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La dudosa historia del farero, héroe de La Desbandá: una investigación no halla pruebas de que existiera

Imagen restaurada del supuesto Anselmo Vilar.

Néstor Cenizo

Málaga —

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La historia del farero de Torre del Mar que apagó la luz del faro para evitar que miles de personas fueran ametralladas por la aviación golpista mientras huían desde Málaga durante la noche probablemente no ocurrió nunca.

Es la conclusión a la que han llegado dos investigadores malagueños que han indagado entre documentos y archivos sin encontrar una sola referencia que permita sostener este relato, divulgado ampliamente en los últimos años; al contrario, las que han encontrado conducen a la conclusión de que es falso.

A grandes rasgos, el relato conocido hasta ahora dice que Anselmo Manuel Vilar García apagó el faro de Torre del Mar los días 6 y 7 de febrero de 1937, salvando la vida de miles de refugiados que se escondían entre las cañas en Torre del Mar y estaban expuestos a los bombardeos de la Armada franquista. Como represalia, fue fusilado cuando los rebeldes tomaron el pueblo.

Su principal divulgador es el periodista veleño Jesús Hurtado, quien asegura que hace más de veinte años un superviviente le contó que el faro se apagó y muchos aprovecharon la oscuridad para esconderse. A partir de ahí, constató con un recorte de prensa la existencia de Anselmo y comprobó que Torre del Mar no fue bombardeada el 6 y el 7 de febrero.

Sin embargo, en el archivo de la Autoridad Portuaria de Málaga consta que el faro de Torre del Mar se activaba automáticamente mediante una válvula solar y estaba asignado al farero de Torrox, Miguel Pérez Ruiz. Los faros de la República se apagaron, todos, para no facilitar los ataques del enemigo. Y no hay referencia alguna en media docena de archivos a Anselmo Manuel Vilar García y mucho menos a su supuesto fusilamiento.

Desde 2025 el lugar donde se ubicaba el faro está reconocido como Lugar de Memoria, hito del recorrido de La Desbandá, como se conoce al éxodo, persecución y masacre que sufrieron entre 150.000 y 300.000 personas en la carretera entre Málaga y Almería en febrero de 1937. Fuentes de la Secretaría de Estado de Memoria Democrática explican que no se está considerando su retirada porque se reconoce el faro como “símbolo de la orden de apagarlos [por parte de la República] para proteger a la población civil” y no al farero, precisamente por las dudas sobre su existencia y participación.

Faro automático

La historia del farero que apagó la luz y fue fusilado por ello despierta recelos entre algunos historiadores desde hace años. Manuel Lloret y José María Azuaga decidieron acudir a las fuentes documentales. Les chirriaba que se basara en supuestos testimonios orales recopilados por un investigador y periodista local, sin apenas apoyo documental consistente.

Durante meses rastrearon hasta media decena de archivos, de Sevilla a Salamanca, sin hallar nada, y publicaron un artículo en una revista editada por la Sociedad de Amigos de la Cultura de Vélez-Málaga, con un título prudente: “Dudas sobre el apagado del faro de Torre del Mar por el farero Anselmo Vilar García”.

Hasta entonces seguían topando con un muro en el último lugar donde podían estar las claves: el Archivo de la Autoridad Portuaria de Málaga. Pero tras reclamar ante el Defensor del Pueblo, el pasado noviembre lograron acceso a 309 documentos relativos al faro de Torre del Mar. Y allí volvieron a encontrar cero evidencias de que Anselmo Manuel Vilar García apagara la luz en febrero de 1937, de modo que elaboraron un nuevo informe, ya más contundente, en el que concluyen que la historia es falsa.

Allí se cuenta que el faro de Torre del Mar era automático y desde 1935 lo operaba Miguel Pérez, farero de Torrox, desplazándose cinco veces al mes para ponerlo a punto a cambio de 50 pesetas trimestrales. Hurtado rebate que esto no implica una total ausencia de intervención humana, sino al contrario. Otro documento firmado por Pérez da cuenta del apagado a las 8:30 del 15 de enero de 1937 “por orden telefónica” del Gobernador civil. Hasta el final de la guerra todos los faros de Málaga permanecieron apagados, según Lloret y Azuaga.

Sin referencia a Anselmo Vilar en los archivos

La propia existencia de un farero llamado Anselmo Vilar está en cuestión. En ninguno de los fondos documentales consultados aparece persona alguna de tal nombre o similar. No consta en las fichas de todos los procesados y denunciados en la provincia de Málaga, ni entre los expedientes personales de los funcionarios del Estado que se guardan en el Archivo General de la Administración del Estado en Alcalá de Henares.

En oposición, Hurtado esgrime un recorte que da cuenta de una suscripción popular para los soldados españoles en África en octubre de 1921, 16 años antes: “D. Anselmo Vilar García, que contribuyó con dos días de su sueldo como Farero de Torre del Mar”. “Anselmo existió”, sostiene, “era el segundo farero”. “Yo no me levanto una mañana y me invento un héroe”, protesta.

En la única foto difundida, el supuesto Vilar viste un uniforme que nada tiene que ver con el de ver con el regulado en el Reglamento e Instrucción para el servicio de los torreros de faros: “Una levita corta de paño gris oscuro con cuello y solapas vueltas”. Hurtado explica: “La foto me la pasó un secretario del Vélez CF, porque su padre era muy amigo, y es de cuando estaba haciendo el servicio militar”.

Y sobre la falta de constancia documental de su fusilamiento, el autor de la investigación original replica que la falta de procedimiento o registro es habitual en acciones represivas.

Apagado de los faros en toda la costa

Hurtado dice que recibió un texto enviado por el hijo de un tripulante del Cervera en el que se recoge lo que este anotó. Tras hacer constar el júbilo por la toma de Málaga (con “brandy y puros”), dice: “Se informa de la dificultad para encontrar el enclave de Torre del Mar, al apagar su torrero la situación de su faro”.  

Los buques de guerra Canarias y Cervera, junto a aviones, durante el mayor crimen de guerra del franquismo. / Archivo Rafael Molina

Entre 150.000 a 300.000 personas, según las investigaciones publicadas, huyeron en aquellos días por la carretera Málaga-Almería, mientras eran bombardeados por los buques Almirante Cervera, Canarias y Baleares (tal y como consta en su cuaderno de bitácora); ametrallados por los Fiat italianos y los Heinkel alemanes (según fotografías de la época); y perseguidos por la soldadesca alentada por las arengas radiofónicas de Queipo de Llano.

Sin embargo, no hay constancia de ataques nocturnos. De la documentación del Archivo General de la Marina se extrae que los buques se retiraban a alta mar al caer el sol. Supervivientes relataron años después que aprovechaban la noche para avanzar en el camino.

Los faros de la España republicana se apagaron desde Málaga a Cataluña, pero no por la decisión particular de algún farero, sino por orden del Gobierno republicano para evitar que la armada golpista tuviera referencias. Si se apagaron faros tan lejanos del frente como el de Valencia o el de Carboneras, y también la Farola de Málaga, ¿por qué iba a seguir encendido el de Torre del Mar, a cinco kilómetros del aeródromo de Vélez-Málaga y unos 30 del frente?, se preguntaron los investigadores.

“No puede borrar una memoria social sostenida”

La historia del farero de Torre del Mar ha sido ampliamente por medios de comunicación. La primera referencia data de mayo de 2018 en El Faro de Vigo. Ese mismo año el grupo de IU en Vélez-Málaga pidió dignificar la figura de Anselmo Vilar García con un reconocimiento público. En los años siguientes fue difundida por asociaciones memorialistas y la bola fue creciendo hasta tomar vida propia. Este medio se sumó en febrero de 2022, año en que los senderistas que recorren la carretera en recuerdo de los bombardeos hicieron parada en el faro.

Hurtado subraya que su investigación fue honesta, exhaustiva (con limitaciones que hoy no existen) y que siempre advirtió que se basaba en testimonios orales, tomados “sin grabadoras, sin redes, sin interés mediático” a mayores que le repetían “sin contradicciones sustanciales” relatos “asociados a la idea de que el faro se apagó para no facilitar referencias nocturnas”.

“El artículo reciente desmonta una certeza administrativa, pero no puede borrar una memoria social sostenida durante décadas. Mi investigación no pretendió jamás cerrar una verdad absoluta, sino rescatar una historia que un pueblo ya contaba cuando nadie miraba. Que hoy se aporten documentos que no lo mencionan no invalida lo que un pueblo recordó durante décadas”, ha escrito ahora Hurtado. “Hay muchas cosas que sólo recogen testimonios orales”, explica a este medio, aunque admite que de haber conocido los documentos de la nueva investigación quizás él también hubiera dudado.

Reconocimiento del faro como Lugar de Memoria

Lloret y Azuaga han comprobado en sus carnes la sensibilidad con el tema. “Yo comenté nuestra investigación durante un acto en el Rectorado y me tacharon de revisionista y de hacerle juego a la ultraderecha”, lamenta Lloret, que admite la instrumentalización que pueden hacer algunos revisionistas con material dudoso, incompleto, erróneo o falso, y por eso reivindica el rigor en las investigaciones y cuidarse del sesgo de confirmación.

En marzo de 2024 presentaron alegaciones y documentos a la Secretaría de Estado de Memoria Democrática, que acabó incluyendo al faro de Torre del Mar en la Declaración de la Carretera Málaga-Almería como lugar de Memoria. Se reconoce que “el apagado del faro los días 6 y 7 de febrero de 1937 imposibilitó que los barcos sublevados bombardearan la costa, salvándose de esta manera la vida de miles de refugiados que se apostaban en Torre del Mar. Como represalia, los cruceros Canarias y Baleares bombardearon la costa de Torre del Mar la mañana del 8 de febrero”.

En la secretaría de Estado admiten que es una decisión “salomónica” ante la falta de soporte documental. En los últimos años, la asociación La Desbandá ha evitado hacer un alto en este lugar.

“La Desbandá tiene que ser recordada, y las personas que la sufrieron, homenajeadas”, escriben en su primer texto sobre el farero: “Contar todo esto es imprescindible; constituye una seria responsabilidad, un deber de memoria. Pero necesitamos hacerlo con rigor histórico, con datos demostrados. La búsqueda de la verdad es también un homenaje a las víctimas, sin esa verdad, no se podrá lograr la justicia, ni la reparación a las víctimas”.

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