Villacís presume sin autocrítica de reforzar la plantilla de trabajadores sociales de Madrid

Begoña Villacís, junto a Pepe Aniorte. A la izquierda, José Fernández

Resulta paradójico que para anunciar las nuevas incorporaciones de trabajadores sociales que ha hecho y otras que tiene en mente el Ayuntamiento haya elegido el edificio de los Servicios Sociales Maravillas, que ha estado cerrado por las tardes durante la pandemia por falta de un ordenanza que se encargara de abrirlo, teniendo sus usuarios que desplazarse al otro espacio de los servicios sociales del distrito Centro, en Puerta de Toledo. 

En cualquier caso, en este inmueble municipal de la calle de San Joaquín ha sido donde la vicealcaldesa de Madrid, Begoña Villacís, ha dicho que el Consistorio ha reforzado la plantilla de trabajadores sociales un 22% con respecto al período 2015-2019, al tiempo que advertía de los tiempos difíciles que están por llegar debido a la gran demanda de ayuda social registrada tras la crisis sanitaria, las pésimas cifras de empleo y las dificultades de todo tipo que tienen los ciudadanos para acceder a las ayudas de la administración estatal, obviando las trabas que también se les presentan para obtener apoyo municipal como el que se presta a través de la Tarjeta Familia, que no acaba de despegar desde que el pasado junio la misma vicealcaldesa anunciara su puesta en marcha.

Reforma del modelo de atención social

Villacís ha ofrecido el compromiso del Ayuntamiento con los servicios sociales, reforzando con nuevas incorporaciones esta “parte estratégica”, hasta ahora “infradotada”, y apostando por un nuevo modelo en el que los agentes sociales hagan más “intervención social” y menos burocracia, con el objetivo de “trabajar por la autonomía de quienes vienen a pedir ayudas”.

La vicealcaldesa, que ha hablado de “una respuesta sin precedentes” a la actual grave crisis social, ha estado acompañada de los delegados de las Áreas de Gobierno de Familias, Igualdad y Bienestar Social, Pepe Aniorte, y de Hacienda y Personal, Engracia Hidalgo, así como por el concejal del distrito Centro, José Fernández.

Mientras Aniorte ha enmarcado el refuerzo de personal que presentaban dentro de la reforma del modelo de atención social del Ayuntamiento, en cuyo borrador se está trabajando y que sustituirá al anterior, sin tocar desde hace 30 años, Hidalgo anunciaba que se contratarán otras 313 plazas en el ámbito de los servicios sociales para este año y recordaba que en 2020, gracias a las 353 incorporaciones de personal efectuadas, se mejoró la ratio de trabajadores sociales por habitante en la ciudad, llegando a afirmar: “Hemos sido capaces de dar atención a los que lo necesitaban”.

Según Villacís, el Ayuntamiento logró ejecutar en 2020 835,3 millones del gasto social presupuestado, un 86,5%, frente a los 682,7 millones ejecutados en 2019. 

Ninguneo al trabajo de las redes solidarias de los barrios

Durante la presentación del refuerzo de personal no hubo ni un ápice de autocrítica por parte de los representantes municipales. El hecho de que desde la irrupción de la crisis sanitaria de la Covid-19 el sistema de protección social municipal se haya visto superado en no pocas ocasiones se pasó por alto.

Al mismo tiempo, tampoco hubo mención alguna a la ardua y efectiva labor social realizada por la amplia red de despensas solidarias de barrio surgidas por todo Madrid en respuesta a las necesidades urgentes de muchos vecinos, unas redes de voluntarios que a día de hoy siguen siendo imprescindibles y a las que los mismos trabajadores sociales municipales siguen derivando personas, en su labor por buscar recursos para quienes no los tienen.

Contestando a una pregunta de Somos Malasaña, el delegado de Gobierno de Familias, Igualdad y Bienestar Social sí que dijo, al menos, que cuenta con esas despensas solidarias para confeccionar el nuevo modelo de servicios sociales que se prepara desde su área, indicando que la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos (FRAVM) ya tiene un borrador de ese documento.

La Casa del Cura, la obsesión de Fernández

Aprovechando la presencia del concejal de Centro, José Fernández, en la presentación del refuerzo de personal de servicios sociales, Somos Malasaña preguntó por la situación de la Casa del Cura, edificio de Malasaña cedido al proyecto vecinal Haciendo Barrio y que el Ayuntamiento quiere recuperar para instalar un nuevo punto de servicios sociales en el distrito.

¿Cree aún el gobierno local que sigue siendo necesario utilizar ese edificio para ampliar el espacio del que disponen los servicios sociales del distrito, máxime teniendo en cuenta que, entre otras cosas, desde él presta servicio al vecindario Malasaña Acompaña, la despensa solidaria local que atiende a 97 familias, gasta más de 2.000 euros mensuales en comprar alimentos para personas necesitadas y desde el inicio de la pandemia lleva repartidos más de 40.000 kilos de comida?

Fernández, hasta entonces convidado de piedra en la presentación, respondió con tono vehemente que lamentaba que por estar judicializada la revocación de su cesión el Ayuntamiento no disponga todavía de ese espacio. 

Sin entrar a valorar la labor de la red Malasaña Acompaña, el concejal volvió a decir que lo que deberían de hacer los vecinos solidarios que la sostienen es entregar al Ayuntamiento la información de la que disponen sobre las familias a las que ayudan y dejar que sean profesionales quienes las asistan. Pero la información que reclama Fernández está desde el pasado mes de junio en poder de los mismos servicios sociales del distrito que dependen de él, algo que el concejal obvia o desconoce.

Desde la concejalía de Centro sigue sin darse información precisa sobre el número de nuevos trabajadores sociales que serían ubicados en la Casa del Cura. La última información al respecto data de junio de 2020, cuando se preveía contratar a siete personas y ubicar a 20 trabajadores sociales en el edificio, cinco por planta.  

Por aquel entonces, y tal y como hemos apuntado con anterioridad, Fernández reclamaba más espacio para los servicios sociales del distrito mientras que mantenía infrautilizado el edificio de la calle San Joaquín, cerrado por las tardes por falta de personal.

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