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Inmigrantes: invisibles, pero necesarios

Eduardo Azumendi

“Para mantener las cotas de Estado de Bienestar que aún tenemos, el modelo actual precisa de más inmigrantes”. Así lo piensa Gorka Moreno, director del Observatorio Vasco de Inmigración-Ikuspegi, quien considera que el modelo vasco de inmigración puede ser una avanzadilla de lo que va a ocurrir en otros países europeos: una erosión del estado de bienestar con políticas sociales menos garantistas y la búsqueda de bienestar a través de respuestas informales, ofrecidas por los inmigrantes. Es decir, “garantizar nuestro bienestar (el de la población autóctona) a costa del inmigrante. Una sociedad en la que la mayoría vive integrada a costa de una minoría que no lo está, los inmigrantes”.

La población extranjera, que en Euskadi supone el 6,8% de la población (lejos del 11,7% que supone a nivel nacional), ha aceptado así su papel de invisibilidad, de ser el soporte de lo que va quedando del Estado de Bienestar. Pero a la vez, los expertos también advierten de que el flujo migratorio seguirá siendo necesario, sobre todo, en una comunidad como Euskadi, que sufre una grave crisis demográfica. En la actualidad, la mitad de la población vasca tiene más de 45 años. La única inyección de rejuvenecimiento pasa por la llegada de población extranjera.

Pero la paradoja es que Euskadi no es ni mucho menos un territorio atractivo para la inmigración. A la comunidad autónoma ha llegado menos gente que a otras comunidades dado que apenas hay construcción, agricultura, turismo… Sectores de destino habitual de este colectivo en el resto de España. “El País Vasco”, explica Moreno, “ no resulta atractivo ni es una sociedad abierta para los inmigrantes. Es un estilo parecido a los países nórdicos, que tienen un amplio bienestar pero solo para sus nacionales. No dan opción de acceso a los inmigrantes por sus características socioeconómicas. Euskadi muestra esas características: una industria fuerte y cualificada, a la que el inmigrante no tiene acceso”.

En el Estado se detecta un parón en la llegada de inmigrantes desde hace cuatro años, pero en Euskadi es en el padrón de 2013 donde por primera vez desciende el número. Rompe con la pauta porque en 2011 y 2012 mostraba una tendencia diferente a la del resto de España porque el número de extranjero seguía aumentando. En buena medida procedente de otras comunidades en las que la crisis golpeó antes que en Euskadi. En total, el País Vasco contabiliza en enero de 2013 alrededor de 3.730 extranjeros menos que el año anterior.

Desde Harresiak Apurtuz–Coordinadora de ONG de Euskadi de Apoyo a Inmigrantes, alertan de que la población inmigrante no solo se ve afectada por una Ley de Extranjería que le impide el acceso a un puesto de trabajo hasta no cumplir tres años de residencia y solicitar la documentación a través del arraigo, sino que esta población ahora tiene que esperar también tres años para poder acceder a la Renta de Garantía de Ingresos. “Este es el único medio que tenía hasta la fecha para poder llevar una vida digna”.

“La realidad”, añade Harresiak Apurtuz, “es que gracias a estas políticas sociales orientadas al recorte de prestaciones, muchas más personas, que ya tenían una situación precaria, ahora se quedan en una situación de abandono y de desprotección total”.

En torno al 85% de las personas que se van de Euskadi debido a la crisis en busca de oportunidades son extranjeros, según los datos del Observatorio Vasco de Inmigración. Por lo tanto, no se está produciendo “una descapitalización de cerebros vascos”, resalta Gorka Moreno. “Hay jóvenes vascos que se van más que otros años, pero no es una estampida. Siempre se han ido los jóvenes tras acabar la carrera universitaria, ahora algo más, pero no es una descapitalización. La gente que emigra son los extranjeros”.

Menos de red protección

Los emigrantes carecen de una red de protección familiar que les sostenga en caso de necesidad, lo que hace que la crisis les golpee más duro. “Se trata”, explica Moreno, de una mano de obra sin cualificar. A Euskadi ha llegado menos gente que a otras comunidades dado que apenas tenemos construcción, agricultura, turismo…sectores destinatarios de este colectivo. Lo raro era que en 2011 y 2012 siguiera entrando gente, pero no hay hueco. No se puede absorber el excedente inmigrante de otras comunidades“.

Los flujos migratorios van hacia donde hay hueco laboral y en el caso de Euskadi se remite a las tareas domésticas y los cuidados personales. Ámbitos hasta ahora de ocupación más femenina. De ahí que en la comunidad autónoma haya más mujeres que hombres inmigrantes.

La Fundación Ellacuría acompaña colectivos y asociaciones de personas inmigradas en Bilbao y Bizkaia desde 2006. Martín Iriberri, director de la Fundación, recalca que se trata de personas muy motivadas en su propio proceso de incorporación social mediante la formación, la participación y también el voluntariado. Pero, “la forma en que las administraciones están gestionando la crisis está debilitando mucho más a los colectivos más vulnerables de nuestra sociedad, y el de las personas extranjeras es uno de ellos, en parte también porque la legislación de extranjería que se les aplica les carga de obligaciones y les limita los derechos. Y una participación tan desigual en este tiempo de crisis es doblemente excluyente”.

Según Iriberri, en Euskadi la población extranjera llegó muy pegada a las ofertas y necesidades del mercado de trabajo vasco. “Hay nichos laborales que se están manteniendo y que al medio plazo serán claves en Euskadi, los que tienen que ver con el cuidado de personas, la dependencia, servicios, los talleres cualificados. En Euskadi tenemos un problema de envejecimiento de la población que nos obliga a tener una política de incorporación de personas a nuestro mercado laboral, pero también a nuestra sociedad. No son solo personas trabajadoras, son personas con un proyecto familiar y con necesidad de participación social activa. Y esa política también hay que gestionarla”. Muchas de esas personas han acompañado en las últimas etapas de sus vidas a muchos ancianos y ancianas. Y les han asistido con sentimientos de familia. “Ese duelo está invisibilizado socialmente”, resalta Martín Iriberri.

Se repite la historia

Desde la Comisión de Ayuda al Refugiado en Euskadi, una de sus portavoces, Rosabel Argote, entiende que nos encontramos ante una repetición de la historia. “Ante la imposibilidad de echar la culpa a los verdaderos culpables de la crisis, se la echamos a los inmigrantes. No tienen colchón social, no tienen a quién acudir. Hasta ayer el Gobierno español pedía mano de obra a otros países para cubrir diferentes sectores. Pedíamos mano de obra y nos llegaron personas. Muy necesarias de nueve de la mañana a cinco de la tarde y después sobran”.

Para el ecuatoriano Alex Fernández, de 32 años de edad y con doce de residencia en España y tres en Vitoria, la situación se le ha torcido. Desde hace tres años que perdió su trabajo en la construcción sale adelante con lo que puede. “Las perspectivas de encontrar trabajo son nulas. La opción de volver a mi país me ronda por la cabeza, pero no lo tengo claro. Es que por salir no salen ni cursos para hacer”.

Su compatriota Jhonny Barre, de 41 años y con dos hijas, el panorama pinta igual de difícil. “En Vitoria llevo ocho meses. Vine desde Murcia, donde he trabajado doce años en un almacén de hortalizas. En su momento ya intenté el retorno. Presenté los papeles, pero faltaba algún documento. Surgió la posibilidad de venir a Vitoria porque había amigos, vine solo y ahora mi mujer trabaja cuatro horas. Yo solo cuando encuentro algo muy puntual”.

“Estoy pensando en volver”, añade, “porque en Ecuador tengo el resto de la familia. Para estar como estoy, mejor en mi país, más tranquilo. En Ecuador ahora se está moviendo algo más la economía. No he vuelto en ocho años, sería casi empezar de nuevo”.

El que tiene muy claro que no va regresar a su país es el marroquí Karim Ziani, de 26 años. “Llevo cinco años en España y de ellos tres en Vitoria. Vine con un contrato para trabajar en un restaurante en Cataluña. Pero aquello se acabó. Llevo mucho tiempo buscando algo, en lo que sea, pero no consigo nada. De momento, un amigo me deja estar en su casa tres semanas y después no tengo nada. He dormido en la calle, sin nada para comer. Pero a pesar de eso, ni me planteo volver a Marruecos”. El objetivo es seguir adelante en Euskadi, hasta que salga algo.

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