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Giovanna Rivero, escritora: “La justicia emerge desde lugares insospechados”

La escritora Giovanna Rivero

Paco Paños

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Se trata de una de las mayores figuras emergentes de la literatura latinoamericana. Giovanna Rivero, boliviana afincada en EE.UU, becaria Fulbright y galardonada con algunos de los premios de relato más importantes de nuestra lengua visita Murcia en la gira de presentación de “Tierra fresca de su tumba” (Candaya, 2021), un libro de cuentos donde el género fantástico se entrelaza con la historia de Latinoamérica, las migraciones, la violencia contra las mujeres, la memoria y la posibilidad de la justicia. La entrevistamos de cara a la conversación que mantendrá con la crítica literaria y profesora de la Universidad de Murcia Carmen Pujante, el martes 16, a las 19 horas, en Libros Traperos (Ronda de Garay, 39b).

A veces echo en falta que un libro de cuentos tenga una estructura, una cohesión que lo señale como obra única, no como una colección de varias obras más pequeñas que se juntan para formar un libro. En este sentido ‘Tierra fresca de su tumba’, creo que es mucho más que la suma de 6 cuentos. ¿Qué importancia le das a la estructura, o al orden en que van apareciendo cada uno de los cuentos?

Te agradezco por notar esa cohesión en el libro. Es cierto, trabajé muy duro para que fuera un libro orgánico y no una sumatoria azarosa. Creo que la paciencia tuvo algo que ver en esa hebra que anuda los relatos. Y es que, si bien nacieron bajo un mismo influjo emocional, no apuré ni su escritura ni su publicación; dejé que los personajes crecieran hasta imponerse ellos mismos en la historia. Tanto la muerte como las distintas vivencias migratorias (que constituyen un tipo de muerte) son temas que se manifiestan en experiencias singulares, como si siempre se tratara de un primer desgarramiento.

Las migraciones tienen gran protagonismo en el libro y es una de esas cosas que le dan cohesión. Cada uno de los cuentos nos habla de personajes con vidas muy distintas, con conflictos dispares, pero todos ellos son migrantes: bolivianos en México, Estados Unidos o Canadá. Japoneses y manonitas europeos en Bolivia… ¿por qué la migración tiene esa importancia en tus relatos?

Además de ser yo misma una migrante, pues vivo en Estados Unidos desde hace ya más de una década, considero que los éxodos han marcado las culturas y la subjetividad de los seres humanos desde tiempos remotos. Me interesa mucho lo que se moviliza en la dimensión íntima a partir del desplazamiento, lo que se descoloca. En Tierra fresca de su tumba cada cuento tiene uno o más protagonistas migrantes para dar cuenta de una mirada del mundo que es siempre angular, que no respeta el horizonte conocido.

En 'Mansedumbre', cuento con el que se abre el libro, te inspiras en hechos reales. Es un cuento maravilloso con una estructura muy especial en la que se mezclan la narración pura, con lo que parece ser la transcripción de un interrogatorio a la protagonista, y la interpelación repetida una y otra vez de Elise Lowen a su interrogador, una interpelación cargada de perplejidad, e incomprensión, pero también de acusación. Y luego, el “sueño de azufre” de Elise. El sacrificio a Pachamama. Es un cuento del que podríamos hablar horas. Pero, ¿qué pasó en la colonia menonita Manitoba?

Lo que pasó en la colonia menonita Manitoba, en Bolivia, hace aproximadamente una década, fue terrible. Una serie de violaciones sexuales a mujeres y niñas estremeció a esa comunidad. A mí me indignó y me dolió profundamente imaginar lo que esas personas habían atravesado. Decidí acercarme al hecho desde la literatura para darle voz a una adolescente menonita y tratar de acompañarla de esa manera. Es un cuento en el que la justicia emerge desde lugares insospechados.

“El lenguaje de mis libros me ha modelado como hombre.” Esta es una frase de Don DeLillo que me dio a conocer el escritor Luis Rodríguez y creo que manifiesta claramente la importancia de la elección del lenguaje. ¿Cómo enfrentas el lenguaje, la frase, el ritmo, el estilo cuando empiezas a escribir una novela o un cuento? ¿Es distinto en uno y otro caso?

La lengua literaria es para mí fundamental. Es precisamente el cuerpo material en el que encarnan los personajes. Intento, en ese sentido, que esa materia manifieste la hondura que ambiciono para mis personajes. Trabajo con cuidado la lírica de esa lengua, pues considero que en su ciframiento reside una política y una sensibilidad que va más allá de lo que llamamos “estilo”. Me entrego a ese tallado con la misma actitud de artesana tanto para el cuento como para la novela.

Cada uno de los cuentos de ‘Tierra fresca de su tumba’, es especial, es intenso, provoca emociones, a veces, enfrentadas; es único y maravillo. Pero me interesa resaltar especialmente ‘Piel de asno’. Me produjo, al acabar la lectura, una especie de shock eléctrico que me recorrió la columna y que llegó, seguramente, a la glándula pineal. Cómo me cautivó la frase final: “Recuerden, por favor, mi verdadero nombre es Ayotchow, la osa del góspel”, resumía muy bien lo leído. ¿Cómo decides que un monólogo, pronunciado ante una congregación, es la forma idónea para expresar el miedo a perder la memoria, los sueños, la propia biografía, de la protagonista? ¿Qué importancia le das a esos elementos tan literarios?

Gracias por apreciar este cuento. Me parece que el testimonio históricamente ha tenido una impronta política y yo quise que mi heroína, obesa y superviviente de muchas batallas, ocupara ese lugar de quien enuncia una verdad. Colocarla, además, en un atrio religioso, un lugar ocupado típicamente por los varones, me parecía importante. Y que hiciera del góspel una suerte de alarido animal, opuesto a la sintaxis lógica, fue algo que supe desde el principio. A partir de esa intuición, Nadine Ayotchow me llevó de la mano por sus estepas.

La memoria, el pasado, persiguen a algunos de los personajes y los atrapa. ¿No se puede huir del pasado, de la propia historia?

Creo que el pasado contiene claves fundamentales para conquistar una verdadera libertad psíquica, emocional. Además, si bien los hechos del pasado son incambiables, la memoria puede hacer de esos hechos distintos discursos, articular narrativas que son siempre nuevas. Por eso, la mayor parte de mis personajes debe enfrentarse con el pasado para que se produzca el efecto de la epifanía, algo que yo valoro profundamente en un texto literario.

Da la impresión de que en tus cuentos intentas restablecer, de cierta forma, un equilibrio perdido, que la justicia emerja de algún lugar. ¿Lo sientes así?

Sí, en efecto. Los personajes, por muy lastimados que estén, buscan un tipo de justicia que les permita seguir habitando este mundo, que lo vuelva tolerable. Creo que, sin justicia, existir se vuelve demasiado doloroso. Mis personajes persiguen esa salida y a veces la encuentran, incluso si su manifestación se parece mucho a la venganza.

Apelando, ahora, a tu doctorado en literatura hispanoamericana, ¿puedes darnos tu opinión sobre el aparente segundo boom que está viviendo esta literatura, aunque, esta vez, protagonizado especialmente por mujeres? ¿Existe realmente ese boom?

Hace poco estuve en una mesa de diálogo junto a Fernanda Trías y Mónica Ojeda. Sostuvimos una postura muy crítica con respecto a la palabra “boom”. Y es que ese sonido onomatopéyico nos remite, no solo a la época bélica en la que se lo comenzó a usar, sino también a su uso economicista. Y lo principal: el “boom” fue protagonizado por escritores varones y formateado en base a la exclusión, especialmente de escritoras mujeres muy talentosas. Por lo tanto, no creo que llamar “segundo boom” a la mayor visibilidad que un grupo de escritoras contemporáneas ha conquistado represente para nada las grandes batallas de las escritoras de anteriores generaciones. Esta suerte de 'instantaneidad' que, por otra parte, connota el sonido “boom” intenta borrar esas genealogías.

Una última pregunta. Ahora mismo estás inmersa en una de esas, ya míticas, Rutas Candaya que te llevan a recorrer una parte importante del territorio español con uno y hasta dos actos diarios ¿Cómo está siendo la experiencia?

Además de lo que te comentaba en el correo anterior (sin haber visto esta pregunta) sobre la ruta Candaya, me parece que la apuesta que hace la editorial -y en semejantes tiempos pandémicos- es titánica, generosa. El regalo más importante que le pueden hacer a una escritora es el acercamiento verdadero de las lectoras, de los lectores. Y eso es lo que esta ruta me está ofreciendo. Por supuesto, disfruto también de los paisajes, allí donde se cifra siempre lo visible y lo invisible de un país.

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