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“No estamos bien”: cuando la salud mental hace a las mujeres doblemente vulnerables

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Alejandro Luque

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Julia Moyano y Rocío Hoces, fundadoras de la compañía sevillana La Rara, venían de cosechar un notable éxito con su obra Si yo fuera madre, en la que compartían escenario con sus dos bebés, cuando empezaron a indagar en la cuestión de la salud mental. Después de un laborioso proceso, ahora se disponen a estrenar –el próximo 25 y 26 de marzo, en el Teatro Lope de Vega de Sevilla– un nuevo montaje en el que esta cuestión de candente actualidad será abordada desde distintos ángulos bajo el título Órgia.

Entre un espectáculo y otro, Moyano y Hoces desarrollaron una investigación que comprendió entrevistas de un gran número de profesionales que trabajaron para cerrar el conocido como Manicomio de Miraflores de Sevilla en los primeros años 80. “Desde el principio, nos interesó la invisibilización de las enfermedades mentales, el estigma y el tabú”, comenta la primera. “Ello nos llevó a pensar que mujeres como nosotras, nacidas en esos mismos años, estábamos atravesadas por la cuestión de la salud mental. Lo que antes derivaba en aislamiento ahora es silencio, se vive con vergüenza”.

Por su parte, Rocío Hoces opina que “hemos abierto el espectro a cualquier tipo de malestar. En Miraflores se trataba a personas con trastornos mentales, pero también había personas molestas para la sociedad, homosexuales, gente considerada diferente… Ahora nosotras, como ciudadanas con 40 o 42 años que han vivido una pandemia, nos damos cuenta de que no estamos bien, sin necesidad de padecer una esquizofrenia o una bipolaridad. Teníamos necesidad de visibilizar lo que fue el fenómeno y también lo que es”.

Locura y normalidad    

Así, Eva, Nerea, Julia, Rocío y Elo se asomarán a la historia reciente de la salud mental a través de tres líneas temporales: el presente que cuenta el pasado, el pasado y el pasado que conforma el futuro, y para ello se apoyan sobre la narrativa transmedia adoptada en su anterior montaje, así como la autoficción que va de lo íntimo a lo plural.

Con todo, se subraya el hecho de que la mujer es ante la salud mental doblemente vulnerable. “Aunque los hombres nos preocupan, ser mujer supone una desventaja también en este aspecto”, comenta Moyano. “Por ejemplo, un hombre nunca es un histérico, la histeria está siempre asociada a una mujer. O en el caso de las depresiones, cuando un hombre y una mujer van a una consulta, es muy probable que esa depresión se le diagnostique a la mujer con más premura: con los mismos síntomas, yo salgo del médico con un diazepam y a él se le practican pruebas físicas, se supone que sus males están en otro plano. Asimismo, la sobrecarga que arrastramos nos vincula con nuestro sufrimiento psíquico y nos hace más frágiles en este aspecto”.

Esto las remite al tema que ya habían tocado en su anterior propuesta, la maternidad. “Al principio estás tú sola en la rueda, luego con tu barriga, luego con tu bebé, finalmente en familia, pero sigues en la rueda. El propio posparto es una especie de locura transitoria que todas vivimos, un momento en que tu relación con el mundo es muy extraña, y con el que tienes que lidiar. Ese momento nos lleva a preguntarnos, incluso, qué es locura, aunque más bien la pregunta sería a qué llamamos normalidad”, dice Moyano.

El cuerpo habla

Para Hoces, conceptos como la locura, la histeria, la inestabilidad y la mujer se convierten en palabras que van a desvestir y resignificar desde el escenario. “Ser mujer en un sistema patriarcal nos afecta en todos los ámbitos. Es urgente que el personal médico, como otros sectores, incorpore la perspectiva de género para poner de manifiesto estas desigualdades. Eso evitaría, por ejemplo, que se mande a casa a una mujer con un diagnóstico de ansiedad cuando está sufriendo un infarto”.

En cuanto al efecto terapéutico de la escena, Moyano y Hoces tienen miradas distintas. La primera destaca “las maravillas que ofrece el hecho de que todo tu cuerpo esté ahí, diciendo y hablando… Tenemos tan limitada la expresividad, decimos tan poco de cuello para abajo, que cuando dejas que tu cuerpo exprese estos síntomas y sensaciones, se convierte en un espejo en el que se pueden mirar otras mujeres”. La segunda, en cambio, cree que una puesta en escena como esta ayuda “a colectivizar el malestar, pero lo que hacemos desde el teatro valdría desde cualquier otro grupo de cualquier cosa”.  

Sobre esta base edifica La Rara Órgia, un término que en la Antigua Grecia designaba una serie de actos colectivos en los que una verdad espiritual iba a ser revelada, y al que el cristianismo acabó dando la connotación carnal y pecaminosa con la que ha llegado hasta hoy, convirtiéndolo en orgía.

Juventud esperanzadora

A unas semanas del estreno, las actrices se sienten “muy afortunadas de poder hacer un trabajo como este, aunque no podemos evitar pensar si podrá ser así durante mucho tiempo, si no estamos expuestas a retrocesos. Para nosotras esta obra es un acto de liberación absoluta, pero somos conscientes de que es algo muy frágil, podemos involucionar muy fácilmente”.

“La locura ya no es lo mismo que antaño”, concluye Hoces. “Este momento es idóneo para plantear el tema de la mujer y la salud mental como algo amplio, social y estructural, desde todos los ámbitos y para todos y para todas. Por supuesto, el tema corre peligro de convertirse en un producto de mercado y que ahonde en el individualismo, y que éste se vaya instalando como una forma de estar en el mundo. Pero nuestra experiencia con la gente joven, viendo cómo hablan de salud mental, nos da un brillito de esperanza”.

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