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Podemos y el "problema catalán"

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Según el CIS de abril, el 22% de los que tienen una intención de votar a Podemos son catalanes. Se trata de un porcentaje considerable, pues este valor se sitúa siete puntos por encima del peso que tiene Cataluña en el censo electoral. Aún no disponemos del barómetro del CIS de julio en abierto, pero la serie parece indicar que el peso de los catalanes en el voto de Podemos ha ido aumentado en los últimos meses.

El atractivo de Podemos en Cataluña se concentra muy particularmente en las elecciones generales (y no tanto en las autonómicas). Desde hace meses, las encuestas otorgan a Podemos la primera posición en Cataluña en unas eventuales elecciones al Congreso de los Diputados. El motivo del particular éxito de este partido se debe en parte a que muchos votantes de la orbita de ERC se pasarían a las filas de Podemos en unas generales. Según los sondeos de GESOP, estos votantes representarían alrededor del 10-15% de los votos que obtenga Podemos en Cataluña en las próximas elecciones generales.

El peso que tiene Cataluña en el electorado de Podemos puede resultar un importante condicionante a la hora de configurar su posición con respecto al debate territorial. En efecto, si Podemos quiere realmente ganarse ese porcentaje de la orbita de ERC debe plantear una posición amable con el nacionalismo catalán. Quizás este haya sido el motivo por el cual Pablo Iglesias se haya mostrado en diferentes ocasiones partidario del derecho a decidir de los catalanes. Si ir más lejos, el pasado 24 de agosto el líder de Podemos afirmaba que su formación se comprometía a “habilitar los cauces que sean necesarios para que los catalanes decidan”.

Afirmaciones de esta naturaleza pueden ser de gran ayuda para atraer a ese nuevo “votante dual” catalán que optaría por ERC en las autonómicas pero estaría dispuesto a pasarse a las filas de Podemos en las elecciones generales. Pero, ¿qué costes electorales le puede conllevar en el resto de España un discurso amable con el soberanismo catalán?

La experiencia del PSOE durante la última década ha demostrado la dificultad de segmentar territorialmente los mensajes políticos. El PP y UPyD fueron muy eficaces a la hora de usar el debate territorial para agrietar el electorado moderado socialista. No es descartable que el encaje de Cataluña en España pueda resultar también un hándicap para Podemos. Según la última encuesta del CIS, un tercio de los españoles (excluyendo Cataluña) que tienen intención de votar a Podemos prefiere un Estado unitario o con unas autonomías con menos poderes, y otro tercio es partidario del status quo. Así pues, un discurso favorable al derecho a decidir no parece que sea, a priori, una posición que se ajuste a las preferencias de sus votantes.

Pero quizás el elemento que más debería preocupar a Podemos con respecto a su posición sobre la cuestión nacional está recogido en el gráfico 1. El gráfico muestra el porcentaje de votantes que, aún asegurando tener intención de votar a Podemos, admiten que su probabilidad de hacerlo no es alta. En otras palabras, se trata del volumen de votantes poco convencidos, que más fácilmente podrían cambiar el sentido de su voto en función de la coyuntura.

podemos

El gráfico muestra tres elementos:

  • 1- En Cataluña, el electorado centralista de Podemos (que prefiere un Estado unitario o autonomías con menos poderes) está más decidido a votarle que su electorado independentista.
  • 2- En el resto de España ocurre lo contrario: el votante menos convencido está particularmente presente entre su electorado menos amante de la descentralización. El porcentaje de votantes poco convencidos entre los partidarios de un Estado unitario o con unas autonomías con menos poderes asciende a casi la mitad.
  • 3- Finalmente, los datos indican que, en promedio, Podemos cuenta un votante menos convencido en España que en Cataluña. La diferencia entre ambos es de diez puntos (33% en Cataluña, 44% en España).

Todo ello configura un escenario complicado para Podemos a la hora de definirse en el debate territorial. Si sólo se centra en Cataluña, Podemos podría estar tentado a tomar una posición favorable a una mayor descentralización para consolidar a ese votante dual proviniente de ERC. El gráfico muestra que el votante independentista está menos convencido, por lo que podría pensarse que es mejor no incomodarle en exceso. Este escenario tiene importantes paralelismos con el del PSC cuando era alguien en Cataluña (lo contaba  aquí hace ya muchos años).

Sin embargo, lo opuesto ocurre si nos centramos en el resto de España, pues el votante menos convencido (y que por lo tanto tiene mayor riesgo de perder) es el que tiene un preferencia por un Estado unitario o con autonomías con menos poderes. Además, los datos muestran indicios de que el voto en Cataluña está más asegurado que en el del resto de España. Todo ello sugiere que una posición excesivamente favorable a la descentralización (sea apoyando el concierto económico para Cataluña o su derecho a decidir) puede ser contraproducente para los intereses electorales de Podemos en el resto del Estado.

En definitiva, Podemos se encuentra en una posición muy difícil en cuanto al debate sobre el modelo territorial se refiere. Al partido de Pablo Iglesias le puede ocurrir lo mismo que al PSOE años atrás: los guiños al catalanismo puede conllevarle costes importantes al resto del Estado. Sólo existe una fórmula para evitar esta situación: el liderazgo. Para ello, Podemos debería asumir los costes a corto plazo de enfrentarse a la opinión pública e intentar arrastrarla a posiciones en las que un entendimiento entre Cataluña y España sea posible. Una tarea ciertamente difícil, pero no imposible.

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