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Murcia, una semana después del incendio: qué falló en Teatre

La calle isla Cristina en el polígono indusrtial de las Atalayas, luego del siniestro, donde se concentraron allegados y vecinos. EFE/Marcial Guillén

Elisa Reche / Erena Calvo

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'Prenovatadas', graduaciones con reportajes fotográficos, fiestas 'remember' -otra manera de denominar la música de otros tiempos-, tal y como la que se pinchó la madrugada del pasado domingo hasta que se originó el incendio a las 6:00h. Bengalas en los 'palcos' -reservados en la planta de arriba de la discoteca-, decoración barroca y teatral para acoger desde las fiestas universitarias más especiales de Murcia hasta la clientela más cercana a los cuarenta.

Así era Teatre, una discoteca mítica del polígono industrial de Atalayas, situado cerca de la carretera de Alicante, y que se convirtió junto con Mariano Rojas en la zona de clubs y afters por antonomasia de la capital murciana hace ya dos décadas. Parte de su fachada, recién pintada, sigue todavía en pie, pero el fuego calcinó casi todo el local, como le sucedió al club contiguo Fonda Milagros, en el que fallecieron 13 personas que no pudieron escapar a tiempo de las llamas.

El polígono industrial, en el que se pueden encontrar almacenes, concesionarios y locales de comida rápida era escenario frecuente de trifulcas, visitado tanto por la Policía Local como Nacional.

Hace una década comenzó a cambiar el ambiente de la zona de las Atalayas. “Suelen producirse bastantes reyertas, pero ni más ni menos que en cualquier zona de polígono donde se concentra mucha gente y se consumen cantidades elevadas de alcohol”, relata un agente de la Policía Nacional. Las intervenciones, informa el agente, “son en las calles adyacentes o a veces en la puerta de alguna discoteca, cuando nos advierte algún camarero o portero”. “Cuando tenemos que ir a zonas como las Atalayas, las directrices son acudir al menos dos vehículos, que no vaya solo una pareja de compañeros por si hay altercados graves”.

Específicamente, Teatre fue inaugurada el 18 de diciembre de 2008 con una licencia de discoteca y cocina. El 27 de junio de 2019 el club solicitó un permiso para dividir el local en dos, uno seguiría siendo Teatre y el otro se convertiría en la nueva discoteca de música latina Fonda Milagros, de cuya existencia el Ayuntamiento murciano no tiene constancia administrativa, pero que existe desde esa fecha hasta el domingo pasado.

“No recuerdo haber visto nunca carteles pegados en las paredes anunciando las fiestas de Teatre, las convocatorias se hacían a través de publicidad en sus redes sociales, o enlaces en grupos y chats de WhatsApp”, cuenta al otro lado del teléfono Alber, estudiante de Periodismo que estuvo en la discoteca de Atalayas tres días antes del incendio mortal. “Carteles he visto, incluso fuera de Murcia”, interviene Julia, natural de Molina de Segura.

“Fui con tres amigos, era la tercera o cuarta vez que iba; nos quedamos de piedra cuando nos despertamos el domingo con la noticia, fue mi madre la que me lo contó por la mañana, estaba descompuesta porque solo unos días antes habíamos estado nosotros allí”. Alber es estudiante de tercero de Periodismo, “y la fiesta a la que asistimos era por las prenovatadas de varias carreras, la nuestra y también Criminología, Marketing y alguna otra”. La fiesta “se prolongaba de 23.30 a 7.00 de la mañana, y las entradas iban por tiradas, las primeras a 8 euros y las demás a 10”.

Los jueves en Teatre son para las fiestas universitarias, de estudiantes, “los viernes se organizan sesiones para menores de más de 16 años y los sábados va público adulto por lo general”. Al estar alejada, en un entorno de fábricas dentro de un polígono y más solitario, “no es una zona que frecuentemos mucho en nuestro grupo de amistades”, explica Alber. El año pasado por estas fechas uno de sus amigos sufrió un robo, “le pegaron y le dejaron tirado en el suelo” y “no suele haber mucha presencia policial, por lo que yo he visto”.

Ambos clubes, Teatre y Fonda Milagros, se encontraban sin licencia desde que se construyó el segundo. La obra para dividir los locales se trataba de una modificación importante que exigía una nueva licencia con todas sus exigencias: obtener una licencia “no es ni fácil ni difícil”, apunta un arquitecto que prefiere no ser identificado, “pero requiere de un técnico para que vea si hay salida de emergencia, rampa para personas discapacitadas, salida de humos.” “Todo eso lo hace un técnico y esa información saldrá a la luz si el juez pide responsabilidades”, tal y como ha sucedido al considerar la justicia “homicidio imprudente” las 13 muertes en las discotecas incendiadas.

Las palabras ofrecidas durante la rueda de prensa del pasado lunes por parte del tercer teniente de alcalde y concejal delegado de Planificación Urbanística, Huerta y Medio Ambiente del Ayuntamiento de Murcia, Antonio Navarro, del PP, todavía resuenan: “Es imposible tener constancia de si un local está abierto o no, aunque exista una orden de cierre”.

Decreto de cierre desde enero de 2022

La orden de cierre la dio el exconcejal socialista de Urbanismo, Andrés Guerrero, con precinto incluido, seis meses y medio después de llegar al poder PSOE y Ciudadanos tras una moción de censura que fracasó en el Gobierno regional, pero salió adelante en el consistorio capitalino a finales de marzo de 2021 tras 26 años de gobierno del PP. En las elecciones municipales del 28M el Partido Popular volvió a arrasar en la capital murciana con una mayoría absoluta.

Desde entonces la actuación de dicha concejalía se ha revelado como un laberinto burocrático difícil de desentrañar. Para empezar porque el inspector de actividades M.V.G. incumplió la orden del concejal y decidió no precintar el local. Argumentó esa decisión con que los titulares de la empresa habían aportado “justificación de la presentación de la documentación técnica que les faltaba”. En ese mismo acta señaló que había “contactado” con los titulares sin acudir al local, a pesar de que le habían ordenado “girar visita”. Como máximo responsable por debajo del concejal estaría el jefe de Servicio Técnico de Obras y Actividades y también el jefe de Servicios de la Disciplina de Actividades. Estos empleados públicos tenían que haber velado por que se cumpliera el decreto ordenado por el edil y tampoco se encargaron de ello durante este último año.

La prensa local también ha recogido que Teatre había pasado una inspección sanitaria el pasado mes de marzo, mientras que el 28 de agosto el dueño de Teatre Murcia S.L., Juan Inglés Rojo, había solicitado que en los siguientes cuatro días no aparcaran los coches en su local en la calle de Isla Cristina porque iban a remozar la fachada. Políticos que han pasado por el Ayuntamiento han pedido en más de una ocasión un protocolo de actuación coordinado de las distintas concejalías sin éxito.

El pasado jueves el Ayuntamiento de Murcia también pidió el precinto de más locales sin licencia tanto en Las Atalayas como en la calle de Mariano Rojas. Esa misma noche en esta última zona se precintó un local nocturno por no tener la licencia en regla.

Antonio Navarro ya había sido responsable de Urbanismo con José Ballesta como alcalde en 2015 y de nuevo en 2019. Este funcionario de carrera de la Comunidad Autónoma “ha estado básicamente en segunda fila, siempre detrás de Ballesta”. Incluso fue director general de Urbanismo, Ordenación del Territorio y Vivienda y después secretario general de Universidades, Empresa e Investigación cuando el actual alcalde de Murcia ocupó tanto la consejería de Obras Públicas, Vivienda y Transportes como la de Universidades, Empresa y Educación entre 2007 y 2011 en el Gobierno regional.

Según una persona conocedora del Ayuntamiento “la responsabilidad política y moral tras trece fallecidos también la tienen los políticos porque no supieron erradicar el mal funcionamiento y la desidia que había en esa área”. “También hay, por ejemplo, un jefe de servicio en un área que es hermano de otro jefe de servicio de otra y que son a su vez hijos de otro antiguo jefe de servicio”, explica otra fuente cercana al Consistorio.

Vallenato y tragedia

El drama de Fonda Milagros ha llegado hasta Colombia; allí nació su gerente, Juan Esteban Ramírez, y mucho de su público y también fue el espacio donde actuaron famosos cantantes de vallenato como Jean Carlos Centeno, ganador de un Grammy Latino o Jorge Celedón. Allí se produjeron las 13 muertes. Los cadáveres fueron totalmente identificados el pasado miércoles, tras necesitar la Policía Científica los perfiles genéticos de siete fallecidos, mientras que al día siguiente la jueza autorizó su entrega a los familiares.

“Las muertes de Teatre y Fonda están destapando todas las negligencias y falta de operatividad y eficacia de la administración, pero corrupción ha habido, hay y seguirá habiendo siempre”, señala una exfuncionaria del Ayuntamiento capitalino. No es la primera vez que las irregularidades salpican al área de Urbanismo. El Caso Umbra se llevó por delante hace cinco años a la cúpula de la concejalía por un delito continuado de prevaricación y cohecho, en el que se procesó al exconcejal Fernando Berberena, al exgerente de ese servicio Alberto Guerra y al exjefe de Planeamiento municipal, Joaquín Peñalver, además del constructor Ramón Salvador Águeda, y Miguel Ángel Barroso, representante de una empresa constructora.

Entonces, el Ayuntamiento de Murcia también pidió en su escrito de acusación la suspensión de empleo y sueldo durante tres años e inhabilitación especial durante cuatro años por un delito continuado de cohecho de Isabel Fernández Guerras, esposa del exgerente de Urbanismo y actual Jefa de la Oficina de Gobierno Municipal y directora de Tráfico y Transportes el Ayuntamiento de Murcia.

El caso investigaba la compra de terrenos en la expansión norte de la ciudad a cambio de compensaciones económicas para los compradores y la restauración del teatro y del que finalmente fue exculpado el exalcalde de Murcia Miguel Ángel Cámara. Tras exculpar a Cámara, el juez estimó que el Consistorio debía costear los 75.000 euros de la defensa del exprimer edil.

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