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San Javier vuelve a recordar el espíritu de Chick Corea a través del contrabajista Staley Clarke

Stanley Clarke con el contrabajo disfrutando con sus músicos

Andrés Garrido


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La Historia del Jazz está repleta de momentos álgidos que han provocado cambios de tendencias, estilos e incluso nuevas corrientes. Sin duda, una de ellas fue la aparición del grupo Return to Forever creado por el desaparecido pianista Chick Corea en los últimos meses de 1971 -aunque su primer disco como tal, se publicaría en Europa por el sello ECM en 1972.

Sus fundadores fueron, además de Corea en el piano y teclados, el bajista Stanley Clarke; Joe Farrell, en la flauta y saxo soprano; Airto Moreira, batería y percusión y su esposa, la cantante Flora Purim, en las voces y percusión. Y esa misma fórmula de grupo aunque más en la línea de cómo quedó conformado a partir de 1973, Clarke la ha venido manteniendo durante toda su trayectoria; parece como si el contrabajista de Filadelfia quisiera que Corea, además de un referente inequívoco, quede por siempre en el recuerdo de todos. Algo así es lo que descubrimos en la noche de este pasado jueves, cuando aparecieron en el escenario del Parque Almansa. Y además, con un proyecto que ha titulado “Stanley Clarke N 4ever”. El grupo que le acompañaba es el fiel reflejo del trabajo que viene haciendo desde su fundación, por promocionar a los jóvenes talentos como Jahari Stampley, piano y teclados (con sólo 22 años); Emilio Modeste, saxo; Colin Cook, guitarra; y el baterista Jeremiah Collier, que lleva ligado a ese instrumento desde que tenía dos años y ha pasado por un buen número de formaciones y experiencias musicales, a pesar de que casi se convirtió en protagonista en el concierto de Clarke el pasado jueves.

La expectación que había creado el bajista de Filadelfia era de muy elevado nivel. Los conciertos o proyectos que desde los años 70 del pasado siglo XX viene creando o protagonizando Stanley Clarke adquieren, por sus innovaciones y progresos, esas reacciones de los aficionados. En Jazz San Javier no iba a ser menos -que no lo fue- y, además y según su web oficial, es el único concierto que este verano ha dado en España lo que le confería un valor añadido, como indico, muy elevado. Con el deseo de agradar a un público tan singular como el de San Javier y de regresar a los escenarios tras casi dos años sin poder hacerlo, el quinteto de Clarke inició su concierto con una pieza de titulada “No Mystery”, del disco del RTForever publicado en 1975 (uno de los mejores momentos de la formación) en la que habían llegado el guitarrista Al di Meola y el baterista Lenny White. El auditorio ya desechó toda duda de lo que iba a presenciar y la conexión con los músicos y la concentración fueron absolutas.

Tras esta tarjeta de presentación, Stanley Clarke y su grupo atacaron “Last Plane To Sanity”, creación del propio bajista en sus años de búsqueda y experimentación, a la que el baterista Jeremiah Collier impuso tal contundencia en percutir platos, cajas y timbales (ahora se denominan toms) que finalmente provocó partir, a lo largo del concierto, tres pares de baquetas. Collier tiene una bien ganada fama como baterista, con una técnica bastante depurada pero personalmente, en este concierto, no me gustó demasiado porque casi se convirtió en el protagonista de un planteamiento donde era uno más del todo. A propósito del homenaje que se va a rendir a Tete Montoliú el día 14 -y abro un kit-kat-, el recordado pianista catalán decía que “un baterista nunca tiene que molestar”. Y también recordaré que en la banda eléctrica de Chick Corea o en su penúltima visita que hizo a Jazz San Javier con el trío habitual en 2018 (Patitucci en el bajo y Dave Weckl en la batería), Weckl es contundente cuando hay que serlo, posee una de las técnicas más envidiables que puedas presenciar y nunca le he visto tan desmadrado como presencié a Collier. Pero bueno, esto es una apreciación personal -y ustedes me perdonarán-, que no suelo permitirme con frecuencia por no desvirtuar, que no lo pretendo, el resultado final del enorme concierto que nos dejó Stanley Clarke el pasado jueves en Jazz San Javier.

Regresando al desarrollo de esa actuación -y como cité al principio-, Clarke planteó un recuerdo casi constante de lo que fue y significó para el jazz moderno, la fusión, aquella formación de la que formó parte con Chick Corea como líder de esta. “Sorceress” fue publicada en el álbum del grupo RTF de 1976, Romantic Warriors, en la que tuvo un papel destacado la introducción y solo posterior del pianista y teclista Jahari Stampley; un jovencísimo talento de 22 años, que dejó una muestra inequívoca de excelente técnica y mejor gusto musical. Y lo mismo fue ocurriendo con sus compañeros en este proyecto de Clarke.

Cuando Stanley iba a relajar un poquito el ambiente, un aficionado le gritó desde las gradas si podía tocar “School Days” a lo que el bajista, que se disponía a coger de nuevo su contrabajo, lo dejó en reposo y preguntó cuál; repitió el título y contestó: “Te la voy a tocar”. Así que agarró de nuevo el bajo eléctrico -tenía dos modelos- y las notas de “School Days” comenzaron a sonar, con una enorme ovación de reconocimiento y agradecimiento a este enorme músico y mejor persona. Qué bien que se encontraba el auditorio del Parque Almansa y sus ocupantes. La noche estaba resultando, como la forma de los discos, absolutamente redonda. Y el “viejo” Stanley -llegó a comentar en el escenario “qué músicos más jóvenes. Yo parezco Louis Armstrong”- que posee la suficiente experiencia como para detectar cómo andan los ánimos, ya había hecho su diagnóstico y atacó “Medieval Overture” en la que, al igual que hizo al comienzo con “No Mistery”, utilizó el arco para sacar esos bellos sonidos que la técnica posibilita. Una delicia. Miré las caras de muchos de los presentes y parecían decir “que esto no acabe todavía, por favor”.

Pero por el tiempo transcurrido, mucho me temía que estábamos cerca del final. Y así fue. El final del concierto preparado por Stanley Clarke y su grupo llegó con otra referencia más, como la que le precedió, a este álbum del Return To Forever de Chick Corea titulado “Romantic Warrior”, del año 1976, cuya pieza daba título a ese disco. El público se puso de pie aplaudiendo, silbando de buen rollo y vitoreando a una de las leyendas vivas del género de la que, afortunadamente, todavía podemos disfrutar. La insistencia del auditorio era tal, que la formación regresó al escenario para regalar un tema más, “Silly Putty”, de su tercer disco en solitario como líder publicado en 1976 (por lo que sabemos, un año muy productivo para el bajista).

En resumen, noche pletórica para los aficionados y, especialmente, para los amante de este bajista y contrabajista de Filadelfia, Stanley Clarke, que con su grupo dejó un regusto imborrable en el personal y evocó, una vez más en Jazz San Javier, la memoria y el recuerdo del amigo desaparecido Chick Corea. La próxima cita también nos trae a otra leyenda del género como es el pianista Kenny Barron, a quien se le ha otorgado el Premio del Festival 2022 a toda una trayectoria en la música. Por favor, no pierdan el hilo.

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