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"Las empresas utilizan la Responsabilidad Social Corporativa para limpiar su imagen. Es un fracaso total"

Laia Blanch pertenece a War on Want, una organización del Reino Unido que trabaja estrechamente con los sindicatos de Bangladesh para mejorar las condiciones laborales y buscar justicia para las víctimas de accidentes como el del Rana Plaza, en el que murieron más de 1.000 personas.

La activista dice que ni El Corte Inglés ni Primark han pagado las indemnizaciones a las que se habían comprometido y que Mango ni siquiera ofreció una compensación a las víctimas del incendio de Bangladesh.

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Trabajos de desescombro en los restos del edificio Rana Plaza. EFE

En abril, un edificio cercano a Dacca, la capital de Bangladesh, que contenía varios talleres textiles que fabricaban piezas para marcas de todo el mundo se derrumbó. El resultado: 1.132 víctimas mortales, la mayoría mujeres, y cerca de 2.000 personas heridas. Meses después las víctimas no han recibido las indemnizaciones y varias organizaciones trabajan para que las marcas paguen compensaciones justas. Laia Blanch pertenece a una de ellas, War on Want.

¿Han cobrado las indemnizaciones las víctimas del derrumbe del edificio Rana Plaza?

No, las multinacionales no las han indemnizado. Alrededor de 800 víctimas han recibido la indemnización del Gobierno de Bangladesh, que es mínima, son unos 100.000 takas que son como 950 euros. Eso es lo que marca la ley local en cuanto a accidentes como el de Rana Plaza. Algunas marcas dijeron que darían indemnizaciones, otras dijeron que darían apoyo financiero y otras, como Mango, que no se han comprometido a dar ninguna compensación. La situación en Bangladesh es bastante desesperante. Alrededor de 300 cadáveres aún no han sido identificados y están pendientes de los resultados de ADN, con lo cual esas familias aún no han cobrado la compensación local. Muchos supervivientes del incendio en otra fábricaque sucedió en diciembre recibieron la compensación del gobierno pero la mayoría ya la han agotado porque la han usado en gastos médicos, lo cual demuestra que la compensación local no es suficiente para situaciones tan traumáticas.

¿Y hay perspectivas de que las empresas paguen?

Primark pagó a las víctimas unos fondos de emergencia, eran unos 15.000 takas, que son como 150 euros, pero en ningún caso esa era la indemnización. La semana que viene hay una reunión en Ginebra organizada por la Organización Internacional del Trabajo y a la que irán sindicatos, y se está intentando presionar a las marcsa para que acudan. La idea de la reunión es crear un fondo para indemnizar a las víctimas. Estamos haciendo un llamamiento para que haya presión a través de cualquier medio para que las marcas se sientan obligadas a acudir a esta reunión porque es inaceptable que ni la svíctimas mortales ni las supervivientes hayan cobrado aún sus indemnizaciones.

¿Qué marcas se comprometieron a indemnizar y no lo han hecho?

Por ejemplo, Primark y El Corte Inglés. Otras, como Benetton o Bon Marche, ofrecieron asistencia financiera, que es una conmpensación más pequeña. Otras no ofrecieron nada, como Mango o Children's Place.

Entonces, ¿sirvió para algo lo sucedido y todo el revuelo mediático que causó?¿Ha cambiado algo en estos meses?

La diferencia fundamental es que 80 marcas transacionales firmaron un acuerdo para mejorar la seguridad en las fábricas. Es un acuerdo vinculante en el que las marcas se comprometen a poner dinero para reparar las fábricas, para que haya medidas de seguridad, se haga formación a los trabajadores y haya un mecanismo vinculante para que los trabajadores puedan reivindicar sus derechos. Es un acuerdo que se ha firmado en Bangladesh y que han suscrito la mayoría de empresas, por ejemplo, Benetton, Bon Marche, Mango, o Primark. Aún así, estamos peleando para que paguen una indemnización justa y que las empresas que no haya firmado este acuerdo se sumen. Entre ellas están Gap y Walmart, que tienen un gran impacto en Bangladesh. Estas marcas han creado su propio plan de seguridad pero con normas no vínculantes sino voluntarias y hechas solo por la compañía, es decir, la misma historia que hasta ahora.

¿Y cuándo empezará a aplicarse este acuerdo?, ¿Quién vigilará que se cumpla?

Va a llevar a tiempo, hace un mes que empezó a trabajarse. Lo que hay que destacar es que los sindicatos de Bangladesh tienen un rol central, así que si no se aplica serán ellos mismos los que lo denuncien. Además, se van a realizar inspecciones de seguridad independientes cuyos resultados serán públicos. Tendremos que estar vigilantes, pero hay mucha esperanza en ese acuerdo.

¿Sirve de algo la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) de la que presumen muchas empresas?

No, es un fracaso total. La usan para limpizar su imagen y decirle al consumidor que hacen todo lo posible. Enseñan sus códigos pero son códigos voluntarios, nadie sabe si efectivamente están pagando salarios dignos. Yo he entrado en fábricas de Bangladesh en las que había diez códigos diferentes de marcas diferentes, ¿cómo se va a aplicar eso? No tiene sentido. Precisamente por el fracaso de la RSC, que ha servido para tapar la explotación laboral, han sucedido accidentes como el del Rana Plaza.

Muchas marcas se escudan en que los proveedores locales subcontratan la producción y no pueden saber dónde acaba produciéndose su ropa...

Una de nuestras demandas es precisamente que se hagan públicas las listas de proveedores. Forma parte del acuerdo que se ha firmado. En los últimos juegos olímpicos pedimos que los proveedores oficiales hiceran públicas sus listas de proveedores pero no lo hicieron hasta unos pocos meses antes cuando todo el trabajo estaba prácticamente hecho.

¿Es viable cambiar las condiciones laborales de los países pobres sin cambiar nuestro modelo de consumo?

Siempre digo que se trata de reivindicarnos como ciudadanos antes de todo. Como ciudadanos tenemos poder, poder para hablar con la sociedad civil, para presentar propuestas a los gobiernos, a los partidos políticos, a los movimientos sociales. Como ciudadanos tienemos la obligación de pedir a nuestros gobiernos que regulen a estas marcas y que no se permita la explotación de los trabajadores. Estas marcas, además, generan unos beneficios desorbitados. Tenemos que pedir al gobierno que esto cambie, con códigos vinculantes y acceso real a la justicia para los trabajadores y las víctimas. Por ejemplo, en Bangladesh la indemnización se rige por la ley local. Esto supone que aunque un trabajador de una multinacional inglesa o española busque en esos países justicia se le aplicará también la ley de Bangladesh.

Pero como consumidores, ¿hay alternativas?

Es un problema endémico. Y no solo tiene que ver con Bangladesh, también sucede en Honduras o China, y en un montón de marcas. Muchas veces tampoco las personas quieren ver qué hay detrás de una prenda a un euro. Si les compras también puedes cuestionarles qué es lo que hacen, qué condiciones tienen sus trabajadores, qué salarios pagan. Hay que exponer constanemente a las marcas porque sus armas son tan potentes que la presión debe hacerse siempre.

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