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CV Opinión cintillo

Tomar partido

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Parece que solo hay un tipo de persona joven, o al menos esa es la idea que se transmite desde ciertos sectores. Por eso, cuando hace un par de semanas un grupo de jóvenes salió a las calles de Logroño para recoger voluntariamente los destrozos ocasionados en los disturbios que tuvieron lugar la noche anterior, se generó un enorme revuelo en redes sociales. Las personas jóvenes vimos cómo, por primera vez desde que estalló la pandemia, se hablaba de manera positiva de la juventud en los medios de comunicación. La emoción fue real. En Twitter, la noticia se hizo viral, superando los 35.000 ‘Me gusta’ y los 13.000 retweets. Incluso, el propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, alabó el gesto de este grupo de jóvenes. Sin duda, un rayo de esperanza después de meses de criminalización y señalamiento.

Sin embargo, para muchas de nosotras lo que pasó ese día no fue una sorpresa. Sabemos que la juventud no es un grupo homogéneo, que somos diversas y que hay mucha gente que participa activamente para cambiar la sociedad desde las asociaciones juveniles y los colectivos civiles. Muchas entidades formadas por jóvenes comprometidas que trabajan desde hace muchos años para que se escuche la voz del estudiantado, para defender los derechos laborales de la juventud y para educar en el tiempo libre. Tristemente, hablo de una realidad oculta para gran parte de la sociedad, pues rara vez se le da cobertura.

Por ello, necesitamos que se preste atención a la gente joven que cree que desde el presente podemos cambiar el futuro. Una juventud que participa en este cambio aun teniendo una vida precaria. Una precariedad que nos invade y nos impone tener varios trabajos para poder llegar a final de mes. Una precariedad que pone en riesgo nuestra salud mental y nos obliga a vivir con nuestros padres hasta los 29 años, por lo menos. Y aun así, con todo esto (y mucho más), seguimos aquí, intentando que se nos vea y que se nos escuche, no a través de las ideas preconcebidas que hay sobre nosotras, sino por lo que somos y por lo que nos pasa.

El peligro de mostrar una única imagen de la juventud es el de distorsionar la realidad y, como consecuencia, diseñar políticas públicas viciadas que no den una respuesta eficiente a los problemas reales de la gente joven. No nos vale la promesa del “cuando seáis mayores tendréis un buen trabajo y un buen sueldo”, porque nosotras también somos ciudadanas de pleno derecho y nos merecemos una vida digna ahora.

Si se hiciera el esfuerzo de conocer a la juventud, se sabría cuáles son nuestros problemas. Se sabría que no podemos empezar nuestros proyectos vitales hasta los 30 años (con suerte) y que necesitamos que se prioricen las políticas de empleo juvenil y de vivienda. También se sabría que no hay salud sin salud mental y que necesitamos ser escuchadas, que necesitamos que la sociedad y los poderes públicos apuesten por nosotras.

Creo que es importante recordar, una vez más, que los problemas de la gente joven son los problemas de toda la sociedad y que, de una manera u otra, nos acaban afectando a todas. Ahora es el momento de tomar partido por la juventud y transformar estas palabras en hechos y, por ello, los presupuestos de la Generalitat para 2021, pero también los del Estado, han de incluir una perspectiva joven transversal, para que las políticas públicas que financian puedan dar soluciones reales a nuestros problemas reales.

* Por Pilar Blasco Climent, presidenta del Consell Valencià de la Joventut

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