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La refugiada afgana que se salvó gracias a un violín en Suecia

Nargess Rahimi durante los ensayos.

Lara Lema

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Cuando Nargess Rahimi llegó a Suecia desde Afganistán hace siete años, su hermana mayor le preguntó qué actividad extraescolar prefería, hacer taekwondo o tocar el violín. Nargess lo tenía claro: siempre había soñado con tocar el violín, pero en su país natal le era imposible. Tras cinco años en la Dream Orchestra de Suecia, este jueves ha tocado, junto con otros 140 jóvenes de 17 países europeos, un concierto en el Auditorio Nacional de Madrid.

La fundación Acción por la Música acogió en la capital española la sexta edición de la residencia artística de la Sistema Europe Youth Orchestra, una orquesta europea que reúne a cientos de jóvenes músicos y profesores de la red de programas de Sistema Europa. Todos tienen en común que están inspirados en “El Sistema”, un programa de aprendizaje musical de Venezuela creado por José Antonio Abreu hace 47 años que se centra en dar oportunidades a través de la música en niños y jóvenes en situaciones de vulnerabilidad.

Nargess vivía con sus padres en Kabul y cuando habla de su vida en Afganistán se muestra seria y triste. “Nos mudamos a Suecia en busca de una vida mejor”, dice en una entrevista con elDiario.es. “Mi vida antes de venir a Suecia era muy aislada porque era peligroso salir”, dice. Cuando llegó al país escandinavo, recuerda que se sorprendió por la diferencia: “Veía a los niños jugando en las calles, yendo a los parques... No puedes hacer eso en Afganistán”.

Violín, instrumento de inclusión

Pero adaptarse a un país y cultura nuevas no fue sencillo. “Me sentía muy sola cuando llegué”, dice. “Al principio, todo era muy difícil. Todo era completamente opuesto a lo que conocía, el idioma, la sociedad”. Fue entonces cuando sus hermanos mayores, que llevaban más tiempo en el país, le propusieron unirse a la orquesta donde ellos tocaban, la Dream Orchestra, en Gotemburgo.

“Tenía que viajar tres veces a la semana para ir a las clases, dos horas de ida y dos horas de vuelta”, dice, pero eso no la desmotivaba, sino lo contrario. “Es increíble tener la oportunidad de tocar el violín. Cuando me siento sola, lo cojo, toco y me hace sentir mejor. Siempre puedo contar con eso para animarme”, dice con una sonrisa. En contraste a su reacción al hablar sobre su país natal, la joven no puede contener la emoción cuando explica sus experiencias en la orquesta.

Nargess dice que la música le ha ayudado a entender mejor la sociedad sueca y a aprender sueco e inglés. “La mayoría de los niños [de la orquesta] también eran refugiados, muchos afganos, eso hizo que me sintiera más comprendida y menos sola”, señala la joven, que dice haber hecho muchos amigos gracias a la música. Además, la orquesta le dio la oportunidad de ver a sus hermanos, ya que ellos vivían en otra ciudad y solo coincidían durante los ensayos.

Una de sus profesoras en la orquesta, Frida Svedén, también presente en la entrevista, dice que noto un gran cambio en la joven desde que comenzó en Dream Orchestra hasta ahora. “Es tan bueno verla así, moviéndose y bailando durante los ensayos”, dice Svedén, mirando a Nargess con una sonrisa.

“La orquesta me dio un hermano”

Svedén es una de las profesoras fundadoras de la Dream Orchestra, que abrió sus puertas en 2016 para ayudar a las personas más vulnerables. “Al principio todos los estudiantes eran refugiados, pero poco a poco se ha ido expandiendo a más jóvenes”, explica la profesora. “Somos como una pequeña sociedad”.

La profesora defiende la importancia de la música para el desarrollo de las personas. “Les enseña a los niños respeto, porque necesitan trabajar en equipo para que todo funcione bien”, dice. “Imagina que [tocar en una orquesta] es como una conversación, necesitas escuchar a los demás para poder continuar”. Además, recalca que es importante enseñar que “mientras trabajes en ello, puedes hacer lo que quieras”.

Svedén comenta que sigue en contacto con sus ex alumnos, como con los hermanos de Nargess. La orquesta intenta impulsar el aspecto social más allá de la música. “De verdad somos una familia, no es hablar por hablar y ya, intentamos hacerlo una realidad y preocuparnos los unos por los otros”, explica Svedén. Nargess añade que durante los ensayos los jóvenes y los profesores hacen descansos donde hablan sobre lo qué sucede en sus vidas, lo bueno y lo malo, y se dan apoyo mutuo.

La profesora está agradecida a la orquesta por “darle un hermano”. Se trata de un joven afgano de 24 años que conoció a través de Dream Orchestra y que actualmente vive con los padres de Svedén. “Es como mi hermano, uno más de la familia”, dice. “Cuando llegó a Suecia estaba completamente solo, sus padres habían fallecido y no tenía más familia aquí”.

Sin nervios, solo emoción

Durante los nueve días que duró la residencia artística en Madrid, del 5 al 14 de julio, los jóvenes, todos de entre 12 y 20 años, no solo se dedicaron a la música. Como explica Nargess, aprovecharon la ocasión para conocerse, compartir culturas y visitar la ciudad. La profesora describe a la joven afgana como “muy sociable” mientras ella se ríe y asiente. Ella cita su visita al parque de atracciones.

Como previa al concierto en el Auditorio Nacional, actuaron en la Plaza de Colón este miércoles.

Ni la profesora ni la alumna se mostraban nerviosas por tener que actuar en otro país y delante de tanta gente. Cuando llegó la hora, la alegría y la emoción de los jóvenes eran palpables en el escenario. En el concierto, los jóvenes tocaron desde el tema de James Bond de Monty Norman, hasta una pieza de Sebastian Bach y una canción popular española. Tras los aplausos y vítores del público, repitieron varias de las piezas más animadas, mientras bailaban en el escenario.

No olvida Afganistán

En una parte del concierto se leyeron varias historias de los jóvenes presentes. Entre ellas, la de Nargess. “Perseguir mi sueño es cuestión de distancia, no de libertades”, dijo el presentador, evocando las palabras de la adolescente afgana. Nargess no cree que sea posible volver a su país natal, ni siquiera de visita, especialmente después de la llegada al poder de los talibanes el pasado agosto.

“Tenemos familia allí y cuando vimos lo que estaba sucediendo estábamos nos asustamos mucho por ellos”, dice. “Vimos los vídeos de gente cayendo de los aviones y sabíamos que nosotros estábamos a salvo pero había otra gente que no, no todo el mundo es tan afortunado”.

La joven explica que su familia es parte de la minoría hazara, “muy perseguida” en el país. En mayo, el relator especial de la ONU en Afganistán, Richard Bennett, pidió que se investigaran una serie de atentados contra lugares de culto y escuelas en las provincias de Kabul, Kunduz y Balkh, algunos de los cuales han sido reivindicados por el grupo terrorista ISIS-K. Bennet fijo que estos ataques se dirigen específicamente a miembros de las comunidades hazaras, chiítas y sufíes. El relator añadió que cada son cada vez más sistemáticos y reflejan elementos de una política organizativa, por lo que presentan características de crímenes contra la humanidad, según él.  

Para Nargess, su futuro está en Suecia. No se plantea mudarse en otro país, pero sí tiene ganas de viajar y conocer más lugares. Y, aunque asegura que seguirá tocando el violín porque le hace feliz, se muestra muy convencida de qué quiere hacer una vez acabe sus estudios: ser policía. “Quiero ayudar a la gente”, dice.

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