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CV Opinión cintillo

¿Prohibición o acompañamiento? El debate sobre menores y pantallas

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Los tecno-oligarcas están muy enfadados con Pedro Sánchez por prohibir el acceso a menores de 16 años en sus plataformas digitales, no solo prohibiciones, sino también sanciones y multas. Esta medida ya ha sido adoptada o está siendo estudiada por países como Australia, Francia o Alemania. Este proyecto de ley no está exento de dificultades. Se debería primero aprobar en las Cortes Generales y después implementar todo un sistema público de verificación de edad. Según los expertos es tan viable como ambicioso.

Es interesante cómo el uso de la tecnología, de las IA y los algoritmos activa mecanismos de recompensa altamente adictivos. Entonces, ¿qué pasa con los niños? El uso de smartphones, aplicaciones digitales y sistemas de inteligencia artificial expone a niños, niñas y adolescentes a una suma de riesgos graves y acumulativos: ciberacoso, sexting, acceso a contenidos traumáticos, desinformación y fracaso escolar. Se asocia con el aumento de trastornos mentales, deterioro cognitivo y problemas de salud física. Además, la inteligencia artificial agrava este escenario mediante diseños manipuladores, relaciones engañosas, consejos peligrosos y la explotación de datos personales. Todo esto afecta de forma especialmente nociva a cerebros en pleno crecimiento, cuya maduración no se completa hasta los 25 años.

Hay familias que se han organizado desde la escuela, en colaboración con especialistas en salud mental infantil, para poner sobre la mesa el dilema del uso y del retraso en la entrega de los smartphones a sus hijos e hijas. Una de ellas es la asociación Adolescencia Libre de Móviles, que ofrece apoyo a las familias para educar en el buen uso de la tecnología. También existen iniciativas como la ONG Empantallados, que proporciona herramientas, formación e información. Se trata de activistas que luchan por una relación más saludable con el ciberespacio y por una mayor protección frente a los riesgos que este supone.

Ofrecemos a nuestros menores una pantalla con internet a la primera de cambio, así como adelantar la entrega de esos dispositivos en edades muy tempranas por el miedo a la exclusión, a “que no se queden fuera”, porque “lo tienen todos”. Sin darnos cuenta de que por no generar problemas de rechazo estamos generando otro tipo de problemas.

Entonces, si nos esforzamos por sobreproteger a nuestros hijos en un entorno real ¿Por qué no hacemos lo mismo en un espacio digital? ¿Existen más amenazas por la calle que dentro de una red social?

No se trata de emprender una lucha contra las nuevas tecnologías, sino de aceptar que la innovación también necesita responsabilidad. Me quedo con una fórmula que plantea el psicólogo Alberto Soler, especialista en familia y infancia. Él afirma que para minimizar las consecuencias negativas derivadas de todo esto, por un lado se debería llevar a cabo una estrategia que contenga mediación y acompañamiento, diálogo, enseñanza y supervisión. Y por otro lado aplicar normas y límites. Porque (según él) las estrategias exclusivamente restrictivas (controles parentales) serían negligentes e insuficientes. Un modelo que inevitablemente necesita de educación, mucha información y un contexto institucional y legislativo que nos proteja. El equilibrio es difícil, pero necesitamos concienciarnos para ser parte activa, con el fin de educar digitalmente sin volvernos locas. 

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