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El turismo más allá del PIB: de la fascinación por lo retrógrado a las experiencias para compartir en redes

Benidorm es el buque insignia del turismo valenciano.

Laura Martínez


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El turismo ha alcanzado “una talla descomunal”. En 2017 representaba el 10,4% del PIB mundial y era, a su vez, responsable de casi una décima parte de las emisiones de gases de efecto invernadero. El mismo año, España era el segundo país mas visitado del mundo, con 2,6 millones de empleos y 81 millones de turistas: casi el doble de visitantes que de población. El turismo es un agente económico de relevancia, pero su influencia no se limita a la actividad que se refleja en el PIB o el empleo. Es, a su vez, un mecanismo en la construcción de identidades.

Expertos en historia analizan el fenómeno turístico y su impacto desde distintas perspectivas en el volumen ¿El turismo es un gran invento? Usos políticos, identitarios y culturales del turismo en España, recién publicado por la valenciana Institució Alfons el Magnànim. El libro, coordinado por el historiador Jorge Villaverde y la doctora en estudios hispánicos Ivanne Galant, pretende retomar la tradición historiográfica crítica que se desarrolló en los 90 en las academias británica y francesa y continuó en los 2000 en la escuela americana. El volumen forma parte de la colección Adés&Ara, especializada en historia contemporánea, editada por la entidad de la Diputación de València y la Generalitat Valenciana.

Los expertos analizan la actividad turística como práctica sociocultural, como herramienta para que una sociedad se narre a sí misma o su papel en la construcción de identidades colectivas: cómo se ve una ciudad y cómo la ven desde fuera. También su capacidad de marcar agenda, abrir nuevos debates y proyectar sueños o delirios. Se explora también su papel en la construcción de identidades.

Desde el modelo franquista de mediados del siglo pasado hasta el papel de las aplicaciones y las redes sociales, los autores indagan en la evolución de su impacto. Actualmente, apuntan, la inmediatez de la red y la popularidad de las aplicaciones fotográficas desembocan en que “cualquier faceta imaginable de la experiencia y el mundo se ha convertido en atracción turística (...) con lo cual es muy probable que el lugar donde vivimos o trabajamos sea, al menos para alguien, una atracción turística”.

La España de los 50 atraía por su aire “anticuado”, un “retroturismo” que identificaba al país con lo exótico y “desembocaba en una valoración de la autoimagen del turista”, mientras que en la década posterior se popularizó el turismo de “viaje de novios” y su traslación al cine. En esta línea, los autores defienden la significación del turismo para la construcción de una nación, un “mecanismo nacionalizador -explícito y banal- de la promoción turística estatal como medio de difusión de discursos e imaginarios nacionales”.

El recorrido histórico culmina analizando los movimientos actuales que elevan la preocupación por el impacto ambiental del turismo -y los derechos laborales- con el ejemplo paradigmático de Baleares, cuyo gobierno autonómico prepara una reforma legislativa para paliar el impacto ambiental, o los llamados movimientos antituristas, recordando las protestas previas a la pandemia.

Los autores recuerdan esa doble vertiente del turismo, tan fusionada con lo cotidiano en actividades diarias como pasear, utilizar el transporte público o disfrutar de espacios de ocio y gastronomía que dificulta su separación: “Si estamos en casa, los turistas son los otros pero si hacemos estas mismas cosas lejos de esta los turistas somos nosotros”.

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