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DESALAMBRE

Un refugio entre monjas para escapar de la esclavitud sexual en Italia

15 mujeres víctimas de trata viven en un centro de acogida cercano a Roma habilitado por una organización feminista y una congregación religiosa

"No lo podía aguantar, un día me escapé, fui a la Policía y lo denuncié", relata una joven nigeriana que fue forzada a ejercer la prostitución cuando era menor

Las mafias meten a las chicas en una casa, de la que solo salen para ejercer la prostitución en las carreteras, tuteladas por otra mujer que también ha sido antes explotada

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Beauty, de espaldas, en el centro que gestiona la asociación feminista Befree en la provincia de Viterbo.

Beauty, de espaldas, en el centro que gestiona la asociación feminista Befree y la congregación de las Franciscanas de la Madre Addolorata en la provincia de Viterbo. Ismael Monzón

Nada más entrar desde el patio lleno de plantas, un cuadro de la Virgen recibe a los visitantes del centro. Más allá de la puerta está sor Nicoletta, una de las monjas que viven en este refugio cercano a la capital italiana. Junto a ellas pasa sus días Beauty, una joven de 18 años que ha logrado escapar de la explotación sexual.

Beauty vino engañada. Le prometieron que Italia sería el lugar en el que iría a la escuela y podría tener una oportunidad. Salió desde Ciudad de Benín, en Nigeria, donde nació. Recorrió la habitual ruta hasta Libia y allí la embarcaron en una lancha neumática lanzada al mar, donde esperaron que alguien les rescatara.

Llegó viva, pero una vez pisó suelo italiano llamó al contacto que le habían dado y este se adueñó de ella.

Su destino no fue ninguna gran ciudad, sino Campobasso, en la provincia meridional de Molise, un lugar casi abstracto para los italianos, al que suelen referirse cuando algo está en medio de la nada. "Allí comenzó el trabajo", relata la joven, que lo llama siempre así, "el trabajo". Evita dar más detalles sobre lo que le obligaron a hacer siendo todavía menor de edad. Simplemente recuerda que fueron unos cuatro o cinco meses.

"No lo podía aguantar, y de ninguna manera quería volver a mi país. Pero un día me escapé, fui a la Policía y lo denuncié", confiesa. Había solicitado asilo nada más llegar a Italia, por lo que contaba con un permiso de seis meses que después le han ido renovando siempre de forma temporal.

Las autoridades la llevaron a un centro de acogida y comenzó a dar vueltas por medio país, hasta que llegó a la casa en la que hoy se encuentra, esta especie de refugio con forma de residencia parroquial.

En busca de un lugar tranquilo en el que hospedar a las víctimas de trata, la  asociación feminista Befree se puso en contacto con la congregación religiosa de las Franciscanas de la Madre Addolorata y encontraron este edificio ubicado en la provincia de Viterbo, a unos 80 kilómetros de Roma, del que piden no dar más detalles para preservar la intimidad de las inquilinas. Habitualmente son unas 15, que pasan por aquí una media de seis meses.

"Tengo que darles las gracias porque ahora soy muy afortunada", dice Beauty de las religiosas y las trabajadoras sociales. El colectivo no solo busca alejar a las chicas del alcance de las redes de trata, sino también ofrecerles asistencia legal, psicológica o formativa. El centro no es un internado: lo que más le gusta a la joven es "poder ir a visitar Roma". La presidenta de Befree, Oria Gargano, sonríe. "Como a todas las demás", apunta.

Aumento del número de víctimas de trata 

Beauty, al igual que Blessing, Princess o Precious –cuyos casos han sido documentados por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM)–, no sabía que quien le prometió un mejor futuro en Europa estaba recibiendo dinero de otros que, después, la explotarían sexualmente.

Generalmente, las chicas solo suelen entrar en contacto con personas de su misma nacionalidad que se ganan su confianza. Pero, como subraya Oria Gargano, "existen investigaciones abiertas en los tribunales italianos que indagan el contacto entre estas redes y las mafias locales".

La OIM calcula que la explotación sexual de mujeres nigerianas se ha disparado en los últimos tiempos. Hace unos meses, publicó un informe según el cual, en 2016, 11.000 mujeres procedentes de este país –muchas de ellas menores– llegaron a Italia, más del doble que el año anterior. El organismo estima que el 80% de ellas corren el peligro de caer en redes que las obligan a prostituirse.

El modo de operar es también siempre el mismo. Las mafias meten a las chicas en una casa, de la que solo salen para ejercer la prostitución en las carreteras, tuteladas por otra mujer nigeriana que también ha sido previamente explotada.

Las jóvenes son forzadas a prostituirse por cantidades que van desde unos 10 a unos 30 euros. Pueden llegar a ganar al mes unos 500. Sin embargo, afirma la presidenta de Befree, "la cuenta que tienen que saldar con los criminales está entre 25.000 y 30.000 euros". En ocasiones, estos también hacen chantaje a las familias de las muchachas que permanecen en sus países de origen.

"La red estatal de centros es insuficiente"

Los fondos insuficientes y la escasez de centros adecuados para estas mujeres son algunas de las carencias del sistema de protección del Gobierno italiano que han sido denunciadas por expertos. "Estas casas tienen sentido porque la red estatal no es suficiente y los tiempos de espera con los permisos de asilo suelen ser largos", mantiene Francesca Zecca, trabajadora social de la organización. No existen cálculos precisos, pero se estima que en los alrededores de Roma hay cientos de mujeres nigerianas víctima de la trata, frente a los escasos centros de este tipo, solo cinco.

Su labor aquí es conseguir que las jóvenes vuelvan a ser autónomas. Según la OIM,  la mayoría de las víctimas de trata "no están dispuestas, al menos al principio, a revelar su experiencia" o buscar asistencia. Entre las razones, mencionan, el control que las redes ejercen sobre las víctimas, el temor a represalias sobre sus familiares o la creencia de que no pueden violar un juramento de respetar el acuerdo sellado por rituales vudú.

"No les cuentan al juez su verdadera historia, sino que todas repiten que han sido víctimas de Boko Haram, que han matado a sus padres y cuando este escucha relatos fotocopiados, rechaza las peticiones", sostiene Zecca.     

Desde el colectivo de mujeres insisten en que el hecho de que sean víctimas de trata es suficiente motivo para concederles el asilo. Y así desean que suceda también con Beauty, que espera aún una resolución definitiva. La joven comparte vivencias con otras que han pasado por aquí. También los ojos brillantes y la sonrisa tranquila. Dice que quiere ser enfermera y ayudar a quienes ahora le han brindado apoyo a ella.

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