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Javier Cabo, el sindicalista con ELA nombrado Hijo Predilecto de Alicante: “Me veo viviendo 20 años más”

Javier Cabo, en su domicilio.

Emilio J. Salazar

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“Me caía muchas veces”, recuerda ahora Javier Cabo. “Caminaba muy raro y pensé que había algo que no me gustaba”, añade su mujer, Gladys. Después de varios años de sospechas, le diagnosticaron esclerosis lateral amiotrófica (ELA) y tres años de esperanza de vida. Han pasado 20. Con 70 años recién cumplidos nos recibe en su casa de Alicante horas después de haber asistido virtualmente al pleno de la capital de provincia donde todos los partidos, pese a la abstención de Vox, le han otorgado a este histórico sindicalista el título de Hijo Predilecto de la ciudad, distinción que va a compartir a título póstumo con otro destacado sindicalista, el que fuera 20 años líder comarcal de CCOO José de la Casa, que falleció en febrero de este año.

Con voz pausada y desde el sofá del salón, responde a la primera pregunta con fuerza: “Estoy muy bien, con muchas ganas de vivir”. Tendría motivos para no estarlo. Desde marzo, a raíz del confinamiento y de las restricciones, ha perdido movilidad en las piernas y ya no puede bajar las escaleras solo; y su madre falleció en mayo. Pero no. Tiene clara la máxima que le dijeron en su primera consulta médica en Madrid. “Tengo que estar activo para no deprimirme porque si caigo, me voy al hoyo”, señala.

Y así es todos los días, con una rutina física y mental que incluye nado, cincuenta sentadillas, pesas, teclado del ordenador, lecturas con el libro electrónico que le regaló su hija Megan... “Por lo general, los únicos dolores que tengo son de las agujetas por el fisio”. Un hombre activo, pero también activista. Con su silla eléctrica lleva años sin faltar a una manifestación, la última, la del pasado 8 de marzo. Ese compromiso político le había llevado a la secretaría comarcal de UGT, puesto que tuvo que ceder en 2004 en favor de Oscar Llopis.

Antes, hace 43 años, conoció a la que sería su esposa y madre de dos hijas y un hijo en Tenerife, donde trabajaba como funcionario de Correos. Al año se casó con Gladys en su país, Inglaterra, y desde entonces son inseparables en todos los sentidos, su principal aliada en la lucha contra el avance de la enfermedad.

Delante de ella, y de sus hijas, presentes en la conversación, no tiene reparos en hablar de todo, incluida la muerte. “Entiendo a los que quieran tener eutanasia porque esta enfermedad es muy dura, sin movilidad no puedes salir a la calle y conozco casos de gente que no le queda otra que cagarse y mearse encima”, apunta. “Si yo estuviera así también querría morirme, pero yo soy un privilegiado y quiero vivir lo mejor que pueda dentro de mis posibilidades. Y cuando no pueda mi mujer, contrataremos a alguien para que me ayude y listo”.

La palabra “privilegiado” se repite. “Tuve la suerte de que se me quedara una pensión alta y con todos los gastos que tenemos los enfermos de ELA, por ejemplo, reformarme el baño, no todo el mundo puede permitírselo”, reconoce.

La fortaleza de Javi, como le llama Gladys, ha sido una herencia de su madre Oseas, a quien un ictus ganó el pulso con 98 años pese a que hasta hace poco se le podía ver en su León natal haciendo aquagym.

El sentido del humor es, en cambio, un rasgo propio de él, que ha contagiado a toda su familia y desde hace unos años a todos sus seguidores de redes sociales, donde se pueden leer sus críticas mordaces y sus memes políticos criticando a la derecha y extrema derecha.

Sin embargo, esa derecha en Alicante, con Sonia Castedo al frente del Ayuntamiento, le otorgó una calle en el barrio de Rabasa en 2013. Con la exalcaldesa del PP tuvo menos trato, “era muy estirada”, dice, que con su antecesor Alperi -ambos juzgados estos días por el amaño del PGOU del Brugal- a quien le espetaba que se había hecho alcalde “para llenarse los bolsillos”. Él, asegura que le llegó a decir, se lo tomaba a broma y le respondía “tú porque no puedes”. “Es que los fachas siempre me han respetado”, añade con cierta ironía mientras despliega, una vez más, su sonrisa.

Ahora, una moción del PSPV-PSOE elevada por UGT y CCOO, le ha convertido en Hijo Predilecto. “Voy a aprovechar que me he hecho amigo del alcalde [Luis Barcala, del PP] para pedirle que arregle las calles, que no podemos pasar con la silla por muchos sitios”.

¿Y qué le pide a la vida? Le preguntamos. “Vivir más años”, responde rápido. “He hecho una apuesta con mi hermana de vivir 20 años más”, añade, sin olvidar otro deseo. “Mi ilusión es poder volver a andar. Sueño que voy andando y corriendo a todos los sitios”. En la moción leída el pasado jueves se recordó una conocida reflexión de Cabo que decía así: “Creemos en la utopía porque esta realidad nos parece imposible de sostener”. Pues eso.

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