Primer día de rebajas en las gasolineras: fallos informáticos, retrasos y descuentos “para el café”

Colas de vehículos para repostar en una gasolinera de Getafe (Madrid).

Víctor Honorato


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Poniendo y quitando conos, un empleado de una gasolinera de Repsol próxima a la estación de Atocha trataba de controlar el acceso de vehículos, en el primer día en el que se aplicaba el descuento de 20 céntimos por litro repostado -15 a cuenta del gobierno, cinco a cargo de las petroleras -. Rondaba la una de la tarde y los problemas se acumulaban. “Se ha caído todo el sistema [informático]”, lamentaba el hombre, que explicaba que la única forma de evitar las colas era que los coches accediesen a cuentagotas. “Que no se bloquee, si no es un caos”, decía, sudando.

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Los problemas para aplicar los descuentos se daban también en otras estaciones de servicio, como la del paseo de Acacias, donde algunos conductores esperaban media hora y más para recibir la devolución. Alguno desesperaba, sobre todo si había echado poco combustible. Como Óscar, que había llegado en una moto Vespa. “Para cuatro litros que voy a echar, qué más me da”, decía. El hombre renunció a la rebaja para poder marcharse pronto.

El personal estaba un poco nervioso. La encargada había salido y una empleada, dedicada a hacer promoción de la aplicación de teléfono de la compañía a los clientes que hacían cola para la caja, ponía pegas a las preguntas. Insistía, sin gran convencimiento, en que rondar entre los surtidores con el teléfono móvil en la mano podía bloquear las mangueras y lo mejor era marcharse. “Es lo que me han dicho”, se justificaba.

En una ronda por varios establecimientos había quien prefería no dar muchos detalles de cómo estaba yendo la mañana con eso de devolver las calderillas. “No puedo hablar, hay cámaras”, decía un trabajador de Cepsa en la glorieta de Embajadores. “Lo tenemos prohibido”, se excusaba uno de la Shell en la misma calle, más cerca del Manzanares.

Otros mostraban menos recelo, como David, encargado de una gasolinera, de nuevo de Cepsa, que calculaba que la afluencia en viernes se había doblado con respecto a un día normal. Hasta 12 euros habían devuelto a un cliente durante la mañana, indicó. Había cierta confusión a la hora de pagar, porque los monolitos informativos tenían el precio sin descuento, que se aplicaba solo en la caja. “Hay gente a la que hay que parar porque se marchan sin esperar”, explicaba David.

Otros sí venían avisados, pero relativizaban la importancia de la medida. “Dos euros, para un café”, bromeaba un motero en una estación de la Ronda de Segovia. Allí, el encargado de surtidores y caja era Juan Carlos Agudo, de 54 años y 34 de experiencia. “He visto de todo, pero siempre te sorprendes”, explicaba, tras decir que el día era un “goteo” constante de clientes, aunque sin aglomeraciones, por lo menos durante la primera parte de la mañana. “Siempre echo lo mismo. Bastante tengo con trabajar”, decía otro vecino, que agradecía la rebaja.

Antonio, conductor de camión cisterna, explicaba mientras conectaba las mangueras junto al puente de Segovia que la empresa tenía conductores de retén por si la demanda se multiplicaba, pero que el inicio de la jornada había transcurrido con normalidad. “Aunque vengo de descargar en El Escorial y la gasolinera no tenía el programa instalado [en el ordenador]”, oponía. Jesús, que repostaba en Atocha, señalaba que él no notaba gran diferencia, porque tenía por costumbre echar de 10 en 10 euros de gasolina. Juan Carlos, el trabajador de la ronda de Segovia, describía: “El cabreo fue hace días, [con la subida]; hoy la gente se va satisfecha”.

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