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Tres décadas del asesinato del antifascista Guillem Agulló a manos de un neonazi que apenas cumplió cuatro años de prisión

Manifestación en Burjassot en memoria del joven antifascista Guillem Agulló.

Lucas Marco

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Hace exactamente tres décadas, el 11 de abril de 1993, el joven antifascista de 18 años Guillem Agulló murió apuñalado por el neonazi Pedro Cuevas Silvestre en Montanejos (Castelló). El asesinato y el polémico juicio, celebrado dos años después, convirtieron a la figura de Guillem Agulló en un símbolo del movimiento antifascista valenciano, que cada año celebra en su localidad natal de Burjassot actos reivindicativos para denunciar el auge de la extrema derecha.

“Somos una generación absolutamente marcada por el crimen de Guillem”, explica el periodista Miquel Ramos, autor de Antifascistas. Así se combatió a la extrema derecha española desde los años 90 (Capitán Swing, 2022). “Lo sentimos como si hubiésemos podido ser cualquiera de nosotros y nos ha acompañado durante todos estos años, no sólo por el trauma que significó en aquel momento sino por todo lo que supuso darse cuenta de que estábamos absolutamente en soledad”, apostilla Ramos, uno de los mayores especialistas en la investigación de los movimientos de ultraderecha.

El autor del crimen cumplió apenas cuatro años de prisión, al haberse descartado el móvil político, y años más tarde formó parte de listas electorales de grupúsculos de extrema derecha. En 2005 fue detenido en el marco de la 'Operación Pánzer', un operativo de la Guardia Civil contra un grupo neonazi (el Frente Antisitema) que contaba incluso con armamento de guerra.

Aunque todos los implicados fueron exonerados al haber anulado el Tribunal Supremo las escuchas policiales que propiciaron la investigación, se confirmó la pertenencia de Pedro Cuevas a los grupos más radicales de la ultraderecha. En las escuchas telefónicas, Cuevas presumía de dedicarse a cacerías de “moros” y “guarros”. “Me llevo un pincho. Voy a hacer pupa (…). Hay que darles bien. Dejarlos mareados”, decía Pedro Cuevas, quien en 2007 también formó parte de las listas electorales del partido neonazi Alianza Nacional en la localidad valenciana de Chiva.

Pedro Cuevas “se convirtió en un mito del entorno neonazi porque le salió muy barato matar a un antifascista”, señala Miquel Ramos. “Haber matado a alguien, en el movimiento neonazi, era un galón o una medalla”, agrega el periodista.

Toda una generación de jóvenes vivió el asesinato de Guillem Agulló, activo militante independentista, como un ataque a los movimientos sociales valencianos. “El asesinato de uno de nuestros vecinos fue sobrecogedor”, recuerda en una conversación telefónica con elDiario.es Teresa Jordán, del colectivo Ca Bassot de Burjassot, pocas horas antes de la tradicional manifestación que cada año recorre la localidad en homenaje al joven antifascista asesinado. La localidad cuenta con un amplio tejido asociativo, en el que la familia Agulló ha sido históricamente muy activa.

El juicio, celebrado en la Audiencia Provincial de Castelló en 1995, impulsó nuevas movilizaciones contra la extrema derecha y la violencia que ejercía en las calles a pesar del miedo. No menos impactante fue la sentencia del crimen. “El juicio fue un mero formalismo, no se aceptó en ningún momento que aquello fue un asesinato político, todo el mundo teníamos muy claro que era una pantomima”, agrega.

Por su parte, Pedro Cuevas “se sintió tan absolutamente impune que tuvo la jeta de presentarse a las elecciones por un partido neonazi después incluso de haber sido detenido en la 'Operación Pánzer' y habérsele encontrado armas y todo tipo de parafernalia nazi, cuando al juicio de Guillem fue con la cabeza gacha diciendo que él era un pobre chaval de barrio, que no era neonazi”, recuerda Ramos.

La familia del joven antifascista, militante de los colectivos Sharp y Maulets, ha sufrido pintadas y amenazas telefónicas desde entonces. “Cada año, cuando llega el 11 de abril, aún aparecen pintadas, aún se nota que el fascismo está ahí”, lamenta Teresa Jordán. Miquel Ramos también alude a la “campaña de criminalización mediática y judicial brutal” que sufrió la víctima.

Este año se cumplen tres décadas del crimen y la 'Comissió 30 anys amb Guillem', formada por 16 colectivos y asociaciones, organiza multitud de actividades como mesas redondas o actos de homenaje. En la manifestación celebrada este martes, coincidiendo con el aniversario, cientos de personas han desfilado por Burjassot coreando lemas antifascistas, como 'Guillem Agulló, ni oblit ni perdó'.

A pesar del hostigamiento, los actos de homenaje no han cesado en las últimas tres décadas, convirtiendo la figura de Guillem Agulló en un símbolo del movimiento antifascista incluso para las generaciones más jóvenes que ni siquiera habían nacido cuando se produjo el crimen. “Probablemente, más de la mitad de la gente que se manifieste en Burjassot no había nacido pero sus padres y madres sí”, reflexiona Jordán.

Un premio, una película y multitud de murales

El recuerdo del asesinato de Guillem Agulló llegó incluso al Parlamento autonómico, que en 2016 aprobó una declaración institucional como “acto de reparación histórica” a la familia del joven, según dijo el presidente de las Corts Valencianes, Enric Morera. Cada año, la cámara autonómica entrega el 'Premi Guillem Agulló' dedicado “a las personas y las iniciativas destacadas en la lucha contra la xenofobia, el racismo y los delitos de odio”.

Además, la película La mort de Guillem, dirigida por Carlos Marqués-Marcet, también se convirtió en uno de los hitos en formato cinematográfico del recuerdo del joven antifascista asesinado hace tres décadas. Sin embargo, la memoria de Guillem Agulló también ha permanecido en los murales de muchas localidades valencianas, que han plasmado el rostro del joven asesinado para denunciar el crimen de la extrema derecha.

En el marco de las actividades por el aniversario, Ca Bassot ha organizado una exposición de fotografías de murales en homenaje al joven antifascista. “Nos han llegado 56 imágenes”, dice Teresa Jordán.

“Lo que querían conseguir con Guillem no lo consiguieron, hoy representa ese consenso democrático antifascista que existe en el País Valenciano y más allá atravesado por la brutalidad y el trauma de un asesinato”, concluye Miquel Ramos.

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