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Nuestro horario, ¿culpable de que eduquemos menos a los niños?

Cuanto más retrasamos la hora a la que sale el sol, más tarde nos levantamos, más se alargan las jornadas laborales y menos tiempo nos queda para cosas tan importantes como jugar, leer y hablar con los niños. Urge un debate serio sobre consecuencias económicas y sociales de nuestro desajuste horario.

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Hace unos días analizamos aquí cómo el desfase entre la hora solar y la hora que marcan nuestros relojes explica parte de las diferencias en la hora de acostarse y, sobre todo, de levantarse entre habitantes de las distintas Comunidades Autónomas dentro de España. Hoy vamos a examinar cómo afecta el particular horario español (donde amanece y anochece casi más tarde que en cualquier lugar del mundo) al modo en que los españoles organizamos nuestras actividades a lo largo del día. Para ello, examinamos si los españoles que se levantan más temprano por estar más el Este hacen cosas diferentes a lo largo del día que los que se encuentran más al Oeste.

Sabemos que la jornada laboral en España se extiende más horas durante la tarde que en países de nuestro entorno. Y por ello, es muy probable también que otras actividades diarias tiendan a postergarse: los españoles cenamos más tarde, y nuestras horas de ocio también se retrasan significativamente. Si todo lo pudiesemos mover a unas horas después, el desfase horario español sería quizás irrelevante. Sin embargo, sucede que hay actividades difícilmente postergables: o lo haces cuando toca, o no lo harás nunca. Parece interesante comprobar si los españoles que viven en zonas más al Oeste, donde amanece más tarde, sacrifican esas actividades difícilmente postergables más que los situados en la costa mediterránea.

De entre esas actividades de ‘ahora o nunca’, hay una que nos interesa en especial: el tiempo de calidad dedicado a la educación de nuestros hijos. Nos referimos no a la educación reglada que reciben durante su horario escolar, sino a su aprendizaje gracias al tiempo que nosotros les dedicamos, jugando, leyendo y hablando con ellos. Los niños tienen unos horarios más rígidos que los adultos; la escuela impone unos ritmos determinados a sus días y, cuando la escuela acaba, el tiempo que les queda disponible es menor que el nuestro, pues necesitan dormir más horas. De hecho, sabemos que su rendimiento y capacidad de atención es también muy sensible al momento en el día en que realizan sus actividades. Y también sabemos que en el desarrollo cognitivo y emocional de los niños depende en gran medida de estas actividades: leer a tus hijos pequeños se ha demostrado una de las cosas más importantes que padres y madres pueden hacer por el rendimiento académico de sus hijos. Y no solo leer. Simplemente dedicar tiempo a jugar y hablar con ellos les hace adquirir las habilidades necesarias para más adelante aprender a expresarse, leer y escribir correctamente. Por todo ello, parece importante indagar si nuestro desajuste horario, además de retrasar nuestra jornada, está afectando a nuestros hijos sin que seamos plenamente conscientes de ello. Veamos qué dicen los datos de la Encuesta de Empleo del Tiempo del INE realizada entre 2009 y 2010.

En España, los padres y madres que trabajan fuera de casa y tienen niños menores de 10 años dedican, en media, unos 25 minutos al día a ‘enseñarles cosas’, y a ‘leer, jugar, hablar y conversar con ellos’. Pues bien, en el gráfico 1 exploramos si existe alguna relación entre la hora a la que sale el sol en la Comunidad Autónoma que viven los padres y madres y el tiempo que dedican a esas actividades con sus hijos.

Gráfico 1. Relación entre la longitud y horas dedicadas a enseñar/jugar/leer/hablar a los niños.


Fuente: Encuesta de Empleo del Tiempo 2009-10, INE. Muestra de personas que trabajan y tienen niños menores de 10 años en el hogar. 

Aunque la relación no es muy fuerte, sí parece existir alguna relación entre las dos variables. Es muy probable que el tiempo que pasas enseñando/leyendo/hablando a tus hijos dependa de otros factores tanto o más que de la hora a la que amanece y anochece en cada lugar. Por ello, para medir el efecto real (neto) de nuestra ubicación geográfica -y el desajuste de nuestros relojes respecto a la hora solar- sobre cuánto tiempo dedicamos a nuestros hijos, es necesario intentar neutralizar esas otras influencias. Para hacerlo, y poder contrastar de forma algo más rigurosa nuestra hipótesis examinamos primero si es cierto que la posición de las comunidades autónomas está relacionada con los horarios laborales y, en un segundo paso, comprobamos si salir de trabajar más tarde implica también menos tiempo ‘de calidad’ con los niños.

Paso 1: ¿Es cierto que cuando el sol se pone más tarde, la gente vuelve del trabajo más tarde también? El grafico 2 muestra que justo ese parece ser el caso: en las comunidades autónomas situadas más al Este se sale antes de trabajar, en media, que en las situadas más al Oeste. Incluso cuando tenemos en cuenta otros factores que afectan al horario laboral como el nivel educativo, el sexo o la edad, y descontamos su efecto sobre el horario de trabajo, la relación sigue siendo significativa: una diferencia en longitud como la que hay entre Cataluña y Galicia está asociada con una diferencia, en media, de casi 40 minutos en la hora de salir de trabajar.

Gráfico 2. Relación entre longitud geográfica y hora de salida del trabajo.


Fuente: Encuesta de Empleo del Tiempo 2009-10, INE. Muestra de individuos que trabajan. La hora de salida del trabajo se ha estimado en un modelo de regresión lineal que tiene en cuenta el sexo, la edad, el nivel educativo y tener hijos menores de 10 años en casa, o no. Las líneas verticales indican intervalos de confianza.

Paso 2: Pero ¿está relacionado llegar más tarde a casa con atender menos tiempo a los niños (en el sentido de pasar menos tiempo realizando con ellos las actividades descritas)? El gráfico 3 pone a prueba esta hipótesis, y muestra que, aunque la magnitud del efecto no es muy grande,  la asociación entre ambas variables es muy robusta y estadísticamente significativa.

Gráfico 3. Hora de salida del trabajo y tiempo ‘de calidad’ dedicado a los hijos.


Fuente: Encuesta de Empleo del Tiempo 2009-10, INE. Muestra de individuos que trabajan y tienen niños menores de 10 años en el hogar. El tiempo de calidad dedicado a los hijos se ha estimado en un modelo de regresión lineal que tiene en cuenta, además de la hora de salida del trabajo, el sexo, la edad y el nivel educativo. Las líneas verticales indican intervalos de confianza.

La última tabla ofrece evidencia aún más contundente sobre la relación entre el desfase horario, los horarios laborales, y el tiempo de atención a los niños. Si examinamos la relación entre ubicación geográfica y tiempo dedicado a la educación de los niños (primera columna), observamos que esta es positiva y significativa. Pero si introducimos como variable explicativa la hora de salida del trabajo (la variable a través de la cual suponemos que se produce esta relación), la asociación inicial desaparece por completo (columna 2). Dicho de otra forma, lo que los datos sugieren es que la situación geográfica hace que unos padres dediquen más o menos tiempo a educar/leer/jugar/hablar con sus hijos porque dicha situación geográfica condiciona los horarios de trabajo de estos padres. Es más, un análisis más detallado de los datos revela que son aquellos padres y madres de niveles educativos más bajos los más afectados por esta relación.

Tabla 1. Relación entre situación geográfica y tiempo de calidad con los niños antes y después de tener en cuenta el efecto de la hora de salida del trabajo.


Fuente: Encuesta de Empleo del Tiempo 2009-10, INE. Muestra de personas que trabajan y tienen niños menores de 10 años en el hogar.

Como decíamos en el anterior post, esto son sólo resultados preliminares de una investigación más detallada sobre las consecuencias del desfase entre hora solar y hora oficial en la organización del tiempo, así que hay que leerlos con cautela. Pero la evidencia parece apuntar en una dirección clara: las decisiones sobre a qué hora tenemos o no luz solar influyen en nuestra forma de organizar el tiempo, y esta organización del tiempo puede tener a su vez importantes consecuencias económicas y sociales. Parecen motivos suficientes para exigir un debate serio e informado sobre esta cuestión.

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