mitad de los productos que elaboran, que transportan, que manipulan estas empresas, son los mismos productos que las otras empresas −sus vecinos− van también a manipular, a reelaborar, a complementar; esto es, son los mismos productos los que se pasan de una fase de la cadena −de una pyme− a la otra fase −a otra pyme−. En definitiva, la virtualidad y el perfeccionamiento de esta forma de proceder productivamente recae en la cantidad y calidad de relaciones productivas que tengan las pymes entre sí.

Y es el territorio el lugar para relacionarse; en este caso estamos considerando al territorio no como agente físico, sino que es el agente facilitador de relaciones. Por ello se advierte que las oportunidades para ser competitiva una empresa no están en su interior, dentro de sus paredes, sino en las posibilidades que puede encontrar fuera de ellas, en las relaciones que tiene con sus vecinos; las ventajas de esta organización no están en las economías de escala de las empresas, sino en las economías externas que sea capaz de dinamizar. Este es el secreto de la competitividad de la economía valenciana, cuanto mayores y más fluidas sean las relaciones inter-empresariales mayores serán las capacidades de flexibilidad, adaptabilidad, celeridad y competencia que se tengan. Y aquí las capacidades que ofrece un territorio en cuestión vienen a ser esenciales.

Cosas que no se ven: la innovación y la política

Cabe subrayar algún otro elemento que resulta olvidado, intranscendente u oculto, y que viene a realzar las bondades que este modelo llega a tener. El primero que destaca es la capacidad de cambio e innovación que internamente arrastra. Cualquier modificación, propuesta de cambio o innovación que sea ideada por una de las pymes −y recordamos que son muchas− y siempre que se observe su efecto positivo, inmediatamente se expande y multiplica por todo el sistema. Es por ello que la propensión al cambio del sistema en su conjunto es mucho mayor que el que ofrece un sistema en el que hubiese una sola empresa para proceder al cambio con unos protocolos muy protegidos y cerrados. En un sistema de pymes como el que se describe, las disposiciones para estimular al cambio y la innovación son muy amplias por el número de sujetos que pueden llevarlo a cabo   −por la cantidad de agentes que están dispuestos a ello−, por la reacción que tienen entre sí las empresas, ya que suelen adaptar y acoplar muchos de los cambios a sus necesidades específicas, además de ajustar el cambio rápidamente a sus ofertas −siempre que se haya dado y haya sido comprobado−. Desde el punto de vista de la innovación, debe calificarse entonces el sistema-pyme como un sistema de innovación continuo, intrínsecamente innovativo, cuyo alcance va a estar determinado nuevamente por el volumen y la calidad de relaciones inter-empresariales que alcance a tener. A veces cabe advertir que encontramos en la organización muchos empresarios y poca innovación; ello va a depender de la actitud social y política que exista en el sistema y en el territorio en el que se desarrolle.    

El segundo de los elementos infravalorados o silenciados en el modelo de pymes se refiere a algo que aparentemente es intrascendente en el campo económico y son sus derivaciones socio-políticas. Poco o muy poco se ha valorado las consecuencias políticas que un sistema de pymes tiene; sin embargo a nuestro juicio estas son esenciales para el funcionamiento económico y no solo. En este sentido, la primera cuestión que destaca es la capacidad de impulso a la creatividad del individuo; la posibilidad de desarrollar sus potencialidades como sujeto no están sometidas a las normas que marca una gran organización, sino que son las que puede desarrollar un individuo a través de sus conocimientos específicos siempre que sean valorados al tratar de integrarlos en el conjunto del sistema-pyme. Esta oportunidad permite que exista una movilidad social que otra organización no consentiría. Consecuentemente entonces las posibilidades de independencia, de alcanzar un status de cierta igualdad, son realizables para los individuos en el marco de un sistema que es abierto a muchas oportunidades. Estamos entonces ante un sistema que tiende a la cohesión social porque es abierto a la capacidad de desarrollar las cualidades positivas que todo sujeto tiene. No obstante, todo ello acarrea una consecuencia en negativo para entender la política, y es que generalmente el sujeto productivo −la pyme− en un sistema-pyme entiende que la intromisión del elemento político es negativa para desarrollar sus intereses particulares. Sin embargo, la acción deliberada de la política lo que vendría es a reforzar las capacidades que el individuo −la pyme− como sujeto tiene; las cosas han podido marchar de una forma determinada sin intervención de la política, pero lo que es cierto es que la política hubiese reforzado lo que de manera autónoma el sujeto ha impulsado en la práctica. Todo ello nos lleva al convencimiento de que la política dirigida a la pyme se convertiría en la mejor política social que se puede diseñar al menos en esta organización. En el País Valenciano olvidar ello, o pretender promover políticas de gran empresa es ir contra la realidad; la dimensión empresarial  no siempre es garantía de rentabilidad económica ni mucho menos social. La pyme valenciana ha servido para dar cohesión y equilibrio a la sociedad lo cual no debe dejarse de lado por la transcendencia social y política que ello tiene.

El pasado fue el trabajo, el futuro será el conocimiento

Todo este cúmulo de aspectos viene a determinar quién tiene el protagonismo del devenir económico valenciano, cómo y sobre quién se debe plantear cualquier actuación o propuesta para modificar la situación en la que se pueda estar, y a su vez, advierte de caminos, formas y oportunidades que se pueden encontrar para implementar posibles acciones de mejora. Sin embargo, una vez identificado el sujeto −la pyme−, y despejadas las incógnitas que permitirían las actuaciones a emprender −las relaciones de las pymes entre sí y con el factor trabajo−, ello no resulta tan sencillo.

Hasta ahora lo que sabemos es que el sistema-pyme sabe producir, sabe qué producir, es una organización con capacidad de innovación, que imprime una cohesión social envidiable y que políticamente ha dado frutos que en cierta medida se califican de positivos. Sin embargo, la pregunta continúa sin responderse, ¿cuál va a ser su futuro? Y la respuesta no puede ser otra que la tratar de mantener una actitud y capacidad de cambio ante las exigencias que la globalización le exige.

La necesidad de preservar el tejido empresarial e industrial es un elemento estratégico para la supervivencia de cualquier comunidad. De hecho es la industria la que crea los empleos de mayor calidad en una economía. Junto a la estabilidad y seguridad en el empleo que tiene la industria frente otras actividades, la industria posee un fuerte impacto innovador que va a esparcirse al conjunto de la economía y de la sociedad. Es por ello que desde diversas instancias se pretende salvaguardar y favorecer su permanencia como objetivo estratégico. Sería el caso de la Unión europea que presenta una  recomendación a sus miembros para el fomento y atención a la industria de tal manera que en el 2020 los miembros de la Unión mantuviesen al menos el 20% de la actividad económica relacionada con la industria. Iniciativas semejantes se pueden observar no ya a nivel comunitario sino por cada uno de los países europeos, caso de Francia Reino Unido o Italia. Una preocupación semejante se menciona en el caso de los EEUU cuando existen iniciativas colectivas en aquel país con el objetivo de relocalizar (retornar) las  industrias manufactureras como  elemento estratégico para mantener y elevar la calidad de los empleos.

En el caso valenciano, no sé si es más sencillo o más difícil de plantear esta atención estratégica hacia el elemento empresarial e industrial, pero lo que sí parece es que es el sujeto −la pyme− y las variables a movilizar −las relaciones inter-empresariales− están identificadas. Ahora se trata de ir modificando algunos de aquellos hábitos que se han tenido como normales. Así, si la forma de concebir la competitividad tantas veces se ha centrado en el factor trabajo y en el esfuerzo en cuanto a alargar las jornadas, o en abaratar costes por la disminución de salarios, de cara al futuro debe ser el conocimiento, el saber-hacer, lo que se introduzca y se difunda como elemento diferenciador del sistema-pyme. En las relaciones inter-empresariales en que se precisa abundar, en la cantidad e intensidad de estas relaciones, de intercambios, de sub-productos que se derivan, es donde se precisa incorporar los conocimientos, las nuevas ideas, las innovaciones, y ya el sistema se ocupará de expandirlas de una forma generalizada y continua. El futuro está en el conocimiento, en la incorporación de este al sistema productivo en cantidad suficiente para poder distinguirse frente a aquellos que insisten en que el trabajo sigue siendo la variable a considerar. El reto entonces está en ver los mecanismos cómo introducir aquel conocimiento que puede ser abstracto o concreto, pero que debe especificarse en cada caso según las necesidades.

*Josep-Antoni Ybarra, Catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de Alicante; experto en política industrial y economía sumergida, ha sido consultor para la OCDE y la OIT en temas relacionados con la pyme.

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