Juguetes, coches conectados a internet, robots: algunas reflexiones

Elon Musk, cofundador de Tesla.

Acabamos de dejar atrás las navidades, los días de regalos de Olentzero y los Reyes Magos, que nos dejan con un sabor de boca alegre, y con tres días seguidos de fiesta, a los que sumar el inicio de las rebajas. Los y las niñas han recibido todo tipo de regalos, entre ellos algunos que suponen un cierto riesgo para la privacidad e intimidad de las personas.

Hace algunos años tuvimos una cierta polémica con una empresa muy orientada al producto tecnológico para niños, que comercializó un oso de peluche con una cámara de video en uno de sus ojos. La idea era que pudiera grabar el hogar, a voluntad del usuario, cualquier ámbito que nos propusiéramos. Así, podríamos grabar que hacen nuestros hijos e hijas, pero también qué hace el resto de la familia. Estas imágenes se almacenaban sin ninguna cautela en un servidor de esta empresa, sin que se nos advirtiera como consumidores de los derechos que teníamos sobre ellas. Debíamos abrir un perfil en la empresa, y gestionar esas imágenes, que se encontraban fuera del ámbito de aplicación de las leyes europeas, y por lo tanto, en una situación de alto riesgo. El oso fue retirado del mercado, debido a las protestas que se realizaron en su momento.

Ahora nos vemos con un número importante de juguetes conectados a internet en el mercado, como una muñeca conectada a internet, y que mediante un sistema de inteligencia artificial permite tener “conversaciones” con los niños y niñas que juegan con ellas, o el juguete asistente para contar cuentos a los niños, y que también conectado a internet y con inteligencia artificial se comercializará en breve. Este juguete “aprende” de su relación con los niños, para poder ofrecer una mejor experiencia a los mismos. Rondará los 300 dólares en Estados Unidos, para la persona que esté interesada en adquirirlo.

¿Qué debemos tener en cuenta? Simplemente que estos juguetes están diseñados para impactar en el niño de forma importante e interrelacionarse con él o ella, pero también y sobre todo para adquirir un conocimiento importante de las costumbres, gustos y hábitos, para generar un mejor cliente y presentar mejores productos futuros, así como desarrollarlos con conocimiento previo del interés que pueden despertar.

La seguridad es importante, y no debemos olvidarla en ningún momento. Ni siquiera el propio Papa lo hace… Le hemos visto recientemente en una imagen de Twitter en la que tenía tapada la cámara de la Tablet que utilizar para relacionarse con los fieles por internet. Bravo por este comportamiento de autoprotección, tan importante. Decían en twitter con cierta ironía que la seguridad de los datos no se debe dejar en manos de Dios, tal y como hacía el Papa al proteger su webcam.

Pero no olvidemos tampoco que nos encontramos en un momento muy importante en la evolución de la tecnología en muchas otras áreas.

La empresa americana TESLA, de gran expansión en fabricación de coches eléctricos, acaba de iniciar la producción en su macrofactoría de Nevada, apostando por el coche eléctrico y autónomo, es decir, el coche que conduce de una forma independiente de las personas. Hay que recordar que hoy por hoy, el conductor asume aún una importante responsabilidad en la supervisión del vehículo, debiendo tomar la conducción en casos de error o problemas no previstos. Sin embargo, esta empresa, al igual que el resto de empresas del sector automoción, apuestan por el coche cien por cien autónomo en los próximos años, algunas antes que otras. Y entonces, cuando los coches conduzcan “solos” ¿quién será responsable de los accidentes? ¿El ingeniero de software que diseñó el sistema autónomo, la información que se le dio al vehículo que no era suficiente, la empresa que lo construyó, las cámaras y sensores que tiene el vehículo que no funcionaron adecuadamente, etc.? Y sobre todo, ¿quién pagará por la responsabilidad que genera un accidente? No creo que los seguros tradicionales estén preparados para este gran cambio que se avecina, y que tiene muchas variables a analizar. Y sobre todo, el elemento seguridad, tan valorado en el vehículo tradicional, y con tantas incógnitas en este vehículo autónomo, porque según dicen, es posible acceder al sistema informático de este tipo de vehículos y alterar sus condiciones, provocando accidentes o modificando sus parámetros.

Hoy por hoy, muchos vehículos que están en el mercado se ofrecen con conexión a internet, alegando motivos de lo más variado, pero todos relacionados con la seguridad del conductor: por ejemplo, vehículos que incorporan una tarjeta sim con conexión 3G para que en caso de accidente el propio vehículo conecte con emergencias y le asistan, proporcionando la geolocalización del vehículo. Por no hablar de los propios seguros, que comercializan sin rubor las bondades de la geolocalización permanente como una bondad, sin explicar que esto supone una invasión muy importante de la vida privada de las personas.

No se han planteado los conductores y las empresas que entregar la información sobre ubicación del vehículo 24 horas al día, es una información personal protegida por el Reglamento Europeo de Protección de Datos y que debemos ser informados de una forma muy concreta para que se pueda recabar y utilizar. Esta información es importantísima para las empresas de automóviles, que podrán desarrollar vehículos en una u otra línea en función de los comportamientos de conducción que tengamos los usuarios, pero también para las compañías aseguradoras, que pasarán de preguntarnos si el coche “duerme” en garaje, a saber dónde está ese coche y cuantos kilómetros recorre en todo momento 365 días al año, mejor incluso que nosotros mismos.

Hoy por hoy todo tipo de empresas persigue la elaboración de perfiles de usuario, que integren todos los comportamientos que tenemos en relación con esa empresa, y que puede registrar y tratar, y es importante que la empresa sepa que no todo vale, o por lo menos que debe afrontar una serie de cautelas cuando realiza este tipo de tratamientos de información personal.

Mientras tanto, el Parlamento Europeo acaba de aprobar unas normas sobre la aplicación de las normas de Derecho Civil a los robots, que persiguen regular la responsabilidad y los efectos de incorporar a distintos ámbitos de nuestra vida a máquinas que tienen un control informático.

Y qué impacto tendrá en el mercado laboral la implantación de robots en el sector productivo, sobre todo qué impacto económico y va a suponer una restricción en la contratación de trabajadores la industria 4.0. y por lo tanto afectará a la cotización a la seguridad social? Hace poco leía un artículo sobre si los robots deben cotizar a la seguridad social… Todo llegará.

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