Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
Música | Crítica

De los paraísos de Mozart a la brisa de Palestina

El Ensemble Nasmé en el Palau de la Música.

Manuel Muñoz

9 de febrero de 2026 17:58 h

0

La amplia e interesante oferta del Palau de la Música en su sala sinfónica, la Iturbi, se complementa con otra nutrida, variada y de alto nivel en la Rodrigo, de cámara, de capacidad algo superior a las 400 personas. Hay cosas tan interesantes como la integral de los cuartetos de cuerda de Shostakóvich por el Cuarteto Casals, el Concentus Musicus Wien con los Conciertos de Brandemburgo de Bach, o Il Pomo d’Oro, entre otras. Esta misma semana, el jueves 12 Capella de Ministrers interpreta una selección de los Carmina Burana originales, la colección de poemas medievales cantados, una parte de cuyos textos utiliza Carl Orff en su célebre obra del mismo título. El día siguiente, un grupo, en su mayoría de profesores de la Orquestra de València, tocará el monumental Octeto en fa mayor, D. 803 de Franz Schubert.

Sorprende, sin embargo, que, con tan brillante cartel, los programas de mano no incluyan noticia alguna sobre las obras. Esta carencia es más notable en casos como el programa del Ensemble Nasmé, ya que la pieza de Mozart que se interpretó es ampliamente conocida por el público. Menos la de Bottesini, y poco o nada las de Salvador Arnita y Kareem Roustom que abrían y cerraban respectivamente el programa.

Este grupo está formado por el violinista Michael Barenboim, que lo dirige, y cinco músicos palestinos, cuyo nombre, Nasmé, significa brisa en árabe. Como la West-Eastern Divan Orchestra, es un símbolo de la colaboración entre artistas judíos y palestinos.

La sala Rodrigo registraba una entrada próxima al lleno. La primera obra interpretada fue Andante meditativo del compositor palestino Salvador Arnita, ejecutada por un atípico quinteto de cuerda con dos violines, viola, violonchelo y contrabajo. De carácter sereno, fue tocada con intensa sensibilidad.

La siguiente pieza es una de las muchas indiscutibles obras maestras de Mozart. El Quinteto K. 581 está escrito para clarinete y cuarteto de cuerda, y es la primera obra de la historia de la música para esa combinación instrumental. También una de las tres que Mozart hizo para clarinete solista, con el Trío y el Concierto. Compuesto en 1789, fue dedicado a su amigo y hermano en la masonería, el clarinetista Anton Stadler. Después de la obra de Anitra, se retiró la contrabajista Fadwa Qamhia e hizo su aparición el clarinetista Ibrahim Aishahik. Todo el Quinteto fue una exhibición de perfecta afinación y buen gusto del conjunto en una obra de extraordinaria delicadeza. Aishaikh mostró un sonido especialmente cálido, con muy bellos graves. Memorable fue el segundo movimiento, Larghetto, en el que el clarinete evoca paraísos que solo la música de Mozart sabe desvelar.

En la segunda parte volvió el contrabajo y se marchó el clarinete para interpretar el Gran Quintetto de Bottesini. Este compositor italiano del siglo XIX fue un gran virtuoso del contrabajo. Autor de varias óperas, fue designado por Giuseppe Verdi para dirigir el estreno de su ópera Aida en El Cairo el 24 de diciembre de 1871. La obra tiene un carácter muy diferente a la de Mozart, con un aire romántico y virtuosista. El ensemble Nasmé la ejecutó con intensidad y brillantez. Hubo destacadas intervenciones del contrabajo y muy bello sonido de conjunto, en el que sobresalía el del violín de Barenboim.

Cerró el programa Cantos y danzas palestinas del compositor sirio-norteamericano Kareen Roustom, nacido en 1971. Fue la única obra del programa que reunió a todos los componentes del grupo, quienes ofrecieron una versión entregada y auténticamente electrizante. En la última de sus cuatro partes, los músicos de arco colocaron papel de aluminio en los puentes de sus respectivos instrumentos. El resultado sonoro fue brillante y el público premió con intensas ovaciones a los intérpretes. Un grupo desplegó sin abandonar sus localidades una bandera palestina y hubo algún grito a favor de ese pueblo, mientras la contrabajista había vuelto a escena a saludar con una kufiya al cuello. El grupo correspondió al entusiasmo del público interpretando Allegretto Pastorale de Salvador Arnita.

Etiquetas
stats