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Camilo Sesto, el cantante al que quisimos sin confesarlo

No revolucionó la música pero la interpretó magistralmente con una voz perfecta. Y sí se atrevió a afrontar la interpretación de la Ópera Rock,  Jesucristo Superstar, en una España con el dictador vivo.Y fue un hito

Lo cierto es que escuchábamos, incluso en secreto, sus canciones y todos los amores de nuestra vida tuvieron su momento para dejar que Camilo les dedicara su canto del desamor y la nostalgia

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Moreno lamenta la muerte de Camilo Sesto, autor de grandes éxitos cuyo "legado musical perdurará siempre"

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 Le preguntaron en TVE por qué estaba mal visto decir: “Me gusta Camilo Sesto”, y apenas supo qué responder. Y lo cierto es que escuchábamos, incluso en secreto, sus canciones y todos los amores de nuestra vida tuvieron su momento para dejar que Camilo les dedicara su canto del desamor y la nostalgia. Hoy, en la muerte del músico -a los 72 años-, se constata que somos muchos quienes sentimos que fue importante en nuestras vidas al ponerles una parte de su banda sonora.

No revolucionó la música pero la interpretó magistralmente con una voz perfecta. Y sí se atrevió a afrontar la interpretación de la Ópera Rock, Jesucristo Superstar en una España con el dictador vivo, tan melindroso para estas cosas.  Y fue un hito. Montó y financió el muy costoso espectáculo que había visto en Londres. De gran calidad y fiel al original, se mantuvo cuatro meses en cartel. Con gran afluencia de público aunque no sin problemas. Porque un Jesucristo social y moderno - siquiera porque cantaba- , con dudas, llevado a los escenarios, fue demasiado para esa parte de nuestra sociedad que siempre intenta arrastrarnos hacia atrás.

Camilo Sesto era, además, un hombre hermoso cuyo error fue resistirse al hecho de envejecer y perder la tersura de la piel, embutiéndose agujas de un pasado inaprensible. Sus comienzos fueron duros, de trabajador todoterreno que se hace huecos en las orquestas que -en los años 60´- recorrían los pueblos para cantar en las fiestas. Canciones melódicas, de bailar agarrados, que se dejaban oír mejor que cuando ensordecen a decibelios y machacan a la vecindad con reguetones. Y luego en los grupos hasta alcanzar el estrellato de solista.  Pleno.

Un éxito atronador. Lleno de números 1 en las listas, cuando ya se empezaron a contar en ordinales, de discos de oro, conciertos, giras, premios.  Y un sitio en muchos corazones porque al final casi todos terminamos conociendo la experiencia de los amores que dejan el alma herida.

Por los sueños perdidos, por la inocencia, las costumbres, las voces quebradas, las realidades vividas, las ilusiones renacidas, el amor imperecedero al punto de volver a cantarlo una y otra vez como si fuera un hallazgo único. Algo muere y algo se queda, siempre se queda. Gracias, Camilo.

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