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La denunciante del 'caso Taula', sobre el intermediario de los audios del 'yonqui del dinero': “Tenía balas, pero no pistola”

Rosa Pérez Garijo, en una imagen de archivo.

Lucas Marco

València —
29 de enero de 2026 21:39 h

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En el séptimo juicio oral del 'caso Taula' la denunciante inicial, la entonces diputada provincial de Esquerra Unida del País Valencià, Rosa Pérez Garijo, volvió a relatar, durante la tercera vista de este jueves, las peripecias del inicio de la investigación de la presunta trama—allá por 2014— y, singularmente, cómo llegaron a sus manos las más de diez horas de comprometedores audios que Marcos Benavent grabó subrepticiamente a sus compañeros del PP durante años. La testigo refrendó que un intermediario le hizo llegar el mensaje de que una garganta profunda quería ventilar material sensible sobre los presuntos tejemanejes del PP en la Diputación de Valencia. Se trataba de Agustí Cerdà, exsecretario general de Esquerra Republicana del País Valencià (ERPV), formación creada a modo de filial de ERC al sur de Catalunya que nunca llegó a despegar. Cerdà “tenía balas, pero no tenía pistola”, relató Pérez Garijo, con cierto tono de western, ante el tribunal de la sección quinta de la Audiencia Provincial de Valencia que enjuicia la pieza separada E del 'caso Taula', relativa a los contratos municipales del área de cultura en la etapa de Rita Barberá.

El dirigente de ERPV, a quien la testigo conocía del “ámbito de la izquierda” valenciana (habían formado parte, aunque en épocas distintas, del sindicato estudiantil Bloc d'Estudiants Agermanats), le llamó para decirle que un “empresario modélico” tenía material potente sobre la corrupción del PP provincial.

Rosa Pérez Garijo denunciaba numerosas irregularidades en el seno de la Diputación de Valencia y acabó quedando con un tal Mariano López en el bar Kiosko del barrio del Carmen, a tiro de piedra de la Lonja y del Mercado Central y conocido en aquel momento momento por sus notables bocadillos de calamares. Para su labor en la oposición, en algunos casos, los soplos y las pistas venían de un gerente de la empresa pública de la Diputación (Imelsa) llamado Marcos Benavent, un tipo simpático y crítico con sus propios correligionarios del PP al que consideraba como “el más honrado” entre los populares.

Su interlocutor empezó a contarle “corruptelas”, según rememoró la testigo, que en esa primera toma de contacto desconocía que Mariano López era el exsuegro de Benavent: “Tardé un tiempo en saberlo”. El empresario decía que “tenía pruebas muy graves” y ella dudaba porque, de vez en cuando, le susurraban al oído denunciantes de supuestas tramas corruptelas sin aportar datos fiables: “La gente te cuenta tantas cosas...”.

Pérez Garijo animó a Mariano López a enseñar sus cartas de una vez. En otra quedada posterior, esta vez en la sede de EUPV en Catarroja (localidad de la comarca de l'Horta Sud de la que es oriunda la testigo), el informador le “pasó” los archivos. “Había que escucharlos mucho e intentar hilar lo que se decía en los audios con la realidad”, explicó.

La entonces diputada provincial tuvo que averiguar a qué presunta mordida se refería cada diálogo grabado en secreto por el 'yonqui del dinero'. Los presuntos trapicheos en el Ayuntamiento de València grabados con la fallecida edil María José Alcón fueron documentados con los expedientes de contratación municipal.

Mientras Rosa Pérez Garijo y su asesor, Josema Sanz, ataban el material de que disponían, se pusieron en contacto con el entonces fiscal anticorrupción, Vicente Torres, para avisarle de la que se avecinaba.

La testigo era “consciente” de que tenía entre manos una “bomba de relojería”. Se dirigió al fiscal antes de interponer la denuncia negro sobre blanco por un “motivo de seguridad”, según dijo. “Si me atropellaba un coche, que supiera la Fiscalía que yo tenía unas grabaciones con un montón de gente del PP contando dinero”, apostilló, con cierto tono de thriller cinematográfico.

“Conversaciones muy graves” de la “cúpula del PP”

Pérez Garijo confirmó que los audios estaban almacenados en un ordenador propiedad de Mariano López. En algunos de los audios aparecían personajes muy conocidos en la época, como el presidente de la Diputación de Valencia, Alfonso Rus, y otros de segunda fila del PP. “Había voces que nos costaba identificar”, manifestó la testigo, en referencia a “David Serra” o “María José Massip”. “Había gente que conocíamos menos”, apostilló.

“El que más nos impactó fue el famoso de mil, dos mil, tres mil…”, dijo en referencia a uno de los más conocidos registros sonoros de la causa, que pasó a la historia oral de la corrupción en España, junto a otros 'hits' como el “te quiero un huevo” de Francisco Camps en las escuchas del 'caso Gürtel'. Las grabaciones inmortalizaron “conversaciones muy graves” de la “cúpula del PP”, según afirmó Pérez Garijo.

Los audios, siempre en el punto de mira de las defensas, han sido avalados en varias sentencias anteriores del 'caso Taula', todas pendientes de recursos ante el Tribunal Supremo. Los explosivos diálogos se erigieron en la prueba clave del procedimiento. El 'yonqui del dinero' fue condenado en las piezas J (casi ocho años de cárcel) y B (cinco años) y su absuelto en la D.

Benavent se sentó esta semana en el banquillo de los acusados, durante las primeras sesiones del cuarto juicio de la causa para él (el procedimiento ya lleva siete juicios en total). Todo empezó hace 12 años con la venganza de su exsuegro, que no calibró demasiado las consecuencias de sus actos y acabó, a la postre, condenado a tres años de cárcel en la pieza separada K.

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