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EXTREMADURA

Una afectada por la avería del tren Badajoz-Madrid: "Estamos hartos, no sé si volveré a coger el tren"

Beatriz Martín, 22 años y placentina, explica cómo pasaron horas a oscuras mientras algunos pasajeros perdían los nervios 

"Hacía frío, un bebé lloraba y una mujer mayor tuvo que levantarse porque se le congelaban los pies"

"Nadie nos dijo nada, ni nos ofreció un vaso de agua"

162 pasajeros se quedan varados dos horas en Navalmoral de la Mata (Cáceres) en una avería del tren a Madrid

162 pasajeros se quedan varados dos horas en Navalmoral de la Mata (Cáceres) en una avería del tren a Madrid

Ya había sufrido varios percances –retrasos, traslados en autobús, lluvia dentro del vagón…–, pero no algo tan "extremo" como lo vivido anoche. Beatriz Martín (22 años) es viajera habitual del tren a Madrid –trabaja en la capital y es de Plasencia (Cáceres)– pero está pensando en dejar de serlo. Después de quedarse varada con otros 162 viajeros en medio del campo y en plena madrugada, reflexiona: "Estamos hartos, y yo ya no sé si volveré a coger el tren".

Beatriz atiende por teléfono a eldiario.es Extremadura. Ha dormido muy pocas horas y ya está en el trabajo. Ayer volvía a Madrid después de pasar unos días en Plasencia con su familia. La primera dificultad se la encontró ya en la estación, donde les informaron que el convoy, que acumulaba retraso desde Mérida al haber sustituido a otro estropeado, no entraba en la ciudad, así que los 40 viajeros que esperaban, billete en mano, serían trasladados hasta la cercana estación de Monfragüe.

Allí llegaron a las nueve menos cuarto, y a las nueve salieron ya en tren rumbo a Navalmoral. Al llegar a esa estación cacereña, casi a las diez y media de la noche, "se apagaron las luces y dejó de funcionar todo el tren". Al apagón se sucedió una larga espera y ninguna información. En el vagón de Beatriz había un bebé y una persona mayor. Algunos viajeros finalmente bajaron y fueron a buscar comida porque ya no aguantaban el hambre, y nada indicaba que la solución fuera a llegar rápidamente.

Tras 50 minutos, un técnico de Renfe les dijo que de los dos motores del tren se había estropeado uno. Finalmente recibieron la orden de seguir hacia Madrid, con un solo motor, ya que no se encontraban autobuses –casi las once de la noche de un 1 de enero– disponibles.

Con las luces y el funcionamiento restablecidos precariamente "arrancamos y circulamos unos cinco kilómetros. Primero vimos que una luz se apagaba, pensamos enseguida que algo seguía sin ir bien, y finalmente se apagó todo y el tren se paró". Estaban en pleno campo, completamente a oscuras, solo iluminados con los móviles: "Al menos en la estación teníamos sus luces, las farolas, pero aquí nada", cuenta esta joven.

Tampoco se abrían las puertas, ni funcionaban los servicios, no había energía alguna. La noche de enero avanzaba así como el frío en esos vagones detenidos en la nada. "Al principio se mantuvo el calor de la calefacción, pero luego empezó a hacer más frío, el bebé lloraba y una mujer mayor tuvo que levantarse porque se le congelaban los pies".

Ambiente caldeado

Los nervios crecieron en un viajero que interpeló al interventor, "bueno, al menos decidnos cuándo vamos a llegar a Madrid". El ambiente "se caldeó un poco", recuerda Beatriz Martín.

Por un camino llegaron dos coches de la Guardia Civil. Los agentes finalmente subieron al convoy y explicaron que alguien había tirado de la palanca de emergencia y eso impedía de momento remolcar el tren porque los frenos estaban bloqueados. Renfe había conseguido por fin tres autobuses en Plasencia, distante 60 kilómetros de Navalmoral.

Pasaba la una de la madrugada ya, la compañía mandó desde Talavera de la Reina un tren remolque, y llegaron los autobuses de Plasencia a la estación de Navalmoral. El tren fue remolcado de vuelta a esa población y poco antes de la una y media los viajeros que iban a Madrid montaron en autobuses –"tampoco nadie nos dijo nada, ni nos ofreció un vaso de agua. Habría prisa por llegar a Madrid"–. Unos pocos se montaban también en el tren remolque para ser conducidos a destinos previos a la capital, como Fuenlabrada o Leganés.

Los autobuses llegaron a Madrid-Atocha a las cuatro menos cuarto de la madrugada y los viajeros cogieron taxis que Renfe les prometió pagar. Los que se habían montado en Badajoz a las cinco y cuarto de la tarde llegaban por fin a Madrid, en un trayecto accidentado de 10 horas y media de duración habiendo usado dos trenes que acabaron estropeados, y un autobús que recorrió 172 kilómetros; diez horas y media para recorrer los 400 kilómetros que hay de Badajoz a Madrid.

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