El Casino de Agricultura de València expulsa a una logia masónica: “Tienen sus templos donde celebrar sus rituales”
El Casino de Agricultura de València ha expulsado a la logia masónica Germanías 8, que formaba parte del ente en calidad de socio corporativo. La convivencia entre los masones y la añeja institución fue completamente pacífica durante seis años hasta que el vicepresidente de la junta directiva entró de sopetón en una de las reuniones mensuales a puerta cerrada de la logia y vio a los masones con su característico atuendo, lo que desató serios reparos por parte de los principales dirigentes del casino. El casino se ha librado de la logia, que practica el rito de la emulación y pertenece a la masonería regular, con una expulsión definitiva votada por aplastante mayoría en la junta directiva. La primera reunión de los masones de este año ya se ha celebrado fuera del casino, que aún conserva simbología franquista bien visible en sus instalaciones.
La correspondencia entre Germanías 8 y la junta directiva de la Real Sociedad Valenciana de Agricultura y Deporte, a la que ha tenido acceso elDiario.es, detalla los hitos que han llevado a la expulsión de los masones, un hecho que revela, según fuentes de la logia consultadas por este periódico, un acto grave de “masofobia”.
Los masones aterrizaron en 2017 en el Casino de Agricultura, situado en la céntrica calle de las Comedias. Cuatro años después, la logia se convirtió en socia corporativa de la institución. Tras cada reunión mensual, una treintena de masones cenaba en el restaurante del casino, con el que mantenían un acuerdo.
El conflicto se desencadenó el pasado 24 de marzo. El vicepresidente de la junta directiva, Carlos de Vargas y Gómez Pantoja, durante la celebración de una reunión a puerta cerrada de los masones, “entró en el salón, de manera poco decorosa” y “dando voces”, afirma el representante de la logia en una carta remitida a la junta directiva.
De Vargas, director general de Feria Valencia entre 2006 y 2012, espetó a los masones que “ya está bien” y les conminó a no reunirse “nunca más” en el casino. Tras la “breve interrupción”, el vicepresidente de la junta directiva “accedió a salir del salón acompañado por un socio”.
Nunca hubo anteriormente “ninguna queja ni desavenencia por ninguna de las partes”, según indica la carta del representante masónico.
“Entendemos que el cargo de vicepresidente no le faculta para interrumpir eventos de los socios corporativos, ni mucho menos para hacerlo de manera tan ruda”, se quejaba el representante de la logia en la misiva.
“Reunidos con una indumentaria masónica”
Otra carta, firmada el pasado 4 de julio por el presidente de la junta directiva, Manuel Sánchez Luengo, explicaba que el vicepresidente De Vargas, al entrar en el salón, “constató” que “estaban reunidos con una indumentaria de la sociedad masónica a la que pertenecen” y que “este tipo de manifestaciones no podían tener lugar” en el seno del Casino de Agricultura.
“Cuando se les aceptó”, apostillaba la misiva del presidente, “se entendió que ustedes iban a realizar reuniones pero en ningún caso iban a realizar actos de masonería en la sociedad, dado que para eso tiene ustedes sus templos donde celebrar sus rituales y donde pueden lógicamente utilizar todos los símbolos que les caracterizan”.
Sánchez Luengo, además, reprochaba a la logia: “A mayor abundamiento, cuando ustedes fueron admitidos en la sociedad, deberían de haber explicitado claramente cuál era el contenido de las actividades que iban a realizar”.
La carta consideraba que los masones habían cometido, a tenor de los estatutos del casino, un “acto grave”, además de “difamante y lesivo”, por lo que pedía a la logia que “voluntariamente” presentara su “renuncia” como socios corporativos.
En su respuesta, el representante de la logia declinó la renuncia sugerida y expresó su “respetuosa pero firme disconformidad con las acusaciones vertidas”. Y, también, recordó: “Las actividades masónicas son perfectamente legales en el ordenamiento jurídico español y están amparadas por el derecho fundamental de asociación reconocido en el artículo 22 de la Constitución Española”.
La masonería, apostillaba la misiva, es una “institución filosófica, filantrópica y progresista” que “ha contribuido históricamente al desarrollo de los ideales democráticos, los derechos humanos y el progreso social”. Además, “muchos de los padres de la democracia moderna y defensores de las libertades civiles han sido masones”.
El representante de Germanías 8 concluyó: “No existe base racional alguna para considerar que las actividades masónicas sean intrínsecamente dañinas o lesivas para terceros”.
“Prejuicios anacrónicos e infundados”
La “preocupante” equiparación entre eventos masónicos y actos difamatorios y lesivos, a los que aludía el presidente de la junta directiva, suponía, a juicio de la logia, una “manifestación de prejuicios anacrónicos e infundados que no tienen cabida en una sociedad democrática del siglo XXI”, propios de “épocas oscuras de nuestra historia, cuando la intolerancia y el sectarismo prevalecían sobre la razón y el respeto a la diversidad”.
La conducta del presidente del Casino de Agricultura “resulta indebidamente discriminatoria y, por tanto, contraria al ordenamiento jurídico vigente, con las consecuencias que de ello pudieran derivarse”, agregaba la última carta de la logia.
Este diario ha contactado tanto con el responsable de comunicación de la institución como con la gerente para tratar de obtener la versión de la junta directiva sobre la expulsión del casino, sin obtener respuesta.
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