Durmiendo en las encuestas
Pasó el momento en que la indignación movilizaba y el votante, al menos en las encuestas, tenía ganas de castigar a Carlos Mazón, aunque eso supusiera golpear al PP. Tanto en esos momentos como ahora, la gran mayoría de indignados de la derecha no iban a salir de su bando, solo se plantean normalizar el voto a la ultraderecha. Pero en la izquierda, como pasa casi siempre, muchos de los que han gritado desde las calles o sus casas han vuelto a reflexionar y comentar mucho, pero han suavizado sus ganas de ir al colegio electoral el domingo que toque. Y a esos, la enorme dispersión de opciones se lo pone muy fácil. A todos les encuentran tantos defectos que prefieren quedarse en casa, que otros elijan por ellos y pasarse cuatro años diciendo lo fachas que son los que ganaron, lo sean o no. Es tan maniqueo como cierto que la derecha vota siempre y la izquierda se lo piensa tanto que ayuda a la derecha.
De momento, el Vox valenciano sigue con Llorca tan dócil como lo fue con Mazón. O, al revés. En realidad, al matrimonio de conveniencia que sustenta la Generalitat Valenciana habría que encontrarle un palíndromo que lo definiera. Pero, por muy cómodos que se encuentren, en lo político y en lo personal, el dueto puede romperse en cualquier momento porque, ¡oh!, otra vez pasa, en la Comunitat Valenciana no se toman decisiones. En cualquier momento, Abascal puede cambiar de opinión y obligar a dejar caer un gobierno que va como la seda. Ahora parece poco probable porque, curiosamente, como pasa con Podemos, en Vox reconocen cierta excepcionalidad del caso valenciano. Aquí se pacta rápido, se entra y se sale del Consell y se acepta el cambio de President. Ningún movimiento desgasta la unión, que está en entredicho en Extremadura y en Aragón. En València no les importa no tener conselleries, como están exigiendo en otros territorios. La luna de miel no parece agotarse, pero eso puede cambiar cualquier día y coger a algunos con el pie cambiado.
El debate se ha centrado estos días en si hacer públicas o no las encuestas que tenían. Han triunfado los que ganan casi siempre y las han contado. El sondeo socialista merece pocas discusiones porque habla de lo que pudo haber sido y no fue. Urge trabajar en otro escenario. Y la de Compromís ha dejado un sabor amargo dentro y fuera de la formación. Pronosticar una victoria de la ultraderecha puede hacer daño. Al tiempo, la valoración de candidatos huele mucho a urgencia de reafirmar algo que nadie cuestiona. Cuando un candidato expone un refrendo que no necesita, demuestra debilidad. Deberían valorar más dónde situar a su mejor valor y no defenderse de ella. Y esperar que, por acción o por omisión, ningún tribunal trate de intervenir en la confección de la o las candidaturas. Aunque realmente ya lo ha hecho y cada día persevera. En realidad, solo cabe preguntarse hasta cuándo.
Más allá de los sondeos, vamos teniendo datos de urnas. Los socialistas encadenan derrotas. En Extremadura, el candidato iba a una muerte casi segura y convendría no homologarlo a los demás, porque era un imputado con poco a favor. Pero la sonora derrota de Pilar Alegría ya inaugura el turno de los ministros-candidatos. Y ha dejado claro que la fórmula no funciona. El continuismo fiel con el poder central no suele dar buen resultado en los territorios. Es muy bueno para controlar el partido, pero muy negativo para construir un discurso propio. Esperar a que pase más veces no es una buena opción. Dentro de las evidentes dificultades de diferenciar el discurso, hay que salir del bucle que repite lo que dice Moncloa o los números serán similares aunque cambie la cara y el territorio. No hay tiempo que perder y no hace falta ser maximalistas. No es necesario ser Page para tener discurso propio. No es preciso sobreactuar para marcar agenda diferenciada o conseguir que un gobierno sea sensible a un territorio y lo sepa todo el mundo.
Y en ese contexto, suenan los cantos de las alianzas y la gira de Gabriel Rufián, con sus intenciones tan buenas como utópicas. Su prospección es correcta, porque hablar entre similares siempre debería ser positivo, pero probablemente sea mejor crecer desde lo local antes de soñar con construir grandes proyectos. El 5 por ciento, que nadie ha cambiado, es una losa valenciana, mucho mayor que los límites a los que algunos no llegan en las elecciones con porcentajes de entrada en los parlamentos de los que tanto se está hablando estos días.
En esa tesitura, todos tienen que pensar muy bien qué hacen. Compromís debe medir su batalla interna teniendo en cuenta la mucha gente que les mira. Son el claro aglutinador del voto a la izquierda del PSPV. Tienen tiempo para elegir cómo y con quién concurrir a los comicios. En esa decisión puede estar el futuro de la Generalitat y de un buen número de municipios. Si quieren llegar con una candidatura ganadora, hay que superar la fase de los contactos y vencer las reticencias. Hasta Ione Belarra sabe que la Comunitat Valenciana es diferente a otros territorios. Hace mucho que las elecciones locales marcaron el camino de la debacle de Podemos. En ayuntamientos como València desapareció Podem, en el anticipo de lo que ocurrió después en Les Corts. Esquerra Unida no puede dejarse arrastrar otra vez y los morados que quedan, sin cuentas pendientes del pasado, tampoco. EU tiene que demostrar su autonomía y ser generoso para que la vieja guardia de Més rompa su tradicional oposición al pacto. Cuanto antes lo tengan claro, mejor, porque la candidatura es solo la base. Por jugosa que pueda llegar a quedar, la ensalada de siglas no alimentará si no hay ideas y un modo de comunicarlo que llegue a la gente. Que vayan pensando en un programa, mucho más importante que el nombre de la coalición, en el que todos ponen sus ojos. La denominación, que solo puede ser una, o los puestos en las listas deberían hacer perder poco tiempo, salvo que se quiera torpedear cualquier atisbo de acuerdo. Con este panorama y tanto trabajo por delante, estaría bien dejar las encuestas para las charlas y construir un buen proyecto con el que llegar a la mañana del domingo y, sobre todo, a la noche.
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