El derribo del edificio civil más antiguo de Huesca, ¿desastre o necesidad arquitectónica?

El edificio antes de su derribo.

Miguel Barluenga


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Una nueva polémica relacionada con el patrimonio de Huesca y su conservación ha vuelto a levantar polvareda. El derribo de un inmueble en la calle San Jorge de 600 años de antigüedad para su rehabilitación y conversión en una vivienda unifamiliar reaviva el debate que también se generó alrededor del proyecto previsto en el Seminario de la ciudad: ¿La reconstrucción parcial o total de un inmueble destruye su valor? Se trataba del edificio civil más antiguo de la capital oscense y la única fachada de sinagoga conservada en Aragón; sin embargo, no estaba sujeto a la condición de Bien de Interés Cultural (BIC), por lo que no estaba protegido.

El propietario del edificio, que también es el arquitecto, sostiene que reconstruirá la fachada a partir del proyecto de edificación y que para ello ha guardado tejas y ladrillos originales. El departamento de Educación y Cultura del Gobierno de Aragón vela por que sea así y el Ayuntamiento de Huesca avala la legalidad de las obras. La Plataforma para la Defensa del Patrimonio de Huesca se ha dirigido a la Dirección General de Patrimonio solicitando protección para el conjunto, “dado que posee valores materiales e inmateriales de gran interés para la ciudad; sin embargo, la tercera parte de lo construido, inexplicablemente, ha terminado en una escombrera”. 

“El derribo es una solución fácil y de corto plazo -recuerdan desde la Plataforma-, y eso lo dicen arquitectos reconocidos con el premio Pritzer, el nobel de la arquitectura, como Lacaton y Vassal, nunca demoler, siempre rescatar, precisamente lo contrario a la política urbanística que se hace en Huesca gracias a la aprobación de proyectos como el que ha permitido esta enorme pérdida. Proyectos que pasan por Urbanismo, por la Comisión Provincial de Patrimonio y por la Dirección General”. Y concluyen las mimas fuentes, “lo que ha ocurrido en la calle San Jorge es un atentado contra el patrimonio, como también dicen Lacaton y Vassal, es un acto de violencia”. 

De acuerdo con los estudios y trabajos de investigación del profesor Antonio Naval Más, el inmueble podría haber albergado la sinagoga mejor conservada de Aragón, hipótesis que venía a enriquecer la historia urbana de Huesca, pero cuya rápida demolición sin la presencia de un arqueólogo especialista, ha dado al traste con una valiosísima información arqueoconstructiva. “Este es un caso de pasividad, inacción y desprecio por parte de las administraciones concernidas, un lamentable ejercicio de abandono”. 

“Aquí se han saltado líneas rojas –reitera la Plataforma– como los varios convenios europeos firmados por España, o la misma Ley de Patrimonio de Aragón que obliga a todos, personas e instituciones, a conservarlo como un valor que debe ser legado a futuras generaciones. También se vulnera lo estipulado en la Agenda Urbana Española 2019 en materia de preservación de un patrimonio urbano y arquitectónico con un alto valor histórico, artístico y cultural”. 

La Plataforma lamenta que en el proceso de aprobación del proyecto redactado por los mismos propietarios de la casa derruida, no se haya tenido en cuenta que se trata de un testimonio del barrio judío, todavía nombrado como “Barrio nuevo”, que atestigua la expansión medieval extramuros a la vez que la coexistencia de las tres culturas. Además, por su singular configuración y las técnicas constructivas tradicionales que constituía un ejemplo de durabilidad y arquitectura vernácula.

Según los investigadores, en la primera mitad del siglo XIV Huesca llegó a contar con algo más de mil miembros, diezmados unas décadas después por la epidemia de peste que asoló la ciudad y que dejó esta cantidad en unos 200. Una cifra relevante en una ciudad que por entonces contaba con poco más de 3.000 habitantes. Para los expertos resulta sorprendente que un edificio religioso medieval, no cristiano y aparentemente sin interés, haya sobrevivido. Posiblemente se debió a haber cambiado de uso tras la expulsión de los judíos de España para convertirse en una casa de habitaciones que alquilaba la iglesia de San Lorenzo, su propietaria.

El inmueble está catalogado con el nivel de protección 3 que implica algunos condicionantes, como un estudio arqueológico. Las dudas sobre si este edificio podría tratarse de la sinagoga menor de Huesca. En 2017 ya se solicitó la protección de BIC, denegada por un informe técnico que concluyó que se había llevado a cabo una profunda alteración. La Comisión Provincial de Patrimonio estableció que, en el caso de que se hiciera cualquier intervención sería precisa una prospección arqueológica.

Con la actuación en marcha se reconstruirá la fachada, que se encontraba en muy mal estado, y se han conservado tejas y los ladrillos para volver a utilizarse. Asimismo, se volverá a montar el arco original de la puerta. El pasado verano ya se instaló un andamiaje por el temor al colapso de la fachada. El proyecto recibió el visto bueno municipal con el nivel de protección 3 como eje de de este. El Ayuntamiento trasladó el expediente a la Comisión Provincial de Patrimonio, que se pronunció favorablemente con una serie de recomendaciones sobre los materiales constructivos que debían utilizarse.

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