Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
Sobre este blog

No sabemos muy bien adónde vamos, nunca lo hemos sabido, aunque a veces hemos creído que sí. Pero hasta aquí hemos llegado y desde aquí partimos cada día para intentar llegar a algún otro sitio, procurando no perder la memoria y utilizando el sentido crítico a modo de brújula. La historia —es decir, los que se apropien de ella— ya dirá la suya, pero mientras tanto nos negamos a cerrar los ojos y a dejar de usar la palabra para decir la nuestra. En legítima defensa.

* * * * * *

No sabem ben bé a on anem, mai no ho hem sabut, encara que de vegades hem cregut que sí. Però fins ací hem arribat i des d’ací partim cada dia per a intentar arribar a algun altre lloc, procurant no perdre la memòria i utilitzant el sentit crític a tall de brúixola. La història —és a dir, els que se n’apropiaran—ja dirà la seua, però mentrestant ens neguem a tancar els ulls i a deixar de fer servir la paraula per a dir la nostra. En legítima defensa.

A joderse toca

22 de julio de 2022 10:46 h

2

Prometeo le robó el fuego a Zeus para dárselo a los hombres, no al FMI. Lo hizo para que dejáramos de pasar frío, venciéramos a las bestias, nos alimentáramos decentemente y fuéramos tirando de la mejor manera posible. Pero lo que hemos hecho con él es una gran falla en la que hemos dilapidado la mayor parte de las energías fósiles del planeta y con la que hemos alterado su equilibrio de manera irreversible. Todo para que unos pocos individuos, menos del uno por cien de la humanidad, acumulen y empollen como gallinas cluecas el tesoro del tío Gilito. Hemos estado quemando como posesos carbón, petróleo, gas y todo lo que hemos encontrado. Al principio puede que a punta de látigo, pero de un tiempo a esta parte absolutamente complacidos, sin parar mientes en que todo eso es limitado, no es inteligente derrocharlo en patochadas y hacerlo conlleva consecuencias imprevisibles, como algunos hace tiempo que estaban advirtiendo y cualquiera que no se haya arrancado los ojos puede ver ya. Es un hecho que el mundo se va al carajo, y se va para que unos pocos acumulen todo lo que puedan pillar, por las buenas o por las malas, y últimamente parece que van por las malas.

A esa minoría puede que su obscenidad les salga a cuenta, aunque al final también acaben achicharrados. Los placeres que van asociados a su poder inimaginable deben ser la leche si han merecido el destrozo. Pero, ¿qué pasa con los demás? ¿Han valido la pena las compensaciones? Ya saben, esa alegría de ver venir al repartidor de Amazon con un paquetito, la suscripción a Netflix, los viajecitos en Ryanair, el piso que está costando cuarenta años pagar, la pingüe pensión en el horizonte… ¿Alguien de los que forman parte de esa mayoría que está en la amplísima base de la pirámide, un poco por encima del suelo, entre la inequívoca inocencia de los de abajo, muchos de ellos ocupados en morirse de hambre, y la no menos inequívoca complicidad de los que están un poco más arriba, haciendo cola para tomar el ascensor social hacia las plantas superiores, alguien piensa de verdad, tras echar un vistazo a su alrededor, que ha valido la pena dejar el planeta hecho una mierda? La pregunta, más que larga y retórica, es estúpida, porque es evidente que hay muchos que piensan que sí, que ha valido la pena, faltaba más, así que hagámosla de otra manera: ¿A nadie le parece esto un timo de dimensiones históricas?

No debe parecérselo a muchos, porque en lo que estamos ahora es en conseguir que la rapiña y el acaparamiento continúen, que el dinero siga subiendo y la mierda bajando, incluso en medio de este lento apocalipsis —lento por ahora—, y que hasta el último momento siga viva la idea de que ambos, rapiña y acaparamiento, son legítimos. Para remediar el deterioro medioambiental se nos ocurren cosas como, por ejemplo, promover los coches eléctricos, cuya huella de carbono no se ve, de manera que ensuciamos allá, en algún sitio, pero lo tenemos todo limpito acá, y de paso podemos seguir asfaltando. O instalar paneles solares domésticos, siguiendo la consigna «sálvese quien pueda y tenga tejado». En último extremo siempre nos servirán para freír huevos. Huevos de gallinas criadas en Siberia, porque las de aquí se asfixian. Y los puertos, dicho sea como de paso, cada vez más grandes. Porque, por mucho que le pese al planeta i al sursuncorda, para seguir produciendo y gastando lo que nos dan en comprar lo que producimos —el mecanismo de este sistema adorable es tan complejo como el de un supositorio—, necesitamos no ya mantener, sino incrementar la tasa de productividad y de consumo, tanto de energía como de bienes. Y la tasa de beneficio, claro.

Lo han conseguido. Durante décadas, mientras mantenían el negacionismo al nivel que necesitaban para ahogar las alarmas, nos han entretenido con toda clase de cumbres celebradas a bombo y platillo y con acuerdos destinados a pasárselos por el forro. Y ahora que el desastre asoma, nos vienen con que ya no se puede parar, que lo único que podemos hacer es prepararnos para lo inevitable y, por supuesto, ir gastando en los paliativos que se están empezando a fabricar al efecto. En ningún caso se refieren a la posibilidad de decrecer controladamente. Si acaso, se aferran al concepto de sostenibilidad —que algunos escépticos consideran un significante vacío, otra estafa—, o sacan a relucir la espiral deflacionista, que al parecer es algo de mucho acojone. Crecer, no hay otra alternativa, incluso en medio del infierno. Hace falta tener jeta y ellos la tienen. Pero no hay tribunal que los juzgue. Si están pensando en Dios, sepan que hace tiempo que lo tienen en nómina. Y lo que ha significado siempre la máxima nulla poena sine culpa (no hay pena sin culpa), es que donde no hay pena no hay culpa, así que, tanto si pillan el matiz como si no, circulen. Además, la culpa hace tiempo que hemos decidido asumirla entre todos, de modo que a joderse toca. 

Sobre este blog

No sabemos muy bien adónde vamos, nunca lo hemos sabido, aunque a veces hemos creído que sí. Pero hasta aquí hemos llegado y desde aquí partimos cada día para intentar llegar a algún otro sitio, procurando no perder la memoria y utilizando el sentido crítico a modo de brújula. La historia —es decir, los que se apropien de ella— ya dirá la suya, pero mientras tanto nos negamos a cerrar los ojos y a dejar de usar la palabra para decir la nuestra. En legítima defensa.

* * * * * *

No sabem ben bé a on anem, mai no ho hem sabut, encara que de vegades hem cregut que sí. Però fins ací hem arribat i des d’ací partim cada dia per a intentar arribar a algun altre lloc, procurant no perdre la memòria i utilitzant el sentit crític a tall de brúixola. La història —és a dir, els que se n’apropiaran—ja dirà la seua, però mentrestant ens neguem a tancar els ulls i a deixar de fer servir la paraula per a dir la nostra. En legítima defensa.

Autores

Etiquetas
stats