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Las elecciones son ya siempre a doble vuelta: en las urnas y en los pactos

Con cinco partidos de ámbito estatal en liza, las autonómicas y las municipales de mayo próximo se ganarán y se perderán no sólo en las urnas, sino también y sobre todo en los pactos posteriores. A PSOE y a PP les puede pasar lo contrario a lo que les ocurrió en 2015

Imagen de una urna en un colegio electoral de Barcelona. EFE/Archivo

EFE/Archivo

Las anteriores elecciones autonómicas en 13 comunidades y municipales en toda España, celebradas el domingo 24 de mayo de 2015, supusieron todo un vuelco de poder, el último del viejo mundo del bipartidismo y el primero del nuevo sistema con ya cuatro partidos de ámbito estatal con apoyo electoral suficiente como para hacer o deshacer gobiernos. Las próximas elecciones autonómicas y municipales, el 26 de mayo próximo, probablemente dejen pequeñas a aquellas en impacto sísmico en el mapa político y en reparto de poder. Cinco partidos de ámbito estatal -PSOE, PP, Podemos, Ciudadanos y Vox-, o seis si IU va finalmente por su propio camino, llegan a ellas con posibilidades de tocar poder o de decidir quién lo ejerce.

Las de 2015 fueron un desastre para el PP, que entonces era el partido dominante. La formación que en aquel momento lideraba Mariano Rajoy perdió los gobiernos de la mayor ciudad española, Madrid; de la tercera, Valencia; de la cuarta, Sevilla; de la octava, Palma de Mallorca; de la novena, Las Palmas; de la undécima, Alicante; de la duodécima, Córdoba; de la decimotercera, Valladolid... Hasta la cita con las urnas, el Partido Popular gobernaba en diez de las quinces ciudades más pobladas, y solo mantuvo el poder en dos: Málaga y Murcia. Esas ocho grandes ciudades que perdió sumaban 7.551 millones de euros de presupuestos y 6,4 millones de habitantes.

El vuelco en las comunidades autónomas no fue menos grave para el Partido Popular. Gobernaba en 10 de las 13 comunidades que celebraban elecciones en mayo de 2015, y solo mantuvo el poder en 4: Comunidad de Madrid, Castilla y León, Murcia y La Rioja. Las que perdió -Comunidad Valenciana, Castilla-La Mancha, Extremadura, Aragón, Baleares y Cantabria- sumaban entonces 11,2 millones de habitantes y nada menos que unos 42.560 millones de euros de presupuestos.

Los más beneficiados en aquel vuelco fueron el PSOE en las comunidades autónomas y el PSOE y las nuevas formaciones de izquierda (Podemos, Compromís...) en los grandes ayuntamientos.

La clave no fue tanto el resultado concreto en votos en el día de las elecciones como los pactos que cerraron en las semanas siguientes los dos grandes partidos del bipartidismo, PP y PSOE, con las dos formaciones emergentes, Podemos y Ciudadanos. Los socialistas lograron más alianzas que los populares, que vieron así cómo un resultado que parecía aceptable en votos (el PP obtuvo el 27,05% de los sufragios en el total de las municipales, frente al 25,02% de los socialistas) se convertía en un desastre sin paliativos cuando se formaron los gobiernos. "Hemos ganado las elecciones", proclamaba Rajoy la noche electoral. Habían ganado esa noche en votos, sí, pero en pocos días vieron que habían perdido muchísimo poder. 

Salvando las distancias, el 26 de mayo próximo puede pasar algo parecido, pero con los actores cambiados y el escenario mucho más complicado, pues ahora hay un jugador más. La mayoría de las encuestas apuntan que el PSOE será en el total el partido más votado; que el PP de Pablo Casado caerá bastante; que Ciudadanos subirá tanto que le disputará al Partido Popular la hegemonía de la derecha; que Podemos dependerá mucho de cómo cierre o no cierre sus grietas internas; que Vox entrará con bastante fuerza en algunos territorios...

El escrutinio de la noche del 26 de mayo será la primera vuelta de las elecciones. Pero no será la definitiva. Todo indica que el nuevo sistema, el pentapartidismo, con cinco partidos de ámbito estatal relevantes, va a obligar a pactos de por lo menos tres socios, o dos en el Gobierno y un tercero apoyando desde fuera del Ejecutivo, y que en esa segunda vuelta probablemente le vaya mejor al PP, que pese a su caída tiene posibilidades de tocar poder donde ahora no lo tiene, que al PSOE, que como le ha pasado en Andalucía puede perder gobiernos pese a ganar la primera vuelta.

El árbitro y la bisagra, también como en Andalucía, será Ciudadanos. No es descartable que si suma con el PSOE lo apoye a este en algunos Gobiernos, pero es improbable que lo haga si el pacto requiere una tercera pata, la de Podemos. Es más probable que pacte y dé o lidere mayorías a su derecha, con PP y -entre disimulos- con Vox. El Ciudadanos y el Albert Rivera de hoy están mucho más escorados a la derecha que hace unos años, cuando se proclamaban socialdemócratas, coqueteaban con el PSOE del primer Pedro Sánchez y eran vistos en las encuestas como fenómenos de centro. Hoy juegan a ser si no el centro si al menos el central de cinco partidos... desde la derecha. El árbitro, en conclusión, tiene una indisimulada querencia por una parte del tablero, y lo previsible es que en la segunda vuelta de las elecciones del próximo 26 de mayo, la de los pactos, la derecha aumente su cuota de poder.

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