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Tesoros, un puerto franco y un préstamo de Gadafi: el pasado de Rifaat Al Asad, el huésped incómodo de Marbella

Edificio Gray D'Albion, en Marbella

Néstor Cenizo

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El auto contra Rifaat Al Assad del pasado 21 de noviembre puso fin a una investigación de casi tres años en la que se ha destapado el descomunal patrimonio que, por medio de empresas pantalla, posee el exmandatario sirio en España. El juez José De la Mata cree que Rifaat (tío del actual presidente sirio, Bachar Al Asad), sus hijos, dos de sus esposas y varias personas de su confianza constituyen una organización criminal que se dedicó durante décadas a blanquear el dinero esquilmado de las riquezas de su país y procedente de actividades ilícitas.

El auto dibuja un personaje casi de novela, obsesionado por la riqueza, remontándose a los años 80 para describir el origen de su patrimonio. En 1984, Rifaat Al Asad fue expulsado de Siria por su hermano Hafez (padre del actual presidente), que temía que pudiese organizar un golpe de Estado. Se llevó consigo, según De la Mata, unos trescientos millones de dólares: doscientos en dinero contante y sonante rapiñado de los presupuestos, y cien de un préstamo concedido por Libia, entonces gobernada por Gadafi, que Siria tuvo que pagar aumentando las importaciones.

De la Mata cuenta no sólo cómo blanqueó y gastó ese dinero, con inversiones millonarias en Londres, París y la Costa del Sol, sino también las técnicas criminales de las que se sirvió para quedarse con riquezas del pueblo sirio. El juez cree que Rifaat Al Asad obtuvo “ingentes recursos ilícitos de múltiples actividades delictivas: extorsión, amenazas, contrabando, expolio de riquezas arqueológicas, usurpación de inmuebles, tráfico de drogas”, y que cometió estos delitos “de modo sistemático e industrial”.

El tesoro retirado en helicóptero

Varios testigos declararon ante De la Mata que tenía “un monopolio de hecho” sobre el tráfico de drogas y el expolio de riquezas arqueológicas. “Era casi Dios”, declaró un exgeneral del ejército. A partir de los testimonios de varios ex altos cargos militares y del Gobierno, el juez reconstruye episodios de rapiña y narcotráfico, aunque no incluye estas actividades en el objeto de su auto.

Un abogado sirio reveló ante De la Mata una anécdota que da cuenta del latrocinio sistemático de Al Asad. Según este testigo, una vez se descubrió en unos terrenos expropiados una cueva artificial, probablemente romana, que albergaba un gran tesoro con oro y efigies. Rifaat Al Asad acudió al lugar en helicóptero y ordenó que todo el oro y las piezas más valiosas se cargaran en el aparato. En los días siguientes, varios vehículos militares retiraron el resto del tesoro. Estas riquezas acababan en el mercado negro internacional, según varios testigos.

El exgeneral Adnan Alhwash contó a De la Mata otro caso. En 1983, cuando estaba destinado en el servicio de Inteligencia Militar de Hama, le informaron de la localización de una nave con antigüedades expoliadas. Su unidad se incautó de 204 kilos de estatuas y antigüedades y a continuación interrogó al propietario del local, dándole lo que Alhwash denomina una “paliza de bienvenida”.

Poco después, sin embargo, se presentó un superior, se llevó al individuo y llegaron al lugar varios camiones que cargaron el material intervenido. Según contó Alhwash al juez, una Unidad de Inteligencia Militar escoltó a los camiones hasta la frontera del Líbano. Después descubrió que el hombre al que había interrogado era un experto arqueólogo con una estrecha relación con Rifaat, al que informaba de dónde podía localizar antigüedades.

Las actividades criminales en Siria descritas en el auto no se limitan al saqueo de riquezas arqueológicas. La resolución da cuenta del uso del puerto deportivo de Latakia, propiedad de Rifaat Al Asad hasta su destrucción en 1999, para el contrabando y el tráfico de drogas. El exministro de Defensa declaró ante los investigadores franceses: “Sé que Rifaat Al Asad hacía también la circulación de la droga, del captagon, de la heroína y de cocaína”. Según varios testigos citados por De la Mata, controlaba el tráfico y la distribución a través de la shabiha [un grupo paramilitar] y de las Brigadas de Defensa, ambas dirigidas por él. Las Brigadas de Defensa son responsables de la masacre de Hama, en 1982.

Un exilio para “evitar un baño de sangre”

En realidad, muchas de estas actividades eran conocidas cuando Rifaat fue expulsado de Siria con destino a Francia, según declararon varios testigos. Su hermano Hafez temía que liderase un golpe de Estado y permitió que su hermano huyera para, según los testigos que ha interrogado De la Mata, “evitar un baño de sangre”. Antes, Hafez le habría dicho “que se llevara cuanto quisiera”. A partir de las declaraciones que ha tomado, el juez cree que fueron 200 millones escamoteados de la partida de “gastos de Presidencia” y cien millones que prestó Libia, y que Siria devolvió aumentando sus importaciones libias.

Tras su exilio, vivió a caballo entre París y en la Costa del Sol, donde desembarcó con su séquito en 1986. En 1999 se le concedió la residencia en España, pese a la existencia de un informe policial en contra, según informó entonces El País. No pesaron en contra las dudas sobre su patrimonio (cifrado entonces en unos 3.000 millones de dólares) ni los incidentes de su familia en Marbella, que incluyen amenazas a fotógrafos, amenazas a dueños de negocios y persecuciones policiales.

En esa época se informaba de que Rifaat, con un amplio conocimiento de las estructuras de poder en Oriente Medio, mantenía estrechos contactos con los servicios de contraespionaje españoles. También se le atribuyen buenas relaciones con los servicios secretos de Estados Unidos e Israel.

Entre tanto, tejió una compleja red de sociedades con sede en España, Gibraltar y Panamá, de la que se ha valido para ocultar su patrimonio y blanquear el dinero, según De la Mata. Algo parecido hizo en Francia, donde es dueño por sociedades interpuestas de un hotel de seis pisos en la Avenida Foch, otro en la Avenida Lamballe, una granja de cría de caballos y cerca de 40 apartamentos, todos lujosamente amueblados. Según la Dirección Nacional de Investigaciones Fiscales de Francia, sus propiedades en el país tienen un valor de más de 90 millones de euros. En Londres es dueño de una residencia de 65 habitaciones. En España tiene más de 500 propiedades.

El imperio que se tambalea

Todo este entramado empezó a tambalearse en septiembre de 2013, cuando Transparencia Internacional Francia y Sherpa, una asociación francesa en defensa de las víctimas de delitos económicos, interpusieron una denuncia contra él. La Fiscalía recogió el guante, y en junio de 2016 fue imputado. En abril de 2017 la Audiencia Nacional lanzó la Operación Scar, origen del auto con el que De la Mata dio por concluida su investigación proponiendo juzgar a Rifaat y una docena de investigados más.

Rifaat Al Ass+ad alegó en su interrogatorio que al salir de Siria era pobre y que todo su dinero viene de la familia real Saudí, que decidió hacerse cargo de sus gastos y comprarle una casa en París. De la Mata cree que esta explicación es “absolutamente falsa”, porque las donaciones saudíes apenas se destinaron a comprar bonos del Tesoro americano, y apenas cubrirían una mínima parte de su descomunal patrimonio inmobiliario. En Francia tampoco le creen, y allí ya se ha abierto juicio oral contra el hombre que en Siria fue “casi Dios”.

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