El último farero de Almería lucha por mantener el museo marítimo que creó en el faro de Carboneras
Cuando Mario Sanz bajó las escaleras de su faro y cerró la puerta por última vez, supo que algo de la memoria colectiva se estaba perdiendo. A sus 65 años, se jubiló el pasado septiembre como uno de los últimos fareros de Andalucía, tras más de tres décadas en el faro de Mesa Roldán, en Carboneras y en pleno corazón de Cabo de Gata en Almería. Consciente de la caducidad de su tarea, Mario comenzó a recopilar todo tipo de artefactos marítimos relacionados con su profesión y los fue ordenando hasta configurar un museo único que con su jubilación se ha quedado en el aire. Por ello, lucha para que no se pierda y siga abierto al público.
Porque el museo del faro de Mesa Roldán corre el mismo riesgo de desaparición que el empleo del propio Mario Sanz. De hecho, él mismo empezó a trabajar en este lugar apenas unos meses antes de que en 1992 el llamado Cuerpo de Técnicos Mecánicos de Señales Marítinas –tal y como se conoce a los fareros– se extinguiese. Convencido de su papel de “guardián de la memoria”, Sanz decidió desde ese instante guardar todos los recuerdos de valor y, junto a cuadros y otras obras de arte, configurar un espacio museístico que, sin la presencia de un farero, queda a expensas de la Autoridad Portuaria de Almería (APA), responsable de la gestión de este faro.
Desde el adiós de Mario Sanz, es la APA la que hace el mantenimiento de un edificio que sigue guiando a los barcos, aunque ahora de forma automática. También es la Autoridad Portuaria la encargada de abrir y cerrar al público las visitas interesadas en conocer el museo que Sanz fue creando durante más de 33 años. Sin embargo, como no hay nadie permanente en el faro de Mesa Roldán, las visitas se limitan a dos o tres veces al mes y siempre previa cita concertada. Algo que contrasta con la actividad que hasta septiembre había en este espacio museístico: abierto de forma continuada y con una clara vocación educativa y divulgativa.
No en vano, durante esas tres décadas, Mario Sanz no sólo se ha ocupado de encender y vigilar una luz fundamental para la navegación, sino que ha convertido el faro en un espacio vivo. Allí se han organizado presentaciones de libros, exposiciones temporales de pintura y fotografía, talleres y visitas escolares. Todo ello de manera gratuita. “Hemos estado abriendo el faro a todo tipo de visitas y haciendo actividades culturales durante más de treinta años”, recuerda Sanz. El resultado es una colección de más de 3.000 piezas vinculadas al mar, a la señalización marítima y a la historia de los faros, reunidas sin financiación específica y a lo largo de toda una vida profesional.
Guardián de la memoria
El origen del museo está íntimamente ligado a la desaparición del propio oficio. “Llegas a un sitio que se está acabando, que ya declaran a extinguir, y sabes que vas a ser el último que va a haber en este faro”, explica. “Te quedas un poco como guardián de la memoria: si no guardo yo las cosas, se va a perder todo”. Así empezó a conservar equipos antiguos, documentación, herramientas y objetos cotidianos del trabajo en los faros, ampliando después la colección hacia el arte, las maquetas y los archivos históricos, incluidas fotografías de antiguos fareros y fareras de toda España.
Por eso, el cierre de facto del museo tras su jubilación ha generado preocupación en Carboneras. La asociación Amigos del Faro de Mesa Roldán, de la que el propio Sanz es presidente y que cuenta con más de 700 personas asociadas, alerta de que el actual sistema de visitas limita gravemente el acceso. “Antes estaba abierto de manera permanente y la mayor parte de las visitas se concentraban los fines de semana”, explican desde la entidad. Ahora, las aperturas se producen entre semana y dependen de que un funcionario se desplace desde Almería para abrir el edificio.
Desde la asociación insisten en que el problema no es la falta de interés social, sino una decisión administrativa que deja sin uso cultural un edificio histórico. El faro de Mesa Roldán fue construido en 1863, tiene más de 160 años y se alza a 210 metros sobre el nivel del mar, dentro del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar. Un enclave privilegiado que, además de su valor patrimonial, se había consolidado como un atractivo turístico para el municipio.
El Ayuntamiento de Carboneras comparte este diagnóstico. Fuentes municipales señalan que el Consistorio considera el faro “un elemento de gran valor turístico y cultural” y se muestra dispuesto a alcanzar un acuerdo con la Autoridad Portuaria de Almería para que pueda seguir siéndolo. Para ello, admiten, será necesario encontrar una fórmula de gestión adecuada, pero aseguran que el apoyo municipal será total para mantener abierto el museo y preservar la actividad cultural asociada al faro.
Un sueño complicado
La Autoridad Portuaria de Almería, por su parte, defiende que el faro de Mesa Roldán es una instalación de dominio público portuario y una señal marítima en activo, cuya gestión corresponde exclusivamente a la APA y a personal técnico cualificado. Desde el organismo sostienen que el faro es visitable mediante un sistema de visitas previa solicitud, similar al de otros faros bajo su competencia, y que no se han perdido visitas, sino que se organizan conforme a un calendario establecido.
En cuanto a la posibilidad de ceder la gestión del museo a terceros, la APA la descarta al considerar que no es legalmente viable, al formar parte de una instalación portuaria en funcionamiento. Una interpretación que choca con la visión de quienes han sostenido durante años el proyecto cultural del faro y con la del propio Ayuntamiento, que reclama una mayor flexibilidad para garantizar su apertura regular. En todo caso, desde el Consistorio existe la voluntad de intentar llegar a un acuerdo con la APA y desde la asociación cultural del faro no descartan tomar otro tipo de acciones para lograr su cometido.
Mientras las administraciones deciden qué hacer con el faro, el futuro del museo marítimo de Mesa Roldán sigue en el aire. Para Mario Sanz, la cuestión va más allá de su historia personal: “Es un desperdicio total de espacio y de todo el trabajo que se ha hecho durante años”. Tras décadas cuidando de una luz pensada para orientar a otros, el último farero de Mesa Roldán pide ahora que no se apague la del patrimonio común.
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