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La tasa turística, a debate

Este tipo de impuesto se lleva aplicando muchos años en otras ciudades europeas. Y en comunidades autónomas, como Cataluña, donde existe el impuesto sobre pernoctaciones en establecimientos turísticos

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San Sebastián estudia implantar una tasa turística para contribuir a sufragar gastos en limpieza o seguridad

San Sebastián estudia implantar una tasa turística para contribuir a sufragar gastos en limpieza o seguridad

El pasado miércoles 17 de agosto, el alcalde de San Sebastián, Eneko Goia, se manifestó  partidario de reflexionar sobre la posible implantación de una tasa turística, que contribuya a sufragar parte de los gastos adicionales que ocasiona en la ciudad el turismo en servicios como la limpieza y mantenimiento de la ciudad o al incremento de los costes derivados del refuerzo de los efectivos de seguridad o movilidad.

Por su parte, el alcalde de Bilbao, Juan María Aburto, ha asegurado que, en la actualidad, el turismo es "un atractivo importante" para Bilbao, y que no tiene lugar "ese debate" sobre un eventual impuesto; aunque también ha afirmado que "lo más adecuado" es que sea el Gobierno vasco el que "lidere" el debate sobre la posible implantación de tasas turísticas en Euskadi. Y el alcalde de Vitoria-Gasteiz, encabezado por Gorka Urtaran, también ve lejos una posible tasa turística para la ciudad.

Casi de inmediato a estas declaraciones y a otras, como las de diversas asociaciones de hosteleros, ha saltado el debate acerca del establecimiento, o no, de una tasa turística (un impuesto en realidad). La posibilidad de implantarla ha tenido un reflejo mediático, antes de considerarse si podría hacerse, o plantearse diversas preguntas como el por qué, para qué podría destinarse, quién va a participar en tal decisión u otras muchas cuestiones.

En la mayoría de los casos, la razón es la necesidad de financiar las acciones necesarias para corregir el impacto ambiental del turismo y salvaguardar en el tiempo la sostenibilidad del destino

Para empezar, diré que no se trata de una cuestión novedosa, ni a nivel internacional, ni a nivel estatal, aunque sí polémica como se ha podido palpar en los primeros compases con las declaraciones de diversas Asociaciones hosteleras y de distintas instituciones. Este tipo de impuesto se lleva aplicando muchos años en otras ciudades europeas. Y en comunidades autónomas, como Cataluña, donde existe el impuesto sobre pernoctaciones en establecimientos turísticos que se concreta en una graduación de la carga tributaria en atención a la categoría del establecimiento, y cuya recaudación va destinada a un fondo de turismo con finalidades de promoción, impulso y desarrollo de infraestructuras turísticas. También existe en Baleares, que se ha aplicado en dos etapas (2002-2003, llamada `ecotasa´, y nueva iniciativa en 2016, `impuesto de turismo sostenible´ que es como se llama ahora, y con diseños distintos. Esta última, la recaudación está destinada a la protección, preservación y recuperación del medio natural, rural y marino; mejora de la calidad y la competitividad del sector turístico; promoción turística; recuperación y rehabilitación del patrimonio histórico y cultural; y mejora de la formación y la calidad de la ocupación del sector turístico. Es decir, con un cierto componente medioambiental, se busca también dar respuesta a las necesidades y demandas del sector turístico.

A nivel internacional, existen dieciocho tasas turísticas en Europa, cuatro en Hispanoamérica, y otras tantas en EE.UU. y en el norte de Africa. En la mayoría de los casos, la razón es la necesidad de financiar las acciones necesarias para corregir el impacto ambiental del turismo y salvaguardar en el tiempo la sostenibilidad del destino.

Por otra parte, a la hora de plantearse un impuesto de este tipo existen unos cuantos interrogantes que convendría despejarlos.

En primer lugar, ¿de qué estamos hablando con la aplicación de una tasa turística? Se trata de un impuesto generalmente de importe fijo que grava las pernoctaciones turísticas y se recauda a través de establecimientos de alojamiento. Consiste en que los turistas costeen una parte de los servicios públicos locales que consumen, destinando lo recaudado principalmente a la promoción turística, o con una finalidad medioambiental, aunque puede haber otras.

En el caso de Donostia, y a la luz de las declaraciones de su alcalde, son varias las preguntas que se pueden plantear: ¿Son solo los turistas quiénes tienen que pagar por su pernoctación? Y, ¿qué pasa con la gente que va por cuestión de negocios, a ver familiares, o de otra índole no turística?

¿Estamos hablando de un impuesto directo que solo afecta a los turistas en el circuito oficial, pero no a los que viajan por libre y alquilan casas particulares o que se alojan con amigos o familiares?

¿Qué se pretende con esta recaudación? En los casos de Baleares y Cataluña, aunque coinciden ambas tasas en la promoción turística, no convergen en otras finalidades. El alcalde Eneko Goia ha hablado de una tasa turística con varias finalidades, pero que no coinciden, por ejemplo, ni con las de Baleares ni Cataluña. Sin duda, a la hora de diseñar un impuesto, y en función también de a dónde se va a destinar el dinero recaudado, habría que articular la participación de todos los agentes que tienen algo que decir y que están implicados en esta problemática.

¿Es la tasa turística una herramienta útil para la sostenibilidad? El alcalde Eneko Goia se ha pronunciado a favor del turismo sostenible en alguna de sus declaraciones. No obstante, la sostenibilidad que se basa en la integración de tres pilares -económico, social y ambiental- es algo más amplio que las finalidades de la tasa turística, que en palabras suyas son “la limpieza y mantenimiento de la ciudad o al incremento de los costes derivados del refuerzo de los efectivos de seguridad o movilidad”. En mi opinión, la sostenibilidad es un requisito imprescindible de futuro a la hora de hablar de tasas turísticas. 

En resumidas cuentas, es interesante lanzar iniciativas para la reflexión, y no dudo de las buenas intenciones del alcalde de Donostia. Aunque parece que la iniciativa está un tanto `verde´, hay tiempo todavía para que con el debate con todos los agentes implicados precisar y concretar las cosas mucho más.

 

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