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Sexo, trabajo, "corrupción , muchos sobres y mucho dinero negro"

Montse Neira es trabajadora sexual desde hace 25 años y activista a favor de la regularización de la prostitución como oficio.

Cree que el colectivo sufre "acoso policial ilegítimo" a través de ordenanzas municipales que "criminalizan y estigmatizan" mientras "no hay tantas víctimas de trata como dicen las cifras oficiales".

Detrás de la hipocresía gubernamental, cuenta, hay una máxima: "todo lo que es ilegal o no está regulado deja más dinero".

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Montse Neira, trabajadora sexual. / Juan Miguel Baquero

Montse Neira, trabajadora sexual. / Juan Miguel Baquero

Es puta. Y no lo esconde. O ramera o cortesana. Persona que mantiene relaciones sexuales a cambio de dinero, define el diccionario. Montse Neira es trabajadora sexual. Ejerce desde hace 25 años.

Más allá de sinónimos, de prejuicios sociales y de estigmas, tiene un oficio. El más antiguo del mundo, dicen. La necesidad, la vida, la llevó a comerciar con su cuerpo. Licenciada en Ciencias Políticas, escribió el libro Una mala mujer puso en marcha un blog y ofrece charlas sobre Prostitución y derechos humanos. Todo para defender a mujeres que trabajan en la calle, en clubes de alterne o en pisos. Activista y contraria a teorías abolicionistas, lucha para que se regularice el trabajo sexual y que el colectivo no vea vulnerados derechos laborales fundamentales en el ejercicio de la profesión. Así cuenta su experiencia a eldiario.es andalucía.

¿Recuerda el primer día que ejerció la prostitución?

Llamé a un piso y fui. Me trataron muy bien. Estaba lleno de clientes y unas cinco o seis chicas. Era un continuo ir y venir. Avisé que mi experiencia sexual era mínima, con mi marido y poco más. Me dijeron: si quieres puedes probar ahora, hay gente esperando. Lo hice. Una felación que duró poco más de diez minutos, mientras lo lavaba y todo, y por la que gané 3.000 pesetas. Aluciné. Así empecé.

¿Cómo acude al trabajo sexual?

Soy hija de emigrantes gallegos que en los años 50 fueron a Barcelona buscando un progreso social que no tenían en la aldea. Y que no encuentran. Llegaron a pasar hambre y nunca salieron de la miseria pese a trabajar toda la vida. A los 13 años tengo que ponerme a trabajar. Me casé con 17 años, tengo un hijo con 20 y al poco me separo. Me quedo sola. Con mi familia no me llevaba bien.

Y llega a ese piso…

A los 29 pierdo el empleo y mientras buscaba trabajo en la prensa, en los anuncios siempre veía los de prostitución. Se busca chica para piso de alterne. Los miraba con recelo, tenía mis prejuicios. Pero miraba anuncios de empleo y esos siempre estaban ahí. Un día y otro. Decían que se ganaba un millón de pesetas al mes y podía optar a trabajos de 30.000 pesetas. Pero la facilidad con que encontraba empleo se acabó y me encontraba en una situación francamente mala. No podía pagar alquiler, luz, agua, comida… Hasta que un día me lancé.

Montse Neira, trabajadora sexual. / Juan Miguel Baquero

Por necesidad. ¿Momentos de crisis como el actual explotan esa brecha?

Siempre se accede por lo mismo. La prostitución siempre ha sido una alternativa a los trabajos aceptados socialmente. Está ahí y sabes que en un momento dado vas a ganar más dinero que en otro lado y además de manera inmediata. Algunos lo pasan muy mal, pero tienen que dar de comer a su familia.

¿Hay más personas optando por esa salida?

Tampoco estoy a favor de la frase 'el último recurso'. Con la crisis se han metido mujeres que antes no ejercían e incluso podían vivir bien. Pero no es menos cierto que muchas que estaban trabajando, y bien, ganando dinero, también se fueron. Ejercer la prostitución no es tan rentable como hace cuatro años. Hay una bajada tremenda de la demanda, del 50%, y han caído los precios al nivel que tenían en el año 89. Tiras de hemeroteca, ves las tarifas… y son como las de ahora, de 20 ó 30 euros el servicio.

Pero mueve mucho dinero, sin embargo.

Todo lo que es ilegal o no está regulado deja más dinero. Hay muchísima corrupción, muchos sobres y mucho dinero negro. Por eso se tolera. Yo no te denuncio y te aviso de las redadas pero tú me pagas a cambio. Esto lo he visto, no me lo han contado.

¿La trata de personas es un problema tan extendido?

Condiciones duras, sí. Trabajo duro, sí. Pero tantas víctimas de trata como dicen las cifras oficiales, no hay. Si hubiese un número tan alto, el máximo responsable sería el Estado. Y hay que diferenciar conceptos: en la trata de seres humanos el fin es la esclavitud y en el tráfico de personas se trata de traspasar fronteras. En la trata suele haber tráfico. En esos casos prefiero hablar de esclavitud sexual más que explotación sexual.

¿Qué le parecen las ordenanzas emitidas por algunos ayuntamientos contra la prostitución callejera?

No es solución ninguna, tampoco multar a los clientes. Al final provoca acoso policial ilegítimo y trato discriminatorio. Las multas que reciben las prostitutas son parte del acoso. Criminalizan y estigmatizan. Me dicen que ahora se sienten verdaderamente delincuentes. Y toda esta persecución se hace al mismo tiempo que se permite en los clubes. Es una situación hipócrita.

Montse Neira, trabajadora sexual. / Juan Miguel Baquero

Cuénteme el caso de las prostitutas indignadas.

Del barrio del Raval, en Barcelona. Ellas quieren seguir ahí, no quieren que las echen. Yo estaba aquí antes que la filmoteca, por qué me quieren echar, dicen. Están peleando por su derecho. Las admiro muchísimo, yo no trabajaría nunca en la calle. Si llueve, llueve. Si hace frío, frío. Si los vecinos te tiran cubos de agua sucia… Es muy duro, pero ellas quieren estar ahí.

¿Cambiaría su profesión?

Lo tengo muy claro: para trabajar y ganar 800 euros, prefiero trabajar 12 horas al mes y ganar 1.500 con mis clientes. Mujeres que lleven tantos años como yo son muy pocas. La mayoría lo hace por periodos temporales cortos. Yo ya voy para los 25 años.

¿Desde el principio encontró un oficio en el sexo?

No, lo adquirí con el tiempo. Sobre todo cuando di el paso de independizarme. Tenía interiorizado el estigma y tenía doble vida. Lo llevaba muy mal. Lo quería dejar, no tanto por el trabajo en sí, sino por ese miedo a ser rechazada, por la vergüenza.

Cómo supera ese estigma. Cómo lo cuenta a la familia.

Primero me mentalicé durante mucho tiempo para aceptar que podía quedarme totalmente sola. Cuando digo totalmente sola me refiero sobre todo a mi hijo. Y ya está. Él sí me preocupaba. Se lo dije y al principio no lo tomó bien. Luego entendió cuál era la realidad, cómo era y ahora… madre e hijo, superbién.

Y de ahí a activista por los derechos de las trabajadoras sexuales.

Para que se regularice, que se reconozca el trabajo sexual y se pueda ejercer por cuenta ajena, por cuenta propia o en régimen de cooperativas. La prostitución no se puede legalizar porque es legal, no está recogida como trabajo pero no es delito. No deben vulnerarse derechos laborales fundamentales a quien la ejerce. Ahora voy a Amberes, un sitio donde está reconocido, para trabajar y conocer el modelo que tienen. Estaré 20 días. Ahí pagas solo por la habitación.

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