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Más vale una vez rojo que ciento amarillo

El presidente de ERC, Oriol Junqueras. EFE/Enric Fontcuberta/Archivo

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En lo que llevamos de 2021 hemos comprobado cómo la suerte política cambia de un día para otro con cualquier metedura de pata. Tras las elecciones autonómicas catalanas en febrero, en las que el PP fue el último de los tres partidos de las derechas españolas, su situación parecía desesperada. Bastó la metedura de pata de Ciudadanos y el PSOE en Murcia para que la presidenta de la Comunidad de Madrid aprovechara la ocasión para aplastar a los partidos de izquierda en general y al PSOE en particular. Las encuestas empezaron a arrojar unos resultados favorables tanto para Vox como, sobre todo, para el PP y desfavorables para los partidos de izquierda en general y el PSOE en particular.

Este cambio de escenario coincidió con el momento final de la tramitación del expediente administrativo de los indultos a los condenados del procés. La opinión del tribunal sentenciador, en este caso el Tribunal Supremo (TS), era el último paso de dicho expediente administrativo. Fue una opinión inusualmente extensa y completamente contraria a la medida de gracia. Opinión que fue aceptada muy mayoritariamente por la sociedad española en general, aunque no lo fuera por la sociedad catalana.

El presidente del Gobierno se encontraba entre la espada y la pared. La no concesión del indulto no era una opción. El indulto era el primer paso de su política territorial para la legislatura. Sin dicho primer paso, Pedro Sánchez carecía de política territorial y quedaba desahuciado. No podía, en consecuencia, no darlo.

Al mismo tiempo, no era solamente la mayoría de la sociedad española en general la que estaba en contra, sino que lo estaba de manera muy particular una parte de la sociedad que suele votar al PSOE. El coste podía resultar insoportable.

En este marco es en el que Rosa Díez y Fernando Savater decidieron convocar una manifestación en la Plaza de Colón contra los indultos. Convocatoria a la que, aunque inicialmente se sumarían con diverso grado de entusiasmo Vox, PP y Ciudadanos, acabarían apuntándose todos sin reserva de ningún tipo.

Todo indicaba que el 13 de junio va a ser una jornada muy difícil para el Gobierno del PSOE, que tiene, además, que hacer frente a las primarias convocadas en Andalucía para decidir el candidato a las próximas elecciones autonómicas en dicha comunidad.

La carta de Oriol Junqueras renunciando a la unilateralidad y aceptando los indultos y el primer encuentro entre Pedro Sánchez y Pere Aragonès en Barcelona han dado un vuelco al escenario, facilitando al Gobierno de la Nación la concesión de los indultos, reduciendo, por no decir que eliminando, las resistencias a dicha medida de gracia en el interior del PSOE y situando al PP en una situación de la que no puede salir bien de ninguna de las maneras.

Para Vox la carta de Oriol Junqueras es irrelevante. Pero para el PP no lo es o, al menos, no debería serlo. La carta facilita la recepción positiva del indulto tanto por la opinión pública española como por la opinión pública europea, que se van a retroalimentar. La oposición al indulto va a quedar reducida a una franja significativa, pero muy minoritaria dentro del país y prácticamente insignificante en los países de la Unión Europea. La posición del Gobierno, por el contrario, va a ir siendo aceptada por una mayoría cada vez más amplia tanto dentro como fuera de España. Más todavía a medida que vayan viniendo las decisiones de la Asamblea de Parlamentarios del Consejo de Europa, del Tribunal Europeo de Derechos Humanos y de los Tribunales de Justicia de la Unión Europea.

Mantenerse en una posición contraria al indulto, incorporando a la manifestación incluso al PP de Catalunya, donde no se habían instalado mesas de recogidas de firmas contra el mismo, es un error mayúsculo. Tras el cambio de escenario, el PP va a volver a quedar el 13 de junio como un apéndice de Vox. Va a tirar por la borda buena parte de la ganancia obtenida en Madrid el 4 de mayo. El PP no puede salir reforzado del 13 de junio, aunque es posible que sí salga reforzada la presidenta Díaz Ayuso. Vox saldrá reforzado en todo caso.

Pablo Casado no puede no saber que la manifestación del 13 de junio no va a poder impedir que se concedan los indultos y que se inicie el diálogo entre el Gobierno de la Nación y el Govern de la Generalitat, que se prolongará con el diálogo entre el Parlamento español y el Parlament a lo largo de la legislatura. Quedarse fuera de dicho diálogo lo puede hacer un partido antisistema, pero no un partido que pretende ser partido de gobierno de España. 

Más vale una vez rojo que ciento amarillo, dice el refrán. Pablo Casado debería hacerlo suyo y retirar al PP de la manifestación de la Plaza de Colón. 

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Publicado el
8 de junio de 2021 - 22:00 h

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