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EH Bildu desaloja por segunda vez a Javier Maroto, símbolo del hundimiento del PP

En 2015 lideró su salida de la Alcaldía de Vitoria y ahora arrebata su escaño en el Congreso. En ambas ocasiones, el debate sobre el fraude en las ayudas sociales ha estado en el fondo.

Maroto anima a votar para "producir un cambio político en España"

Maroto, este domingo votando en Vitoria EFE

El PP tendría que lograr en las inminentes elecciones municipales de mayo 27 escaños de los 27 que hay en juego en el Ayuntamiento de Vitoria para que Javier Maroto Aranzabal (Vitoria, 1972), que cierra la plancha que encabeza Leticia Comerón, no quede definitivamente fuera de las instituciones. Maroto, 'número tres' de Pablo Casado y responsable de la campaña 'popular' que ha llevado a la formación conservadora a los peores resultados de su historia, ha perdido este domingo el escaño del PP y con él toda representación de la derecha en Euskadi.

Ni siquiera la fragmentación del voto en Ciudadanos y Vox explica la debacle, ya que los 'populares' se han dejado en Álava 10.000 votos y estos dos partidos apenas han acaparado un 40%. Eso sí, es incuestionable que si solamente 384 de esos votos que ha arañado la extrema derecha se hubiesen quedado en el PP el sistema D'Hondt no hubiera penalizado a Maroto y otorgado su escaño... a EH Bildu. De nada le sirvió el vídeo de campaña en el que advertía precisamente de ese riesgo de que la izquierda abertzale, auténtica bestia negra de Casado.

Es la segunda vez que Maroto desaloja a EH Bildu. La primera vez ocurrió en 2015. Y ese contexto explica lo sucedido ahora. Alcalde de Vitoria desde 2011, el dirigente del PP obtuvo unos grandes resultados en un contexto general de bajada para su partido. Fue una excepción, como Xavier García Albiol en Badalona. No era la único que les unía. Ambos regidores exhibieron una política de mano dura, discursos contudentes que, en el caso de Vitoria, incluyeron una polémica campaña -recogida de firmas incluida- sobre las ayudas sociales, el fraude y la inmigración magrebí.

A Maroto, siempre escudado por el asesor Rafael Laza, aquel "ayudas sí, abusos no" le granjeó muchos apoyos, pero también enemistades políticas irreconciliables. Hasta entonces, era la imagen del PP abierto y de talante dialogante, hasta el punto de que se jactaba de acordar con todas las fuerzas políticas, también con la nueva izquierda abertzale surgida tras el final de ETA. Pero aquellos discursos rompieron todos los puentes. 

EH Bildu, segunda fuerza en aquellas elecciones, impulsó una pinza que, finalmente, aupó a un alcalde del PNV, Gorka Urtaran, que gobierna en coalición con los socialistas y fue investido también con los votos de Podemos, IU y Equo. En estas elecciones, Maroto y la izquierda abertzale se volvieron a encontrar cara a cara. Las encuestas situaban -como ha ocurrido- el escaño del PP en dura pugna con la izquierda abertzale. 

El Maroto que pactaba con EH Bildu ahora se sumaba a Casado y a los ataques a todo lo que sonara a abertzale. El punto álgido de la dura pugna llegó cuando, en un debate, el dirigente del PP llamó "escoria", entre otros adjetivos, al cabeza de cartel, Iñaki Ruiz de Pinedo. ¿Cómo se llegó a ese punto? "Odiáis al pobre", le espetó Ruiz de Pinedo al exalcalde, que quiso colar su estrategia sobre las ayudas sociales en esta campaña, con publicidad pagada en los tranvías incluida. Su propuesta estrella era una "ley nacional" contra el fraude en las prestaciones, de competencia autonómica y no estatal. Nunca explicó en campaña cómo solventaría ese problema competencial y se limitó a reclamar que todos los que firmaron en la plataforma Ayudas + Justas (que resultó estar liderada por una persona con problemas con deudas a la Seguridad Social) repitieron la adhesión, ahora en pro de un Casado que tuvo en Maroto su principal bastión en Euskadi en contra de un aparato vasco marcadamente 'sorayista' y encabezado por Alfonso Alonso, su mentor en Vitoria pero cada vez más distanciado políticamente.

Tan distanciado que mientras el PP vasco rumiaba la derrota en Euskadi, Maroto escoltaba a Casado en Génova. Votando en el colegio Sagrado Corazón de Vitoria este domingo, Maroto bromeaba que ha perdido cinco kilogramos en esta campaña. Ahora también 10.000 votos y el escaño. Su futuro, a falta de explicaciones en caliente, es toda una incógnita.

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