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Los libros me salvaron la vida

Es duro ser adolescente. El proceso, de Kafka supuso para mi un despertar a la literatura adulta. Un hombre con problemas que no es capaz de saber de dónde vienen y empieza a torturarse. Yo estaba pasando por ahí. Es duro ser adolescente y retrón.

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Mi adolescencia. Foto: Mariano Cuesta

Mi adolescencia. Foto: Mariano Cuesta

Pasar páginas, una tras otra. Leer. Absorber conocimientos para sobrevivir. Así pasé buena parte de mi adolescencia.

Ser adolescente es difícil. Ser retrón es difícil. Las dos cosas ni os cuento. La adolescencia es ese periodo entre que eres un niño y dicen que te haces un hombre. Pegas el estirón, te acercas a la sexualidad, tu cuerpo cambia y todo es un festival de hormonas, pero si a eso le unes que tienes un cuerpo que no aceptas porque no entiendes que te haya tocado a ti. Entonces se juntan varios factores difíciles de asumir para alguien que no sabía nada de la vida entonces.

A los catorce años, prácticamente recién llegado a una ciudad inmensa en comparación de donde venía, la vida se hace más complicada. El choque fue muy fuerte, acostumbrado a una ciudad pequeña, donde estaba acostumbrado a todo y todo estaba acostumbrado a mí. Salir de esa zona fue una catástrofe. Tomé conciencia real de que era diferente, sobre todo en el colegio. Yo era el elemento extraño, el nuevo. Si además eres retrón, más llamativo aún. En esa edad uno está conformándose como persona, está trabajando la autoestima y, cuando de repente, sientes que todo el mundo te mira, los fantasmas empiezan a aparecer. Todo en tu cabeza crece exponencialmente, te empiezas a considerar algo malo, huyes de todo, piensas que todo el mundo se fija en ti y que te examina constantemente.

Te preguntas porqué eres diferente, ves que los chicos de tu edad empiezan a salir con chicas y tú ahí, quieto. Das por sentado que nadie va a querer estar con alguien como tú. Si una cosa buena tuvo aquello fue que me refugié en la lectura. Conocí a Kakfa, Camús, Hesse, Stephen King… una gran cantidad de autores en los que encontré refugio, algunos como Kafka me hacían comprender que no estaba solo en mi existencia incomprendida.

Es duro ser adolescente. El proceso, de Kafka supuso para mi un despertar a la literatura adulta. Un hombre con problemas que no es capaz de saber de dónde vienen y empieza a torturarse. Yo estaba pasando por ahí. Es duro ser adolescente y retrón.

A estas alturas de la vida uno se da cuenta de que la adolescencia es un periodo complicado donde se mezclan muchas cosas, entre ellas la inseguridad y la construcción personal. Todo esto aderezado con un cóctel de hormonas de lo más guapo. Una vez pasado todo aquello lo recuerdo como si fuera una pesadilla, quizá como los espejos de los parques de atracciones que deforman la realidad y la situación no era tan grave como lo sentía en ese momento.

La manera de conformar la realidad a través de la experiencia es algo realmente duro, pero de lo que se aprende. Al final uno se da cuenta de que somos nuestro peor enemigo, por mucho que otros nos digan o nos hagan, lo que nos queda es luchar con nuestro propio demonio interior. La vida es demasiado dura, a veces, como para que encima nosotros nos pongamos nuestras propias piedras. De algún modo los libros me salvaron la vida. 

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