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Entrevista

Marcos Ros: “La gente piensa que el Parlamento Europeo no sirve para nada”

Marcos Ros en el Parlamento Europeo

Joaquín Sánchez Hernández

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Marcos Ros (Murcia, 1974) tiene buena forma física, algo poco habitual en los políticos. Camina con paso rápido, aunque no lleva ropa deportiva; pantalón vaquero y camisa. Se nota que le gusta hacer rutas. Ros, un joven político con bastante experiencia, es el único parlamentario europeo de la Región de Murcia, por el PSOE.

El trayecto comienza en esta vía verde, antiguo trazado ferroviario, que une seis pedanías de la capital murciana. Y como si de un viaje en tren se tratase, comienza el camino. “Yo creo que se empieza de siempre tu interés en la política. Desde pequeño me recuerdo con doce o trece años acompañando a mi padre a la sede del partido a coger carteles y a pedir caramelos, carteles del alcalde Méndez, Collado o de Felipe González”. Quiso afiliarse con 18 años, pero primero terminó la carrera: “Participé como interventor en las elecciones de marzo de 2000 que fueron un fracaso para el PSOE, después me afilié y me ofrecieron ir en las listas municipales de candidato a concejal, en el número 10, y ya ahí empezó todo”.

“Los ciudadanos no entienden a qué nos dedicamos y están demandando que en la Región de Murcia se resuelvan sus problemas y sin embargo la vida política ha ido a un progresivo deterioro que tiene mucho que ver con un ejercicio del poder muy prolongado del partido en el gobierno, que poco a poco va generando prácticas que van deteriorándose”, explica y finaliza: “La situación política es mala”.

Sin embargo, con la política municipal de Murcia contempla un futuro más ilusionante: “Bueno, la verdad que después de haber luchado tanto, algunos habiendo estado allí, y desde el año 95 sin alcalde socialista se ve con muchas ganas, con mucha ilusión. Conscientes de lo difícil que es ser alcalde con esta composición de gobierno, con esta dependencia de dos partidos más para aprobar las cosas importantes para la ciudad, pero creo que ahora mismo hay ganas en la sociedad murciana, en su municipio”.

Regenerar la política del municipio y tratar por igual a todos sus ciudadanos son dos objetivos para el europarlamentario. “Vivimos en uno de los municipios más desiguales de toda España donde de casi 450.000 habitantes, en los últimos 26 años, el ayuntamiento se ha dedicado a cuidar a los 180.000 que viven en el centro y a olvidarse del resto que viven en las 58 pedanías”, señala.

Durante el recorrido se puede ver, como desde un vagón de tren, a personas que simplemente pasean, jóvenes corriendo y niños jugando a la pelota. Es miembro de varias comisiones en el Parlamento Europeo, como la de Asuntos Jurídicos, Medio Ambiente y Cultura y la de Educación. Respecto a esta última y en relación con la remodelación del Gobierno Regional cambia el tono de su voz, se pone serio: “Estos señores que están tan preocupados porque los padres puedan elegir los colegios para sus hijos, pero nadie se preocupa de la libertad de los hijos para ser educados en igualdad, en valores, en respeto y eso es lo más grave que puede ocurrir en la Región de Murcia”.

Continúa hablando un poco más rápido que en las respuestas anteriores porque “los niños y las niñas van a perder la posibilidad de ser educados en todo el abanico de derechos, deberes, valores que inspiran nuestra constitución, nuestra democracia, nuestro ordenamiento jurídico y nuestras normas elementales de convivencia”. Para Marcos no es solo una afrenta al sistema educativo: “Además le han dado la Consejería de Educación y Cultura ya no a un partido, sino a una diputada tránsfuga de Vox con lo que conjuga dos cosas, transfuguismo que es corrupción y ultraderecha que es coacción de libertades”.

También es miembro de la comisión para las relaciones con la República Popular China: “Las delegaciones parlamentarias son grupos de trabajo de diputados que analizan las relaciones del conjunto de la unión europea con otros países”. Pero ¿representa a los intereses de España o Murcia?: “Si que al final podemos representar los intereses, no los particulares de una empresa, pero sí de las empresas que operan en la Unión Europea en relación con esos acuerdos comerciales, políticos o bilaterales con la República Popular China”.

Ha llegado a la antigua estación de ferrocarril de Beniaján tranquilo. Camina relajado, aunque no puede disfrutar de los olores que destila el arbolado que rodea, a modo de valla, la vía verde. Las mascarillas no ayudan. Segunda parada. Se sienta para una fotografía y habla de su familia: “Mi familia es muy diversa y plural y hay multitud de opiniones y no son todos del mismo color político. Lógicamente, como todas las familias. Yo lo que percibo es que se sienten orgullosos de que una persona de su familia esté desempeñando una labor política relevante”. Aclara que los que “más especialmente se sienten orgullosos, que siempre están orgullosos haga lo que haga un hijo, son los padres.” Por otro lado, la familia sufre por la exposición mediática a la que estas sometido. “Al final equilibran lo que sufren con lo que les llena ver que alguien de su familia está representando bien sus valores”, sentencia.

Tiene pareja y el tiempo que le dedica prefiere que sea de calidad más que cantidad. Cree que lo está consiguiendo: “Procuro desconectar mentalmente, desconectar del móvil, de la vida política y creo que esa es la mejor solución”.

Sabe cocinar. No le fue difícil aprender, como a muchos de los estudiantes que se trasladan a vivir fuera de la vivienda familiar, gracias a la ayuda de su padre: “Mi padre cocina mucho y me preparó un pequeño recetario de veinte páginas, lo guado todavía y lo guardaré siempre”. Es un tema que le encanta: “Me gusta cocinar de todo, cocina clásica de guisos, estofados, pucheros, cocido, lentejas, garbanzos”. Donde mejor se maneja es con los asados. Reconoce que tiene carencias en los arroces, pero compartirlo con los amigos en ciertas zonas de las costas murcianas es otra cosa: “Sí, a mí me gusta la gastronomía murciana, no presumimos de paella como los valencianos, pero presumimos de arroces. En la Región de Murcia se trabaja muy bien el arroz en general, desde el caldero del Mar Menor, los arroces de verduras de pollo, de conejo con serranas y los arroces de Calnegre con su pulpo al horno son espectaculares”.

¿Mantiene las amistades de siempre? Abre los ojos como si la pregunta fuera una afrenta y responde que no es consciente de haber perdido amigos por estar en política: “La vida personal de todas las personas evoluciona. Uno tiene unos amigos cuando va al instituto, cuando va a la universidad. Luego encuentra amigos en el mundo laboral, en mi caso uno encuentra amigos en el mundo de la política. Creo que la política no me ha alejado de ningún amigo. Mis amigos de siempre me respetan, la mayoría no vota la opción política que represento, salvo que me presente yo”. Está más tranquilo y ha bajado un poco el ritmo de la marcha, como cuando el tren se está acercando a una estación, la entrevista continúa relajada.

Pero como en todas las sobremesas, después de una buena comida, hay una buena charla. “Tenemos muy claro que nos sentamos en una mesa a comer, nos unen más cosas que en la política que nos puedan dividir. A veces puede saltar una discusión, pero suele ocupar muy poca parte de la tertulia y el resto de la comida se habla de otras cosas como cualquier grupo de amigos”, confiesa. Cuando queda con sus amigos intenta no ser el eurodiputado, “sino Marcos el amigo que tenían antes y que siguen teniendo ahora”, dice orgulloso.

En la tercera parada evoca otro de sus recuerdos: el mar. “Sí, me gusta mucho, desde pequeño, tengo recuerdos de mis primeros veranos en la tierra de mi madre Santa Pola. Después nos trasladamos a pasar los veranos a un pueblo de Almería. Siempre he estado vinculado al mar, a pesar de ser de Murcia. En los últimos años más apegado al litoral de la Región de Murcia, al Mar Menor y mi afición a nadar que ha sido mi deporte principal”, explica.

Recuerda sus comienzos en natación desde los dos o tres años: “Es un deporte que he estado haciendo toda la vida, no recuerdo casi ningún año sin nadar”. Ha practicado por cuenta propia con cursillos, monitores y entrenadores y recientemente ha pertenecido a un club de natación: “Para competir, es como mi deporte base, donde yo me encuentro bien, cuando hace buen tiempo el nadar es una gozada”.

Cuando terminó la carrera de Arquitectura, que le mantuvo siete años alejado de la Región, comienzó a disfrutar del Mar Menor. Dos trabajos, uno de camarero para pagarse parte de los estudios y otro en la Comunidad Autónoma llevando una oficina de rehabilitación de viviendas le han ido acercado a este paraje. Uno de los sitios que más le gusta para andar y hacer senderismo alrededor del Mar Menor, que es su otra afición.

Se detiene, no hace aspavientos con las manos, pero las frota entre sí. Jugaba al tenis durante la carrera, ahora al pádel: “Sobre todo últimamente. Los últimos años, lo que me gusta mucho es estar en contacto con la naturaleza, salir a andar y hacer buenas rutas de senderismo, largas si puede ser, en buena compañía si puede ser”.

Ros es gran seguidor de la novela japonesa. En concreto, Murakami es su autor de cabecera, con el que se siente muy identificado. Lo último que ha leído de autores murcianos es ‘El dolor de los demas’, de Miguel Ángel Hernández: “Lo disfrute bastante por la vertiente sociológica que llevo muchos años estudiando e investigando desde la universidad”. Combina esas lecturas con ensayos de política como formación y complemento a su trabajo.

Hace otra parada, pero no en una estación, es como cuando los trenes de vapor se detenían a cargar agua en unos depósitos gigantescos. Pasan dos ciclistas de ruta. Turno para la música: “Y desafiando el oleaje”, “sin timón ni timonel”, continua él. “¿Qué quieres que te diga de eso?”, pregunta Marcos riéndose y comenta su relación con el musico Joaquín Sabina: “Esa es mi pasión personal, quien me conoce sabe que probablemente no puedo pasar ni un día sin escuchar un rato, aunque sea solo una canción de Sabina. Cada uno tiene sus defectos y yo tengo ese defecto”. Piensa que es el mejor cantante, artista y escritor de canciones, incluso recuerda cual fue el primer concierto que vio: “Tengo la entrada, la publiqué hace poco en Facebook. En la plaza de toros de Murcia en el año 1989 o 1991 creo. Fue el primero que actuaba en solitario”. Cuando se encuentra bajo de moral o de ánimos escucha su música porque es como una “pequeña dosis de energía”.

Su exposición pública en las redes sociales es más que notoria: “Forma parte de mi trabajo, es decir, los electores murcianos han depositado en mí. Adquirí un compromiso que era poner la agenda cada semana de lo que voy a hacer porque he oído muchas quejas de que hemos tenido en otras legislaturas diputados europeos que nadie sabía si estaban vivos o no”. Marcos Ros quiere acercar la política europea: “La gente piensa que las instituciones europeas están muy lejos, que lo que se hace en el parlamento europeo no sirve para nada y creo que hay una labor pedagógica”.

Cuarenta minutos andando. Y unos metros más adelante hay varios grupos de niños jugando que ocupan el camino. La temperatura es agradable y el sol con un poco de viento acompañan la cuarta estación. A diferencia de la política, la arquitectura no era su primera opción para estudiar reconoce que tenía un abanico abierto de posibilidades como Física, Matemáticas o Medicina, pero no sabe porque se decantó finalmente por Arquitectura.

No fue sencillo: “Sufrí mucho porque es una carrera muy dura, muchas horas de trabajo. No sabría decirte porque no había tradición en mi familia, pero bueno a mí me dio por ahí y hasta ahora”.

Comenzó como profesor asociado y actualmente es contratado como Doctor del Área de Urbanismo. Su relación con la universidad continúa, aparcada momentáneamente, por su labor parlamentaria.  También fue subdirector de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura y Edificación: “En el 2015 me ofrecieron ser vicerrector de Infraestructuras y acepté, estando tres años, hasta que lo dejé para presentarme al Parlamento Europeo”. No quiere mezclar la política con gestión universitaria. La Universidad es otra de sus pasiones y no le gusta lo que está haciendo el Gobierno Regional al equiparar la universidad privada con la pública, lo que hace desprestigiar a esta última: “Ellos son titulares de la universidad pública de la Región de Murcia que es la que ofrece la igualdad de condiciones de acceso a todos los estudiantes de la Región, la que ofrece un buen sistema educativo. Así que no me parece que la estén tratando bien el Gobierno regional”.

Ha llegado el final del viaje, la última estación. Hay poca gente por la vía verde. Y contesta a la pregunta sobre cuál será su futuro: “Bueno yo creo que... te voy a responder con lo que pienso del mundo laboral actual y las expectativas. Creo que hoy día cualquiera que se plante su futuro a largo plazo tiene el 99% de equivocarse, vivimos en una sociedad muy liquidad en la que las oportunidades van pasando y hay que ir aprovechándolas”. Cita indirectamente al filósofo Zygmunt Bauman y continua: “Yo me veo, sobre todo, allá donde me surja una oportunidad y crea que pueda ser útil y con vocación de servicio público allí estaré ”. Pero Marcos Ros se guarda una carta bajo la manga: “Si hay algo que disfruto casi más que estar haciendo gestión política es estar en la puerta de un aula. Entra y cerrar la puerta y encerrarme dos horas, tres horas con mis alumnos, empezar a corregir proyectos, a debatir, a hablar sobre proyectos urbanos o lo que esté en ese momento enseñando. Así que por ahí va mi visón. Pero el futuro proveerá, no lo sé.”

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