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La guerra encubierta en Abengoa

La aparente armonía entre los bancos acreedores esconde una tensión creciente de cada entidad por salvar sus muebles en la crisis de la multinacional andaluza.

Cada banco lucha por salvar del futuro concurso de acreedores la mayor parte posible de su deuda, pero cada euro que una cobre, otra lo pierde.

De ahí que en lugar de aprobar nuevos créditos de tesorería, exigen a Abengoa que busque liquidez en la banca en la sombra.

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Abengoa se reúne hoy con la banca que le apremia a vender Abengoa Yield

EFE

Pareciera que entre los bancos acreedores de la multinacional sevillana todo es paz y harmonía. Nada más lejos de la realidad.

Una vez analizada por la consultora KPMG la verdad que se esconde tras la creatividad contable de la compañía, le toca a los administradores de Abengoa presentar un plan de salvamento que sea aceptable para sus bancos acreedores. Un plan que debe definir qué créditos serán devueltos, qué activos se venderán para poder pagarlos, cuál será la deuda capitalizada, es decir convertida en acciones de la matriz y sus filiales, qué deuda será considerada impagable y pasará al futuro concurso de acreedores; cuál será, por tanto, la quita a aceptar por los acreedores, etcétera.

En total, la deuda de Abengoa con sus bancos, inversores y proveedores asciende a casi de 25.000 millones de euros. De ellos, según diversas fuentes, la que debe ser reestructurada asciende a 9.000 millones de euros, de los que, según el propio ministro de Economía, Luis de Guindos, 3.500 millones corresponden a bancos españoles.

Casi la mitad de ella, unos 1.500 millones, corresponde a créditos de todo tipo concedidos por el Banco Santander, que lidera al autodenominado G7, el grupo de bancos que negocia con Abengoa en nombre de toda la banca acreedora. Además, otros 600 millones corresponderían a Bankia, 500 más a Caixabank, al Popular y al Sabadell otros 300 millones cada uno y al ICO cien millones más.

Excepto el ICO, todos ellos forman parte del G7. Los otros dos son el HSBC británico y el francés Crédit Agricole, los más expuestos al resto de la deuda a renegociar, unos 6.000 millones de euros, que corresponden a dos centenares de entidades financieras repartidas por todo el mundo.

Intereses contrapuestos

Evidentemente, ninguna de estas deudas es homogénea. La posición deudora de cada entidad financiera, su exposición al riesgo de la multinacional, es totalmente diferente en cada caso. Por lo tanto, eso supone que unos saldrán más beneficiados que otros, o, si se prefiere, habrá algunos que resulten más perjudicados y otros menos.

Así pues, las presiones sobre los diseñadores del plan son enormes. Todos quieren que les toque beneficiarse al máximo de los créditos a pagar, y, cuando no sea posible, convertir la deuda en acciones de filiales que sean rentables (capitalizar los créditos).

En definintiva, todos pretenden conseguir que la parte de su deuda que acabe en manos de los futuros gestores del eventual, y ya casi inevitable, concurso de acreedores sea la mínima posible. Cada euro que recupere una entidad, será un euro perdido para el resto. Los intereses son, por tanto, contrapuestos, a pesar de que a todas les interesa encontar una solución viable.

Así, ahora mismo cada banco está planeando sus estrategias, colocando sus peones en el campo de batalla. Las primeras escaramuzas ya han tenido lugar (como la abortada aparición del salvador Gestamp), pero la gran batalla está a punto de comenzar.

Dos mensajes claros

Por ahora, en su reunión de este jueves con los máximos responsables de la compañía, las entidades ya les han trasladado dos mensajes que claramente van encaminados a conseguir cobrar el máximo posible.

Uno, que antes de pedirles a ellos más dinero, intenten obtenerlo vía fondos de inversión, es decir, en la llamada banca en la sombra, que maneja enormes volúmenes de liquidez.

Obviamente, para ello podrían hacer dos cosas. Una, venderles participaciones significativas en algunas de sus filiales que sean rentables (no en vano  el ministro de Guindos avanzó ayer que el 99% de los negocios de Abengoa lo son). Y la otra, negociar créditos con algunos de estos fondos para los que tendrían que utilizar alguno de sus activos como garantía.

De ahí el segundo mensaje lanzado por la banca acreedora a los administradores de la sociedad: Abengoa Yield no se vende. Ya que es esta filial británica cotizada en la Bolsa de Nueva York la que concentra la propiedad de los activos más valiosos de la multinacional. Así, es el paquete de acciones de la matriz en su filial el que puede ser utilizado como garantía contra la concesión de esos créditos de tesorería que Abengoa necesita urgentemente para sobrevivir durante los cuatro largos y duros meses de negociación que le esperan por delante.

Sólo si Abengoa no consigue liquidez en la banca en la sombra, se plantearían sus entidades acreedoras aportar el dinero que resuelva sus necesidases inmediatas de tesorería con la que hacer frente al pago de nóminas y proveedores. Para sobrevivir, para no caer, es indispensable que Abengoa consiga seguir pedaleando.

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