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ENTREVISTA | Juan Ignacio Cortés

"El abuso sexual a menores no deja de ser corrupción y la Iglesia no ha reaccionado de manera ejemplar"

Este periodista, oriundo de Guadalajara, acaba de publicar el libro 'Lobos con piel de pastor', una investigación sobre la pederastia 

"El libro no está escrito para molestar sino para hablar de un tema del que es necesario hablar", asegura

En España se conocen 50 casos: "Todos sospechan que no son los únicos"

"Es difícil no interpretar como desprecio algunos gestos de la Conferencia Episcopal Española. Ignoran totalmente a las víctimas, a las que cosifican"

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Juan Ignacio Cortés, periodista autor de 'Lobos con piel de pastor'

Juan Ignacio Cortés, periodista autor de 'Lobos con piel de pastor' Foto: Editorial San Pablo

Juan Ignacio Cortes (Guadalajara, 1970) acaba de publicar ‘Lobos con piel de pastor’ (Editorial San Pablo), un libro que aborda la “pederastia y crisis en la Iglesia católica” a través de la investigación periodística y que no pretende “molestar” pero sí convertirse en toque de atención contra esta lacra de que en España apenas han aflorado medio centenar de casos.

El libro se presenta el 23 de mayo, a las 19.30 horas, en la librería San Pablo de la  madrileña plaza Jacinto Benavente. Este periodista, con dilatada experiencia, especializado en periodismo social y religioso se ha adentrado en el “horror” de los abusos sexuales en el ámbito de la Iglesia, en particular en España, huyendo del morbo pero sin ahorrar calificativos para una jerarquía eclesiástica que no termina de reconocer sus propios pecados.

Algunos ejemplos ya escandalizaron en Castilla-La Mancha. El del sacerdote de Mota del Cuervo (Cuenca), Francisco Javier Liante condenado a finales de los 90 por los abusos a un niño además de las sospechas (no demostradas)de haber hecho lo mismo con otros cuatro de sus hermanos. O el caso más reciente en Ciudad Real. En 2016, la Diócesis de Ciudad Real denunció sus sospechas ante "ciertos comportamientos" de un sacerdote encargado del grupo de alumnos de la ESO en el Seminario.  El caso aún no se ha cerrado.

 

¿Qué le impulsó a escribir el libro?

El libro nace de un encargo que me hace Mª Ángeles López, en aquel entonces directora de la Colección Alternativas de la Editorial San Pablo y que ahora es directora editorial. Ella es periodista, una cristiana muy comprometida y muy crítica. De ahí esta especie de cosa sorprendente, que sea una editorial católica la que encarga un libro sobre el mayor escándalo que ha afectado a la Iglesia católica en los últimos siglos.

Creo que es un gesto valiente, los creyentes dirán que profético y creo que ahora mismo es lo que está faltando en muchas iglesias, entre ellas la española: hacer limpieza, mirar en los cajones, sacarlo a la luz, pedir perdón y cuando sea posible, reparar. Desde luego guardar memoria del horror.

Es la primera investigación sobre la pederastia de la Iglesia en España. No hay mucha documentación como usted reconoce. El libro se basa sobre todo en testimonios. ¿Qué ha sido lo más complicado?

Por un lado enfrentarse a un tema duro, antipático, escabroso, que está lleno de dolor. En la primera entrevista que tuve con una de las víctimas fui incapaz de entrar en detalles y de tomar notas conexas. Estaba impactado. Al revisar las notas no tenía nada y al mismo tiempo tenía muy vivo el horror que me había producido su historia.

Después es realmente complicado saber el número exacto de víctimas. En cualquier sitio. El libro tiene una parte global y en otra trata de averiguar lo que pasa en España. Aquí se conocen unos 50 casos que han salido a la luz. Unos han derivado en procesos canónicos y otros en la justicia ordinaria. Todo el mundo sospecha que pueden no ser los únicos.

Señala en su investigación que los conocedores del tema pronostican una futura explosión de casos conforme se “normalicen” las denuncias. ¿Cree que se puede llegar a cuantificar la verdadera magnitud de los abusos a menores?

Ahora mismo desde luego no. Nos tenemos que quedar con la sospecha. El único estudio cuantitativo que hizo el profesor Félix López, de la Universidad de Salamanca, a principios de los 90, se basaba en una encuesta a 1.000 personas sobre lo que los adultos encuestados recordaban de la infancia. Es antiguo y con una muestra muy pequeña según la cual, el 20% de los españoles tenía recuerdo de haber sido abusado siendo menor. Y el 4% lo recordaba vinculado a una persona religiosa.

Es solo una idea de la dimensión que podría alcanzar pero es imposible saberlo. Hay una investigación científica de Gema Varona, del Instituto de Criminología del País Vasco que no contó con la colaboración de la Iglesia. Su única conclusión es que hay un grado enorme de criminalidad oculta relacionada con abusos a menores en cualquier ámbito, no solo en la Iglesia Católica.

Muchos morirán sin que sea reconocida su condición de víctima, sin que se les pida perdón y sin ser indemnizados.

¿Nos podemos llegar a sorprender en Castilla-La Mancha?

No lo sé. Nos podríamos sorprender en todas partes. En Castilla-La Mancha ha habido varios casos como el de Ciudad Real, sacado a la luz por el propio Obispado, algo que le honra. O en Cuenca, hace unos años. Se dan pasos hacia una mayor transparencia que viene desde el Vaticano. Cómo se aplique eso en las distintas iglesias locales, es distinto.

En todos los países se repite el mismo esquema. Se habla de cuatro sacerdotes desequilibrados pero vemos casos como los de Irlanda, Estados Unidos, Australia, Alemania, Bélgica…con centenares de víctimas y abusadores.

“Mi libro no está escrito para molestar sino para hablar de un tema del que es necesario hablar”

Afirma en el libro que ha prevalecido la idea de que los abusos a menores no son un problema tan extendido aquí como en los países anglosajones porque en España se ha dicho que son casos de “cuatro curas sirvengüenzas”. Su libro seguramente le duela a la España católica

Portada del libro 'Lobos con piel de pastor'

Portada del libro 'Lobos con piel de pastor'

  No lo sé. No está escrito para molestar sino para hablar de un tema del que es necesario hablar. Cuando hablé con la primera víctima pensé que lo tenía que escribir para honrar la confianza que había puesto en mí para contarme una historia tan terrible y que merece ser contada de la forma más neutral posible.

Es inevitable ponerse de parte de las víctimas, pero no es un libro contra los verdugos sino para que tengan la oportunidad de pedir perdón. Ójala que contribuya a cambiar las cosas porque creo que enfoque de la  Iglesia, en concreto en nuestro país, no es el mejor. Negar un problema que está ahí y que no sabemos hasta dónde puede llegar…

Las víctimas no solo no se sienten apoyadas sino que creen la Iglesia les ha manipulado, les ha engañado, no ha pedido perdón sincero…Ni siquiera les ha prestado el apoyo pastoral que merecen.

¿Qué factores cree que han incidido en que la proliferación de la pederastia en la Iglesia Católica se haya venido produciendo, de forma sostenida, hasta nuestros días y además bajo una especie de ley de silencio?

Hay muchos factores. Hay un componente sexual pero también de abuso de poder. También con una concepción de una Iglesia de jerarquía, una institución casi monárquica en la que el Papa es el Rey, los obispos y cardenales la nobleza y los fieles, incluidas las religiosas, los siervos.

La ley del silencio está muy unida al sentimiento de casta superior. Una especie de hombres con superpoderes, que están ungidos y son intocables. En ciertas personalidades narcisistas propicia ese “yo lo valgo, yo tengo derecho a esto”. O el celibato.

Después ese entramado de secretos propiciado por las propias disposiciones vaticanas según las que si eres testigo o víctima, has de guardar silencio bajo pena de excomunión. Eso no ayuda a que los casos salgan a la luz. El abuso sexual a menores no deja de ser corrupción y la Iglesia no ha reaccionado de manera ejemplar. 

Sugiere también que las consecuencias económicas para la Iglesia han influido en el pacto de silencio sostenido a lo largo de las últimas décadas ¿Por qué?

Porque la Iglesia, creo hasta 2012, había pagado más de 3.000 millones en todo el mundo en indemnizaciones a víctimas. Hay un componente económico. La Iglesia es responsable subsidiaria de las acciones de sus sacerdotes. No es el más importante pero es uno más para ocultar los abusos.

En algunos casos que se han hecho públicos, algunos abogados de la Iglesia han acusado a los padres de las víctimas de desatender a sus hijos y de ser, por tanto, responsables también de los abusos. Eso es un ejercicio de cinismo muy grave. Son tácticas que tienen un impacto muy duro en las víctimas y sus familias. El abuso sexual a menores no deja de ser corrupción y la Iglesia no ha reaccionado de manera ejemplar.

Hay un capítulo titulado ‘Pederastia y homosexualidad’ en el que se explica que la mayoría de los abusados en el seno de la Iglesia han sido niños y no niñas. Es un fenómeno que usted explica como algo más complejo de lo que parece…

He recurrido a la opinión de expertos. Los homosexuales, con gran hipocresía de la Iglesia Católica en muchos casos, han sido utilizados como cabeza de turco y no es justo. Cuando comenzaron a conocerse casos de abusos, se dijo que era un problema de sacerdotes homosexuales que eligen parejas demasiado jóvenes. No dejan de ser abusos.

Hay más víctimas de sexo masculino que femenino por una cuestión de disponibilidad. En colegios segregados por sexo, los curas tenían más acceso a los niños que las niñas. En caso de sacerdotes pederastas que ejercen en parroquias han abusado de ambos.

Ha habido una visión medieval o premedieval, en la que la sexualidad es algo malo y sucio que solo tiene sentido para procrear, Sigue siendo, con matices, la teoría oficial de la Iglesia, lo cual es muy triste en pleno siglo XXI.

El Papa Francisco ha planteado  que los delitos cometidos por curas pederastas no prescriban nunca.  ¿Cree que es un síntoma de que las cosas en la Iglesia están realmente cambiando?

Las cosas empezaron a cambiar con Benedicto XVI. Con Francisco también más allá de tropezones como el de Chile. La voluntad de luchar contra la pederastia de este Papa es clara. Lo que pasa es que al final es una figura política y posiblemente en muchas cosas, son elucubraciones claro, le gustaría ir más deprisa.

En el tema de prescripción de los casos, la Iglesia tiene una política mucho más en favor de las víctimas que la propia Justicia civil donde los casos prescriben como máximo a los 15 años y en la Justicia eclesiástica prescriben a los 20 desde que la persona cumple la mayoría de edad. Incluso puede ser levantada por el Papa o por la Congregación de la Doctrina de la Fe y así ocurre en muchos casos.

¿Cree que es prioritario para la Conferencia Episcopal Española poner fin, con claridad, a una lacra reconocida desde el Vaticano?

No…Parece que no…No he hablado con los obispos ni con ningún portavoz de la Conferencia Episcopal sobre el tema, a pesar de que lo solicité… Si juzgamos por lo que hacen y por aquello de ‘obras son amores y no buenas razones’, no.

Es difícil no interpretar como desprecio algunos gestos de la Conferencia Episcopal Española, que tiene  en su página web los protocolos de actuación ante casos de abusos sexuales a menores que son insultantes. Ignoran totalmente a las víctimas, las cosifican, aparecen como los enemigos. Hay una mirada mucho más compasiva hacia los sacerdotes acusados de pederastia.

Eso tiene que  cambiar y es fácil. La Comisión Pontificia para tutela de menores creada por Francisco hace tres años en su día estableció modelos de protocolos muy completos que podrían servir a cualquier iglesia, colegio, congregación o incluso a la comunidad. Bastaría con que la Conferencia Episcopal los colgase en su web para mostrar una cara más misericordiosa, aunque fuera por cuestión de imagen.

¿Vive la Iglesia Católica en España una encrucijada en torno a la pederastia? ¿Es un momento clave?

Sí,  fíjese en lo que está ocurriendo con los obispos chilenos que han ido a Roma. De alguna manera han sido castigados de cara a la pared por el Papa por sus medias verdades, ocultando casos… Si la Iglesia española no actúa, a lo mejor dentro de unos años son los obispos de aquí los que han de ir a Roma.  Las víctimas necesitan justicia y reparación. 

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