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Cultura

Jonathan Rosenbaum: "Ser crítico de cine conlleva situarse al margen de la industria"

El crítico de cine estadounidense imparte por primera vez un curso en España dentro del festival FILMADRID

Hablamos con uno de los críticos y teóricos más importantes del panorama cinéfilo internacional

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Jonathan Rosenbaum. Foto de Kara Borealis.

Jonathan Rosenbaum. Foto de Kara Borealis.

Rosenbaum parece de ese tipo de apasionados por su trabajo que vive su pasión en silencio. Es extremadamente educado, y pide perdón cada vez que interrumpe a alguien o cada vez que, de repente, se queda callado durante unos segundos. Pero no da puntada sin hilo: cada frase dice lo que quiere decir y no se explica más de lo estrictamente necesario. Parece que tiene demasiadas cosas en la cabeza y quiere extraer sólo lo que pueda servir de algo a los demás. Sus pensamientos y reflexiones más profundas, se las guarda para él.

La segunda edición de Filmadrid, el Festival Internacional de Cine de la capital, ha tenido a bien traerlo por primera vez a nuestro país. Durante una semana, impartirá el curso Personal Journey Through the History of Film, que tendrá lugar en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.

Los escritos de Rosenbaum, sus esfuerzos por hacer visible el cine internacional dentro de Estados Unidos, y su talento a la hora de programar, le han convertido en un referente indispensable del panorama cinematográfico. Actualmente desarrolla una intensa actividad como profesor, impartiendo clases en la Universidad de Chicago y en la FilmFactory de Sarajevo, escuela dirigida por Béla Tarr.

A sus 73 años, también realiza labores como programador de retrospectivas y como conferenciante en los festivales más prestigiosos del mundo. Gracias a FILMADRID, hemos conseguido hablar con él, intentando dar pocas puntadas sin hilo. Aunque en eso hay pocos cinéfilos que se le puedan comparar.

Críticos como David Edelstein, Mike D’Angelo, Manhola Darguis o usted mismo, forman parte de una generación que supo superar las fronteras de sus países para hablar de cine. Hoy, parece no haya un relevo generacional con este tipo de crítico. ¿Ha desaparecido la figura del crítico estrella?

Estoy en desacuerdo con eso. Creo que hay críticos jóvenes y muy buenos. Podría mencionar por ejemplo un crítico joven que se llama Ignatiy Vishnevetsky. Escribe para The Onion y creo que tiene una mirada muy amplia y certera sobre el cine contemporáneo.

Pero cada vez hay menos críticos reconocidos en las redacciones...

No creo que desparezca pero es innegable que el panorama ha cambiado. Las publicaciones en papel que tenían a esos críticos estrella que mencionas ya no tienen la misma importancia. Pero en internet surgen constantemente críticos de gran relevancia. Y creo que la diferencia fundamental estriba en que ahora los críticos ya no tienen que estar en esas grandes cabeceras que sólo se podían leer en ciudades tipo Nueva York o Tokyo. Ahora pueden estar en cualquier lugar y escribir para todo el mundo. Y la gente que les lee y les da difusión también puede estar en cualquier lugar. En muchos aspectos vivimos una situación mucho mejor.

Ese paso entre el papel y el digital también ha afectado a los medios cinematográficos, que han visto nacer páginas como Metacritic o Rottentomatoes…

No le presto atención a Rottentomatoes ni a páginas similares porque están basadas en ámbitos que no me importan. Hay que entender que existe una diferencia fundamental entre la reseña cinematográfica y la crítica cinematográfica. Y para mí, Rottentomatoes se basa en reseñas que sólo tienen un objetivo: contestar a la pregunta ¿qué veo esta noche? Y eso no es hacer crítica de cine, eso tiene más que ver con el márketing. Es como una investigación de mercado.

No leo webs de este tipo ni me interesan. Leo a los críticos que escriben como a mí me gustaría escribir y dicen cosas sugestivas. Y no me interesa algo que reduzca el cine al simple “me gusta” o “no me gusta”, eso es mucho menos interesante que lo que yo investigo.

Pero hay una evidente comodidad en entrar y ver qué está podrido en Rottentomatoes y así saber qué película no debería ver. ¿Cree que la popularidad de este tipo de páginas lleva consigo una paulatina posición acrítica del espectador?

Creo que en cierto sentido sí que es así. Hay una parte de la reseña de cine que está muy cerca de, no sé, de escribir sobre deportes. Ya sabes: qué película ha ganado este fin de semana en taquilla es lo mismo que decir qué equipo de Beisbol gana o pierde. Es un tipo de escritura que suele ser demasiado cuantitativa, no cualitativa.

Pero al margen de eso, subyace un tema que me parece más importante. El problema fundamental del éxito de este tipo de páginas es que la gente no se da cuenta de que forman parte de la industria. Creo que ser crítico conlleva formarse una opinión manteniéndote al margen de la industria.

¿Y más allá del crítico, en lo que respecta al espectador?

Cuando yo escribía para el Chicago Reader, hace veinte años, la gente me preguntaba por qué escribía sobre películas de la que nadie había escuchado hablar. Si seguimos ese razonamiento llegamos a lugares preocupantes. ¿Por qué no escribes sobre películas que han invertido millones en campañas de promoción? Como si la gente esperase la opinión de cierto crítico sobre productos muy mainstream. Para mí, la industria gasta mucho dinero en convencer a la gente de que sólo existen cinco o seis películas que son importantes cada semana. Y el resto de películas no existen. Pasa exactamente lo mismo con los premios, que hacen el mismo proceso.

Mal que les pese, el cine existe fuera de eso. La gente que va al cine de forma casual es normal que vaya a ver las películas de las que ha escuchado hablar. Pero es parte del trabajo de los críticos descubrirles que existe un universo creativo mucho más amplio y que las posibilidades del cine van más allá.

Jonathan Rosenbaum en FILMADRID. Foto: Diego Garcia Hamilton

Jonathan Rosenbaum en FILMADRID. Foto: Diego Garcia Hamilton

Y cuando la gente le preguntaba aquello de por qué escribir sobre películas que nadie conoce, ¿usted qué contestaba?

Que estaba seguro de que era parte de mi trabajo informarles de la existencia de un determinado cine. Es decir, yo no iba a tener nunca el poder que tiene una gran major ni su maquinaria propagandística de millones de dólares. No pretendía luchar contra eso, pero prefería dar una alternativa a lo que todo el mundo conocía. Asumiendo, por supuesto, la contradicción del hecho: lo que yo escribo es también, según se mire, un tipo de anuncio.

Sobre lo que ha dicho, Antonio Gasset decía que la crítica de cine era demasiado subjetiva y que su objetivo fundamental debía ser transmitir a la gente ganas de ir al cine. ¿Comparte la opinión de este crítico español?

Sí que es cierto que conviene alentar al espectador para que vaya a ver determinadas películas. Pero toda la crítica es subjetiva. Lo interesante es ver cómo de honesto es el crítico respecto a su subjetividad. Yo escribo mucho en primera persona y es porque quiero que la gente sepa que es mi juicio el que está en juego y ellos no tienen que estar de acuerdo conmigo para nada. Pero tienen que saber de dónde vienen mis opiniones y por qué pienso lo que pienso sobre determinadas cosas. Lo he dicho muchas veces pero para mí la labor del crítico es contribuir a una discusión pública sobre el cine que empieza con su trabajo. Él llega para proponer e iniciar un debate. Luego puede abandonar dicho debate pero la discusión pública sobre los temas que ha planteado sigue ahí. No creo que ningún crítico piense que tiene la última palabra sobre ninguna película, pero su oficio es contribuir a plantear cuáles son los términos de discusión. Abrir posibilidades.

En su célebre crítica de Forrest Gump usted argumentaba que su popularidad parecía afirmar que los americanos creían que su estupidez podía redimirles. ¿Cree que los blockbusters de hoy, o las películas más populares, siguen alimentando la estupidez?

A ver, hay que puntualizar. En cierto sentido todas las películas son fantasías, hasta los documentales. Y la cuestión no es decir “este blockbuster es malo” sino tratar de contextualizar por qué lo es: de dónde viene, qué significa, por qué tenemos ciertas fantasías y no otras. Así que entre tantas fantasías, muchas veces se estrenan algunas que son nocivas socialmente.

Pero no creo que sea algo que concierne solo a los críticos de cine. La mayoría de la prensa estadounidense es fantasía también. El lenguaje que utilizan está basado en cierta falsedad. Por ejemplo: todos los medios están de acuerdo en decir que Barack Obama es negro. Así que todo el mundo acepta que es negro. Y casi resulta imposible decir que es en parte negro y en parte blanco, lo único que se permite es decir que es negro aunque no sea cierto. Lo mismo pasaba con la invasión de Irak: los medios empezaron a decir que no era una guerra, que era una ocupación militar. Es decir, elegir qué palabras y conceptos escogemos para explicar la realidad tiene mucho que ver con la ficción.

Por eso mismo resulta difícil escribir sobre casi todo, no solo sobre cine. Porque tienes que lidiar con este problema.

Con internet, muchos tienen la oportunidad de ver un tipo de cine que antes les era imposible. Sin embargo, parece que en las redes sociales, se hable de las mismas grandes películas de siempre. ¿Internet ha cambiado sustancialmente esto?

Internet lo ha hecho posible. Antes se lidiaba con el problema de que lo que se conocía no era una expresión de lo que la gente veía, sino de lo que los medios controlaban. Era el resultado de la voluntad de productores que pensaban qué podía gustar, y no necesariamente de lo que ésta buscaba en realidad. Si había cuatro estrenos en un fin de semana uno tenía que elegir y decir, “no voy a ver una película de Abbas Kiarostami porque no sé quién es”. Pero esto internet lo ha cambiado: mucha gente, sin ser profesionales, ha creado corrientes de opinión que han favorecido que se conozca cierto tipo de cine más independiente.

Porque en mi opinión un profesional no tiene por qué saber más que alguien que no lo es. De esto me he dado cuenta siendo profesor en determinados sitios. Muchas veces descubrías que las mejores ideas no venían de gente con mucho currículum o con varias carreras, venían de personas que opinaban sin miedo a lo que dijeran de ella.

En el fondo, es un debate que ha estado siempre. Antes hablábamos de prensa mainstream y de prensa alternativa. Hoy es lo mismo pero siendo más exactos: hablamos de nichos de mercado y no de medios alternativos. Y la ventaja de los nichos es que no tienen una frontera geográfica. Esto lo he vivido escribiendo en mi página web. Ahora no me lee gente sólo de Chicago, sino de todo el mundo. ¿Por qué? Pues porque es gente que está interesada en lo mismo que yo. Eso crea comunidad. Una comunidad sin un lugar determinado, global. Y es muy excitante en muchos sentidos.

Has hablado de gente profesional y no profesional que escribe en internet. ¿No cree que de algún modo, el altavoz que ha conseguido determinada gente no profesional, ha llevado a la mediatización de los fenómenos del fan o el hater?

Es cierto, claro que sí. Pero déjame decirte que todo es más simple que eso. Con la llegada de internet hay más mala crítica y más buena crítica. Más opiniones en todos los sentidos. Las redes sociales influyen en el comportamiento de la gente y en muchos sentidos eso ha facilitado que opiniones muy apasionadas sobre determinados procesos culturales tengan un eco desmedido. Pero no tenemos por qué entenderlo como un problema porque estamos en un mundo más democrático. Y la democracia puede ser difícil, no es una simple utopía. La democracia no consiste en que todo el mundo esté de acuerdo con todo el mundo.

Jonathan Rosenbaum en FILMADRID. Foto: Olga Atance

Jonathan Rosenbaum en FILMADRID. Foto: Olga Atance

Últimamente se habla mucho de la nueva era dorada de la televisión y también de la llegada de nuevas ventanas de distribución en internet como el imperio Netflix. ¿Qué opina de esta era dorada de la pequeña pantalla?

La verdad es que nunca he tenido Netflix ni creo que tenga. Prefiero comprarme el DVD o el Blu-ray de las películas que me interesan. Pero para la gente es una ampliación del abanico de posibilidades de consumo. Eso es bueno. Y si estas nuevas posibilidades han traído series de buena calidad, pues bienvenidas sean.

Por ejemplo, creo que The People v. O.J. Simpson tiene mucho que ver con lo que está pasando en la política estadounidense. De hecho, está relacionado con fenómenos como Donald Trump. Para mí se trata de la sacralización del reality y de la cultura de las celebrities. Ejemplos como éste me hacen pensar que la televisión por cable es más contemporánea que el cine: habla más de lo que le pasa a la gente en el momento que vivimos.

No creo que esta etapa tenga sólo una lectura. Quiero decir: puede que eso haya provocado que menos gente vaya al cine, y eso es malo. Pero también ha producido obras de mucha calidad que se pueden ver en casa, y eso es bueno. A mí, por ejemplo, me ha hecho descubrir series muy interesantes como Silicon Valley o The Wire.

Pues ya que la menciona, para terminar. ¿Qué opina de The Wire?

Creo que es una serie extraordinaria. Para mí es el compendio de muchas ambiciones de la novela americana clásica que ya había hablado de temas semejantes a lo largo del siglo XX. Esas ambiciones tenían que ver con captar toda una cultura y una sociedad, incluyendo sus reveladores detalles. Si Theodor Dreiser hubiese escrito una serie sería algo muy parecido a The Wire. También creo que es el ejemplo de que muchas series pueden ser más analíticas que la mayoría de películas de Hollywood. Aun así no es un fenómeno que se limite a creaciones estadounidenses, va mucho más allá. Un ejemplo europeo sería la serie danesa Borgen, que también es muy interesante.

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