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La crisis del capitalismo 'llega' a la 'burbuja' de Bruselas

Almuerzo en el European Business Summit.

Andrés Gil

Corresponsal en Bruselas —

El edificio fue construido en 1532. Por orden de Françoise de Luxemburgo, la viuda de Jean, el conde de Egmont y la madre del célebre conde Lamoral de Egmont, comandante, diplomático, participante del Compromis des Nobles, movimiento de nobles flamencos y protestantes que reclamaban un poco de mano blanda con la contrarreforma. Egmont, por tanto, era alguien poco querido por Fernando Álvarez de Toledo, duque de Alba, gobernador de los Países Bajos en el siglo XVI.

Y en este edificio construido por una familia poco querida por los españoles hace 500 años, un palacio, se reúne buena parte de la burbuja bruselense este lunes y martes: comisarios, lobistas, empresarios, banqueros públicos y privados. Todos ellos para hablar de economía, de relaciones comerciales... tanto en las charlas como en el consabido networking bruselense, el que se desarrolla de manera informal una vez terminados los debates al calor de las estufas y con una Leffe en la mano. Leffe o Stella o Hoegaarden rosée o Jupiler. Todas ellas las sirven en el European Business Summit de forma gratuita. Así como generosos bocadillos.

El European Business Summit es una organización que se dedica a organizar redes de relaciones sociales y económicas y debates en Bruselas. “Nuestro principal objetivo es unir a los negocios y la política y estimular el pensamiento sobre los problemas europeos más desafiantes”, explica en su página web el European Business Summit, que cuenta con el apoyo de la Federación de Empresas de Bélgica y de la patronal europea Business Europe y “el patronazgo del rey de los belgas”. Eso sí, en su comité honorario, en el que está el presidente de la Eurocámara, Antonio Tajani; embajadores, ex primeros ministros y hasta uno de los líderes de los Verdes en el Parlamento Europeo, solamente hay una mujer.

Además, entre los patrocinadores del acto, se encuentra la Misión China ante la UE; la Generalitat de Catalunya; el Parlamento y la Comisión europea; la empresa energética Enel; la petrolera Total; y el proyecto de gasoducto rusogermánico NordStream 2.

Y de entre todas las mesas redondas sobre los múltiples desafíos europeos se ha colado una sobre la “crisis el capitalismo”. Es en la librería del palacio, justo después de que los ministros de Finanzas de Dinamarca y Lituania, aliados de la Nueva Liga Hanseática, hicieran un alegato sobre las reformas liberales de la economía y la iniciativa privada para combatir el cambio climático. “Las empresas se harán verdes porque el consumidor pedirá empresas verdes”, defendía el lituano Vilius Šapoka.

Una vez que Kristian Jensen y Vilius Šapoka hicieran un alegato de la metamoderación del capitalismo para evitar la crisis climática de aquí a diez años, llegaron el portavoz de los Chalecos Amarillos François Boulo y el teórico político y económico Philippe Van Parijs, uno de los impulsores de la Renta Básica, a alertar precisamente de lo contrario, de que el capitalismo y la democracia están tocados. “Por la crisis ecológica”, precisamente, decía Parijs; “y de legitimidad de los gobiernos”, explicaba Boulo: “Los chalecos amarillos no son sino una expresión desde la calle de la falta de legitimidad del Gobierno de Emmanuel Macron”.

Boulo defendía que la “violencia no es la solución”, pero argumentaba que también ha habido violencia “azul”, de la policía, en el conflicto con los “amarillos”. En este sentido, Parijs defendía la “conciliación entre paz y libertad, estamos en una situación privilegiada”, y explicaba que los chalecos amarillos eran una expresión de “la crisis de las energías fósiles” en tanto que estalla por una subida de los impuestos a los carburantes, y que tiene que ver con “la contaminación de la atmósfera, lo que vamos a dejar a las generaciones futuras”, y con la “contestación por la desigualdad que genera el mercado, y el desigual impacto de impuestos de los combustibles”.

“Es una crisis medioambiental”, ha sentenciado Parijs en un foro patrocinado por empresas energéticas: “El problema es el clima, y pone en crisis el capitalismo y la democracia”. Y aquí Parijs ha alertado de “la amenaza del populismo” en un país, como Francia, “donde el sistema electoral permite a La Republique en Marche gobernar el país con el voto del 14% del censo”.

“Nuestra protesta”, explica Boulo en plena burbuja institucional de la Unión Europea, “es también contra la UE, es la contestación del poder en la calle”. ¿Van a concurrir a las elecciones europeas? “No vamos a ir a los europeas, es complicado convertir un movimiento espontáneo en uno orgánico. Hay experiencias como Podemos en España o el MS5 en Italia, pero ahora es complicado responder cómo evolucionará el movimiento de los chalecos amarillos”.

Parijs abrió un camino: “Se amplificará, gracias a internet ahora es posible organizar sin organización”. Y llegar hasta el corazón de la Unión Europea, de las instituciones comunitarias, rodeados de comisarios, banqueros y lobistas, de networking con cervezas y comida gratis, para pinchar, aunque sea con un pellizco, la burbuja bruselense.

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