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OPINIÓN | 'Los riesgos tras la cumbre de la OTAN', por Olga Rodríguez
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Liberarse del 'bicentralismo'

La estructura radial ferroviaria española es prueba palmaria de la concepción centralista.

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A tres semanas de las elecciones de Andalucía, la comunidad autónoma que con sus ocho millones y medio de ciudadanos es la más poblada de España, la que tiene más habitantes que trece países de la UE, que ocupa un punto geoestratégico clave, pero concentra ocho de los diez municipios con más paro y los cinco más pobres del país (INE 2022), parece condenada a decidir su futuro bajo el yugo del 'bicentralismo' de Barcelona y Madrid. Un problema, problemón, común a todo el espacio etiquetado con displicencia como “la periferia” y que, en verdad, es la inmensa mayoría estatal. Porque pongámoslo negro sobre blanco: Madrid y Cataluña juntos suman solo el 30% de los habitantes del país y “los periféricos” somos el 70%.

A pesar de esta realidad, cuantos no vivimos ni en Madrid ni en Cataluña compartimos el hartazgo de ver nuestras expectativas de desarrollo profesional y vital mermadas y supeditadas a ir a vender nuestros productos y servicios, a hacer contactos, a reclamar inversiones e infraestructuras en manifestaciones que molestan y bien querríamos ahorrarnos, o incluso a migrar a cualquiera de esos dos polos donde “están las oportunidades”.

Nada debería ser más prioritario para quien quiera gobernar una autonomía que dar a su ciudadanía condiciones de vida autónoma, pero ahora mismo no parece que las propuestas concretas sobre cómo lograr que la gente avance sin tener que dejar su tierra vayan a centrar el debate andaluz previo a las elecciones.

La campaña de distracción masiva está en marcha. De un lado, el PP de JuanMa Moreno repite como un mantra, igual que Feijóo a escala de España, lo de “la bajada de impuestos” que engatusó a muchos votantes hace cuatro años, aunque en realidad beneficia a quienes más dinero tienen como queda claro en esta entrevista al consejero de Hacienda y recién nombrado vicesecretario de Economía del PP nacional Juan Bravo. El PP-A ha rebajado el IRPF a quienes teniendo hasta 100.000€ llevan a sus hijos a colegios privados para, a cambio, meter tijeretazo a la sanidad y educación públicas y ensanchar la brecha de desigualdad social entre quienes tienen menos y los que tienen más.

Ni una crítica le ha hecho el PP andaluz a la desleal competencia fiscal que la Comunidad de Madrid, presidida por su colega Ayuso, hace a Andalucía y a toda España al ofrecer a los ricos de cualquier rincón del Estado un pago de impuestos ridículo con tal de que tributen en Madrid en vez de ahí donde el esfuerzo de los trabajadores de sus empresas ha generado los beneficios. 

La prioridad de Vox es recentralizarlo todo en Madrid

En vez de pararle los pies a ese madrileñismo ayusista que ejerce de abusón de la clase, el PP andaluz, al contrario, se sabe necesitado y actúa entregado a un Vox que amenaza los derechos humanos y la democracia, sí, como esta semana han denunciado los colectivos LGTBI de Andalucía y ha evidenciado el desprecio del vicepresidente de Castilla y León y líder allí de Vox, Juan García-Gallardo, a la procuradora socialista con discapacidad Noelia Frutos. Pero un Vox, además, cuya prioridad es abolir las autonomías, es decir, hacer que el estado español sea más centralista todavía. La primera medida que el partido de Abascal y Olona impulsa en su programa dice literalmente:

Devolución inmediata al Estado de las competencias en Educación, Sanidad, Seguridad y Justicia, limitando todo lo posible la capacidad legislativa autonómica como paso previo a la creación de un estado unitario, administrativamente descentralizado, que promueva la igualdad y solidaridad entre españoles.

“Igualdad” y “solidaridad” como migajas caritativas lanzadas o denegadas desde Madrid, ¡Lo que nos faltaba! ¿No queréis centralismo madrileñista? ¡Pues tomad dos tazas!

¿Creen los agricultores, pescadores y cazadores andaluces, los empresarios, autónomos y trabajadores, las maestras, investigadores, médicas, ingenieras, los vendedores, albañiles, abogadas y juezas, los policías y bomberos, los músicos y bailaoras, los actores, fotógrafos, periodistas y escritoras, los parados e infraempleados, las estudiantes de FP y universitarios de las ocho provincias andaluzas, desde Huelva a Almería, que su vida real en el día a día será mejor si las decisiones las toma una camarilla ajena y lejana a su tierra y a su realidad cotidiana?

Frente a los enormes desafíos de Andalucía para crear empleo y oportunidades para los habitantes del campo y las ciudades, Vox propone recentralizar las decisiones en Madrid y el Tribunal Supremo mete en campaña los indultos a independentistas catalanes.

El Tribunal Supremo mete a Cataluña en las elecciones andaluzas

Esto no va de banderas, ni himnos, por más que el blanco y verde estandartes de paz y esperanza y el cántico de Blas Infante sean símbolos inusualmente hermosos por su universalismo y su llamada a la emancipación humana. Ni Andalucía, ni el gran conjunto de España quieren separarse o rivalizar con el resto del país sino progresar con equidad. Y, de momento, no solo los municipios con más paro y pobreza están en Andalucía, sino que, fruto de ello, también son andaluces 9 de las 15 localidades con menor esperanza de vida. Nada de vaporosas teorías, efectos concretos y gravísimos: la gente con peores trabajos, sueldos, alimentos y cuidados médicos se muere más y se muere antes.

¿Creen los trabajadores, empresarios, parados e infraempleados y los estudiantes andaluces, residan en entornos rurales o urbanos, que sus vidas serán mejores si las decisiones que las determinan son tomadas por una camarilla en Madrid ajena a Andalucía?

Con lo serio que es esto, con lo crucial que es también que Andalucía esté en primera línea de desertificación lo que amenaza severamente al turismo y la agricultora, los dos principales motores de su economía, en estos días previos a las elecciones del 19J que deberían ser para escuchar propuestas de desarrollo, el Tribunal Supremo ha metido a Cataluña en la campaña andaluza al enmendarse a sí mismo la plana para, ahora sí, juzgar la pertinencia de los indultos del gobierno a los líderes independentistas catalanes. ¡Venga otra cortina de humo a nublar los intereses de los llamados a votar!

Participación frente al bicentralismo

Para desafiar las presiones bicentralistas resultaría esencial una sólida participación en las elecciones del 19J . Pero está en el aire. Es mucho lo que el PSOE, que gobernó Andalucía ininterrumpidamente 37 años hasta estos últimos cuatro, debería analizar, reconocer, rectificar y proponer para recuperar credibilidad y sellar el pacto con la ciudadanía que le diera opción de gobernar. Mucho lo que las izquierdas de Por Andalucía y Adelante Andalucía deberían entretejer con la sociedad civil para ampliar un respaldo que, según las encuestas, ronda apenas el 10 y el 2 por ciento, respectivamente.

Frente a todo esto, un factor de enorme transversalidad y con gran potencial como semilla de progreso sería conseguir que el inminente debate electoral y el gobierno que salga luego liberen Andalucía del dominio bicentralista y la hagan tan protagonista de su historia como los andaluces quieren, queremos serlo de nuestras vidas. Anhelo a buen seguro compartido por el resto de “periféricos”, hartos de ninguneo.

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