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Ceuta será la tumba de Ceuta

Cientos de ceutíes durante una manifestación el pasado domingo en defensa de la españolidad de la ciudad autónoma.
21 de septiembre de 2026 20:26 h

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Ceuta será la tumba gubernamental de Pedro Sánchez: su Gobierno ha demostrado tanta torpeza en esta crisis como le ocurrió a José Luis Rodríguez Zapatero en su último año de mandato, cuando el Ecofin y la crisis retardada de Lehman Brothers le obligó a desdecirse de sus propias líneas rojas, y nunca mejor dicho. La excesiva tardanza en reaccionar, sus inexplicables vacaciones, la lentitud burocrática a la hora de dirimir la suerte de los diez mil migrantes –“invasores” les llama la derecha toda, como si fueran las huestes de Gengis Khan, en vez de un puñado de desgraciados--, las contradicciones entre sus ministerios y un largo etcétera, hunden cada vez más al inquilino de La Moncloa, irremisiblemente y no sólo en las encuestas sino en la percepción pública, que es mucho más letal.

Sin embargo, no será el único cadáver político de este extraño laberinto de pasiones. Visto lo visto en los últimos tres meses, Ceuta también será la tumba de Ceuta, la que conocimos, la que proyectaba su imagen de Ciudad Autónoma en la cuerda floja de cuatro culturas –lo que significan cuatro religiones, cuatro formas de ver la vida, las costumbres y la metafísica--, haciendo equilibrios en el alambre de la convivencia. Eso parece haberse roto y lo peor es que no hay red protectora para este terrible accidente en el trapecio de la intolerancia: un musulmán ceutí, hasta ahora, venía siendo un ceutí más. Ahora, parece que no: le insultan en las manifestaciones, le miran de forma aviesa como ocurría décadas atrás, los españolísimos les suponen caballos de Troya. Mal asunto: hace dos meses, muchos ceutíes echaban pacífica pero contundentemente a los Alvise o Vito Quiles. Ahora, algunos hoscos la emprenden a mamporros con una diputada, abogados, con activistas de ONGs o queman los bártulos de los sin casi nada.

¿Qué ha cambiado? Probablemente, la vida de la ciudad. Nos acostumbramos al paisaje, también humano. Y Ceuta ha tenido una sobredosis de este último. La mayoría de sus habitantes ha reaccionado con lógico hartazgo pero civilizadamente. Han protestado hasta la náusea, con manifestaciones, concentraciones o incluso acampadas. Pero concurren dos circunstancias culturales: no han leído a Cernuda, por lo que les cuesta discernir entre la realidad y el deseo, ni han visto a Bergman y desconocen que los gritos resuenan más que los susurros.

Y están los gritos, los desaforados, los faltones, los perdigones, los pasamontañas, las motos, los somatenes. ¿Es eso Ceuta? No, la que yo recuerdo. No, la que espero que siga siendo

La realidad es la que es: la del Estado de derecho, que debiera estar tan por encima de todo, como los derechos humanos. Pero ese Estado es un elefante demasiado lento para lo que ansían los caballas. Su deseo es volver a ser lo que fueron y para ello es preciso que se vayan los que llegaron pero no de cualquier forma: si el Gobierno les lleva a la Península, sería un mensaje para que otros intentaran cruzar las bravas a sabiendas de que tarde o temprano atravesarían el Estrecho. El problema estriba en los peros: si están en las calles, malo; si ocupan las playas, peor; si les llevan al puerto, terrible. Hay que devolverlos a Marruecos, parece ser el único mantra, aunque sea incumpliendo la Ley, pero un Gobierno no puede teóricamente incumplirla sin incurrir en cohecho o en prevaricación.

Y están los gritos, los desaforados, los faltones, los perdigones, los pasamontañas, las motos, los somatenes. ¿Es eso Ceuta? No, la que yo recuerdo. No, la que espero que siga siendo.

Al Gobierno tienen que exigirle que se de patadas en el culo a la hora de resolver los expedientes y que refuerce la seguridad de la Ciudad Autónoma, pero para ello no sólo hace falta sacarle el dobladillo a la valla, sino conseguir que la OTAN y la Unión Europea no miren a ese lugar como a un pariente pobre que tiene que entrar en su club por la puerta de servicio.

¿Qué más? La geografía es tozuda: Ceuta limita al sur con Marruecos, no con Suiza. Los muy patriotas están ensayando los tambores de guerra. De ser así, ya sabemos quien estará en primera línea. ¿No hay ningún diplomático en la habitación?

Marruecos ha muerto un poco, a su vez, en Ceuta: su fiabilidad europea está por los suelos y el clima de morofobia que se ha extendido por España es de tal calibre que ya empiezan a sufrirlo injustamente sus nacionales emigrados. Pero el día 23 hay convocadas elecciones y hasta entonces todo este lío puede beneficiar a quien siempre las gana, el todopoderoso majzén, que siempre manda gobierne quien gobiernes

Al ejecutivo de Juan Vivas también habrá que reclamarle un poquito de por favor y que se ponga al día con los menores de edad que, a fin de cuentas, son de su competencia, incluyendo el que murió por hipoglucemia. Y si el PSOE se ha comportado en todo este calvario como un niño pijo con cara de yo no fui, ¿qué decir de los inefables PP y Vox, a quienes tan sólo parece importarles Ceuta para hacer caja electoral? A la peña brava, lo de Ceuta también le ha venido de perlas para desempolvar sus uniformes, sacar los correajes y entonar sus cánticos fogosos, entre novios de la muerte y caras al sol, haciendo compás con sus bates de beisbol.

Marruecos ha muerto un poco, a su vez, en Ceuta: su fiabilidad europea está por los suelos y el clima de morofobia que se ha extendido por España es de tal calibre que ya empiezan a sufrirlo injustamente sus nacionales emigrados. Pero el día 23 hay convocadas elecciones y hasta entonces todo este lío puede beneficiar a quien siempre las gana, el todopoderoso majzén, que siempre manda gobierne quien gobiernes.

También mueren los sueños de las diez mil personas que llegaron a Ceuta y siguen allí. Sobre todo, ellas, que son las que han sufrido los abusos de sus compañeros de viaje y de otros que, a río revuelto, han pescado violaciones. No es fácil sobrevivir en las calles, o en una playa, ni bajo la precariedad de las calles o de la sopa boba. Tampoco un CETI es el paraíso. Más de 140 murieron. Y a más de diez mil se les están muriendo los sueños.

Al resto, al menos, nos queda la esperanza de que Ceuta resucite y vuelva a serlo, plural y mestiza, con sus necesarias dosis de peninsulina y con ese viejo oficio del diálogo, que ahora parece aparentemente roto por el estruendo de las cornetas y de las chirimías.

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